16. 09. 2006

La vuelta al cole

Hace tan solo un par de días, muchas pizarras de colegios e institutos se han vuelto copar y emborronar de nuevos problemas y también de soluciones, por supuesto. Los más enanos han vuelto al cole.

Un par de semanas antes de ese trágico regreso a las aulas bajé a la calle a hacer unos recados y de regreso a casa, vi a un hombre husmeando en los contenedores de basura. De lejos, había visto cómo había salido de un portal cercano a los contenedores con una mochila en la mano. Era una mochila infantil. Cuando me acerqué le vi fisgoneando entre los contenedores. Como los contenedores estaban hasta las trancas, dejó la mochila que iba a tirar a la basura a un lado, apoyada en el contenedor. Pero, sorprendentemente se encontró allí otra mochila. El hombre que tendría unos cuarenta años y era cliché de un padre de familia: media calva, canas, jersey de verano, ropa vaquera y arrugas de gesticular mucho por las alegrías y muchos disgustos que dan los hijos, estaba revisando las dos mochilas. La que había dejado él, y la que encontró. Le observé a él y a las mochilas. Alzó los dos macutos, los miró por arriba, por abajo, por dentro… parecía buscar algo que no encontró. Yo las miré de lejos, pero tampoco encontré nada.

Me imagino que ambos buscábamos lo mismo: un roto o un descosido. Aunque él con más ahínco. Buscaba el motivo por el que tenía que tirar aquella “cartera” –como solían decir antes-. Al final el hombre, después de darles mil vueltas, se rindió. Las abandonó allí, y dio media vuelta encarándose hacia el portal. Se encogió de hombros y farfulló algo. Ayer volvía en el autobús y se montaron varios escolares, acababan de salir del colegio. Me fijé en las mochilas: Uno llevaba una con serigrafías de la última película de animación Cars, una niña llevaba la de Piratas del Caribe, y otro chavalín la nueva de Osasuna. Recuerdo que mi padre también refunfuñaba cuando tenía que comprarme una mochila nueva. No recuerdo cuántas tuve.

Ahora me da pena que se me rompa mi vieja mochila Altus (ya llevamos juntos siete años), le tengo cariño y le pido a mi madre que le eche un remiendo cuando se raja. Supongo que será la edad. O que ya no tengo que volver al cole, a fardar.

P.D.: Disculpad pero no he conseguido capturar a un “mochilero” para la foto.

Caravinagre

30. 05. 2006

La dieta del gimnasio

Una amiga se apuntó hace un mes al gimnasio y además está yendo. La mayoría de sus compañeros van para perder kilitos y lucir palmito en Salou o para mear con ‘fitness’ las costas guipuzcoanas. Sin que haya pasado un mes desde que empezaron el entrenamiento, la pregunta ya está en el aire: “¿Para cuándo una cena de gimnasio?”. “Yo conozco un asador cojonudo”, “Joé, ahí te pones de comer hasta arriba, qué gozada”. Pues eso. ¡Viva la dieta del gimnasio y la idiosincrasia navarra!

22. 05. 2006

De Montenegro a Montejurra

Montenegro Hace unas semanas comenzaban a circular en Serbia chistes sobre el tamaño, se mofaban de la fuerza que puede tener una nación tan pequeña, Montenegro. Cuestión prolija en los chistes, la del tamaño. No obstante, el principal pilar de la campaña de los líderes independentistas montenegrinos ha sido este: “En Europa no hay ningún Estado pequeño pobre”. Razón no les falta. Parece que a los serbios se les han quitado las ganas de reírse. Algunos serbios han ido este fin de semana a la playa montenegrina, por si acaso. Es muy posible que pierdan las costas para siempre. O al menos así lo ha decidido un ajustado 55’9% de los de Montenegro. Pacíficamente, irse con la música a otra parte. Ahora falta ver si los serbios o los montenegrinos unionistas aceptan el resultado, aunque por lo pronto ya aceptaron convocar el referéndum, que es un mérito por su parte.

La verdad que estos resultados siempre presentan controversia. El principio de la democracia dice que “la mitad más uno”. Quizá para decidir si se construye una autopista o quién gobierna un ayuntamiento valen las matemáticas. Pero la democracia es ante todo, más allá de los números, diálogo, respeto, pacto y entendimiento. Y en este caso lo ha habido, y parece que quizás siente referente. ¿Es un 55% suficiente para decidir el destino de un país? Parece que sí, si así se acuerda. De la misma manera que parecería, matemáticamente aceptable, pero injusto que un cincuenta y uno decidiese el destino del otro cuarenta y nueve, sería también injusto que un treinta o un cuarenta por ciento decidiese sobre el resto.

