11. 08. 2009

Una pancarta revejida

En algún rincón de la casa de Pauline Smith estaba escondida aquella pancarta.

Llevaba 30 años esperando a sacarla de nuevo. La pancarta estaba revejida: hecha vieja antes de tiempo, porque a Pauline le valía a las mil maravillas. Le dio unos cuantos toques nuevos y como no debió encontrar ningún palo decente antes de salir a la calle le colocó lo primero que tuvo a mano: un plumero. Que le hacía las veces de mango y seguro que se cansaba menos.

Cuando localicé a Pauline estaba en medio de la jaleante y alteradísima multitud, sacándose unas fotos con unas chicas anarquistas. La verdad es que la señora tiene una cara de adorable que no puede con ella. Si estuviese un poco más vigorosa teníamos que haberla puesto frente a los centenares de policías antidisturbios repartiendo galletas y vasos de leche. A ver si se calmaba el asunto.

A pocos metros de Pauline unos jóvenes manifestantes rompían y atacaban una sucursal del Royal Bank of Scotland y los primeros disturbios y cargas policiales brotaron entre la multitud. Era el 1 de abril de 2009 en la city londinense (el centro financiero de la ciudad), estábamos en la esquina del Real Banco de Inglaterra en mitad de la marea humana que protestaba contra la cumbre del g20 y la descomunal crisis que azota a medio mundo (al otro medio no sabemos aún si le azota o no, porque como, total, es de esa otra mitad de la que nunca tenemos noticias… ¡pues plim!).

Pauline Smith tiene 70 años y llamaba la atención verla entre el gentío, eminentemente juvenil, de la manifestación. Mucha gente se sacaba fotos con ella y con su pancarta, que según me contó tenía unos 30 años. La utilizó en eventos contra la guerra de Vietnam, por ejemplo. En el cartel aparecía el dibujo de un globo terráqueo amenazado por diferentes marcas multinacionales (como Mc Donalds, Shell, Disney, Coca-Cola, Pepsi, Esso, Tesco, etc.), también unos cuántos misiles nucleares apuntaban hacia la Tierra, en ellos se podía