Montenegro y Serbia, hasta que se demuestre lo contrario, han dado un ejemplo de madurez democrática increíble. Muy por encima de sus posibilidades. Sobre todo si se pone al lado la virulenta e intensa historia que han vivido en los Balcanes en las últimas décadas. Montenegro decidió no alejarse de Serbia cuando Yugoslavia se desquebrajó como un cristal, en mil pedazos, alejándose cada uno más y más lejos del otro y con las aristas tan afiladas que acabaron todos por desgarrarse y desangrarse. Montenegro quizás por miedo a cortarse o por no desestabilizar más su entorno tomó una decisión con madurez. Y con la misma madurez han decidido ahora ambas partes poder decidir su destino, con una jornada electoral tranquila, con limpieza, y sobre todo con la cabeza bien alta para las dos partes. En algunos medios se ha comparado a Montenegro (670.000 habitantes y trece mil kilómetros cuadrados) con Chipre (784.000 habitantes y nueve mil kilómetros cuadrados), y atención, con Navarra (600.000 habitantes y diez mil novecientos metros cuadrados). No obstante, esta comparación cae en el absurdo, ya que viendo los guirigáis que se montan aquí con declaraciones, con reformas de estatutos, o con cambios de gobierno nos falta o mucho más sufrimiento, o más bien, mucha más madurez y capacidad de acuerdo.

Caravinagre

15. 05. 2006

La isla de los esclavos felices

Tenerife se ha convertido en la isla de los esclavos felices. Esta semana llegaron novecientos. Vienen desde la Costa de Marfil y Cabo Verde, las mismas costas que hace siglos eran el embarcadero de los tratantes de esclavos. Hoy convertidos en libertos mal avenidos. Esclavizados por la miseria, la desidia, la corrupción, las guerras, las pandemias y los países que no existen. Son libertos en las Naciones Unidas y esclavos en el mercadillo global, en ese el que se practica el truco del almendruco: para ti la cáscara y para mí el fruto. Llegan después de atravesar África en un periplo agónico y asfixiante: desierto, jungla y sabana. Y al final, zozobrar por el océano.

En Cabo Verde cincuenta y ocho náufragos subsaharianos permanecen confinados y custodiados bajo fusil en su embarcación, dentro de unos días serán obligados a retomar su particular crucero. Ante la imposibilidad de identificarlos o que alguno de los diez países a los que pertenecen los acoja, la ex-colonia portuguesa ha decidido en un golpe de ingenio escoltar la embarcación hasta aguas internacionales y abandonarlos a su suerte. Mientras tanto, el Gobierno de Rodríguez Zapatero ante los reproches del Cabildo de Tenerife y el gobierno insular, ha asegurado que utilizará de cara al futuro medios navales y satélites para frenar la oleada de inmigrantes ilegales. Lo de los satélites suena más a ciencia ficción, a película de espías, o al programa aquel de defensa de Bush padre e hijo, el ‘Star Wars’. Por cierto, estos últimos están muy enfrascados en otro ingenio en la frontera con Méjico, al estilo del muro de Cisjordania. Lo que de verdad querrían tanto el gobierno de Cabo Verde como el de España, y de otros muchos lugares, sería enviarlos a todos no a las Islas Canarias, ni siquiera a aguas internacionales, sino a las Islas Bermudas a ver si desaparecen en el triángulo aquel.

Los sueños de esta gente son molestos, una vida mucho mejor para África es insoportable en lo práctico para Europa, y las puertas del viejo continente están en los volcanes, palmerales y negras costas de Tenerife. Los esclavos son felices al llegar al archipiélago español, aunque sea por un instante, creen haber alcanzado su sueño. Inocentes, no saben que luego les espera el área 51, el Triángulo de las Bermudas o la Atlántida. Son conducidos a tierras de nadie, campos de refugiados, campamentos y paralelos 48. Sus países de origen no los quieren, los de destino tampoco. Está claro que Tenerife no puede ser la isla de los esclavos felices siempre, pero tampoco les podemos cerrar de un portazo.

Mientras en Pamplona los africanos dominan la media maratón de la ciudad, colocándose en la carrera en los mejores puestos. Enhorabuena


Caravinagre

07. 05. 2006

Que me la den con queso

Pues eso, a mí que me la den con queso.

queso denominación de origen Idiazabal Hoy ha sido el “día del queso” en Idiazabal. ¡Qué envidia he pasado! Los que me conozcan un poco saben que tengo pocos vicios, y gustos sencillos, pero también sabrán que si hay algo que me pierde y es un auténtico vicio es el queso. La de Idiazabal y la del Roncal son mis dos amantes apasionadas. Pero no me importa serles infiel. No soy ningún experto, ni ningún entendido, simplemente me gustan todos.

Este año en la fiesta de la denominación de origen Idiazabal ha ganado un queso navarro. No sé mucho más. Lo he visto de pasada en la tele, no sé ni por cuántas ochenas lo han subastado ni quién lo ha comprado, pero sí que he visto a la gente poniéndose hasta las trancas de comer buen queso. A Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre, de queso, claro. Y si es posible el año que viene espero estar en Idiazabal reventando mi cupo de lácteos anual. Y también en Roncal.

Caravinagre

26. 03. 2006

Guiris: liberales e isabelinos

tipical troop of guiris in San Fermin

Empiezan a brotar la semana previa a las fiestas de San Fermín. Su presencia es progresiva hasta alcanzar su máximo volumen el 6 de julio, cuando no, el fin de semana de las fiestas. Lo progresivo de su llegada a pensiones, hoteles, pisos y campigns cercanos hace que al principio pasen inadvertidos para convertirse más tarde en una plaga. Se les reconoce a primera vista por sus características sandalias con calcetines, los pantalones de tropecientos bolsillos, las mochilas y las gorras beisboleras y, por supuesto, por el desmadre, jolgorio y la alegría vital (o vinícola) de estos pelirrubios. Aunque también en plenos festejos son reconocidos por su recién comprada bota de las tres zetas, su extraña manera de ponerse el atuendo sanferminero, o por intentar abrirse una brecha tectónica en la cabeza desde la fuente de la Navarrería. Son los guiris. Unos auténticos fenómenos sociales. Los más entrañables son los australianos, yanquis, neozelandeses, ingleses, alemanes, belgas y suecos, por este orden. E incluso tienen su propio día: el día del guiri. Pero, ¿Por qué demontre los llamamos así?

El término ‘guiri’ parece estar bastante difundido, lo mismo hay ‘guiris’ en Benidorm que en Ibiza, Valladolid o en el islote de Perejil. No obstante, es curioso el origen de este término. Según recoge el diccionario de la RAE es una especie de apócope (una palabra recortada) de la expresión vasca de “guiristino” que era como llamaban los carlistas vasconavarros a los cristinos, más tarde a todos los liberales y a los soldados del gobierno e incluso a la guardia civil. Esto queda constatado por Don Federico Baráibar en su Vocabulario de palabras utilizadas en Álava (1903): “Guiristino se abrevió en guiri, como carlista se abrevió en carca.” Pero, aún hay más. Parece que la etimología correcta no es ésta.

Según Perez Galdós en su Episodio Nacional Zumalacárregui dice que la palabra “guiri” procede de la Guardia Real, unidad del ejército cristino, a cuyos componentes derrotó Zumalacárregui en la batalla de Alsasua. Vestían estas tropas liberales casaca azul, correaje blanco en cruz, y unas gorras de pelo con una chapa en la que estaba inscrito “G.R.I.” (Guardia Real de Infantería). Así, a los de la Guardia se les llamó “guiris” por las siglas que llevaban en la gorra y la cartuchera. D. José María Iribarren, en su Vocabulario navarro (magnifico, magistral y divertidísimo diccionario del habla popular navarra), asegura que esta explicación le convence. Además de “guiris”, los guerrilleros carlistas designaban a los liberales como ‘cuscos’ y ‘pirujos’ (tipos de baja estatura). También les llamaban ‘orzayos’, niñeros en euskera (‘haur’ niño/a y ‘zaindu’ –cuidar-), porque defendían a Isabel II que tan sólo era una niña.

Sin duda una historia peculiar para un palabro peculiar. Así, los guiris han pasado de disparar cañonazos y bayonetazos a los boinas rojas, a llevarla puesta, junto con el pañuelico, una bota de vino y una cogorza del quince.

Caravinagre


Fuente Bibliográfica: Vocabulario navarro, de José María Iribarren.

23. 03. 2006

Esperanza / Itxaropena

No lo oculto, estoy ilusionado, esperanzado.

Quizás, sea un iluso ilusionado, pero una vez sufridos todos los males que escaparon de la caja de Pandora sólo nos queda, hoy más que nunca, la esperanza.

Espero que tropezar nos haya enseñado de una vez definitiva a andar. De todos es sabido que para echar a andar es necesario caerse y tropezarse, y cierto es también que tropezarse mucho le quita a uno las ganas de aprender a andar, pero es necesario. Y el movimiento se demuestra andando. No haré aquí como cientos de columnistas, blogers, periodistas, camareros, panaderos, curas o teleoperadores, no haré un análisis. Y no lo haré porque sólo sé lo que sabe todo el mundo, no más que un ciudadano de calle. Lo que sabes tú también.

Así, que he hecho una pequeña selección de lo único que sabemos hoy con certeza:

     

(Haz click en las portadas para verlas ampliadas)

06. 03. 2006

Numerísmo

Mi madre siempre me dice que soy malo para los números, que siempre lo he sido y siempre lo seré. Razón no le falta, pero me resisto a creer que es una especie de estigma vitalicio. También me resisto a creer que es cierta la dogmática excusa que esgrimen muchos para evadir desengrasar su hemisferio cerebral más desamparado: “Es que yo soy de letras y a mí los números…” o su idéntica versión “de ciencias”. Puede que me cueste más aprender y estudiar física de vectores que literatura, pero lo puedo hacer. Pero no comprendo el afán de mucha gente por asegurar que la complejidad del mundo puede ser reducida siempre a una ecuación o a un número. No digo que la manzana que le cae a Newton desde el árbol no pueda reducirse a la ecuación de la ley de la gravedad, pero si es un gamberro el que tira la manzana desde un árbol vecino, eso no es una ecuación, eso es mala leche.

Toda esta galaxia de clichés del imaginario popular han creado dos tipos de monstruitos sociales: por un lado, aquellos para los que un número es un número, y se jactan además de tener una especial destreza para dominar y someter a su dominio las cifras e incluso recordar mejor un teléfono nuevo que la cara de su nuevo compañero de trabajo; y, por otro lado, los alérgicos a los números que aman expresarse en términos relativos. Estos se jactan de poder recordar mejor la cara del primo-hermano de su nuevo vecino que el código ‘pin’ del móvil.

Últimamente empiezo a desmarcarme más de estos dos bandos enfrentados. Hoy estaba repasando unos apuntes del mundo empresarial. Revisaba un ejemplo de una empresa, que para evitar perder sus clientes e ir al fracaso, debía reducir al máximo sus costes y aceptar sumisa los dictámenes de sus multinacionales clientes e intermediarios. El problema surge cuando la mayoría de esos costes los genera la mano de obra. Un reguero de cifras, porcentajes, datos y tablas; un mareo y baile de números. Me he acordado entonces de otros números, he imaginado que al otro lado de esas ambiguas cifras y porcentajes había una imaginaria empresa, con sus trabajadores, con sus familias, con sus sórdidas naves industriales, incluso con su garita del guardia de seguridad. Para los amantes de los números estas cifras son sólo un ejercicio teórico, y aunque fuesen reales es un numerito no una persona.

No voy a entrar a discutir sobre la economía de mercado, no voy a ser yo quien solucione o alabe las virtudes o vilezas de la divina globalización, tampoco seré yo quien analice y repare la actual deslocalización de las empresas, o estudie al detalle la economía navarra. Pero para los enamoradizos de las cifras, para aquellos a los que se les infecta la boca al hacer operaciones de más de dos dígitos y para aquellos magníficos estudiantes y experimentadores de empresas propondré un par de ejercicios reales de tarea. Este fin de semana leía como volvemos a andar a vueltas con el encargo que tendrá la planta de Volkswagen de Landaben de la que dependen directamente 5.000 familias navarras y otras tantas dependen indirectamente. También reaparecían en los periódicos los conflictos de la vecina TRW, que tiene un futuro incierto. Miles de navarros dependen de estas dos empresas. El adorador de las cantidades disfruta cuando se publican estas grandes cifras, se estimula y disfruta viendo tantos ceros. Es un drama, pero un drama con grandes ceros, que lo hace más atractivo a los ojos de la prensa y los ciudadanos. Ese mismo fin de semana un gran amigo mío me confesaba que su padre había pasado más de dos meses en el paro, a sus 53 años. ¿El motivo? El taller en el que había trabajado durante más de 30 años había colapsado, para más repateamiento de hígado, el dueño del taller había organizado una regulación de empleo a espaldas de los trabajadores, se ha quedado todo el dinero y les ha dejado sin un chavo de euro en la calle. La media de edad del taller superaba los 45 años. Pero estos dramas no aparecen en la prensa, porque sólo era un taller de 15 personas. Tanto para el amante del número, como para el empresario tan “sólo eran 15”. ¿Y para el reticente a los números? Simplemente esas quince caras y familias son desconocidas.

Parece que el drama individual de cada uno de esos quince trabajadores es menos drama que el de cada uno de los 5.000. Para tocarme un poco más los números, hace una escasa semana mi padre fue a una asamblea de su empresa, una pequeña cooperativa dedicada al sector automoción. Hubo sorpresas: hay pérdidas, el porvenir no está asegurado y el único futuro posible es irse a Europa del Este para tener mano de obra más barata y un producto más asequible para los clientes. ¿Y los trabajadores de Pamplona qué harán? No había una respuesta muy clara. De momento, la regulación de empleo está asegurada. Quizás mi padre, con 54 años, corra el mismo destino que el de mi amigo. Pero mientras él sea un número no hay problema.

Caravinagre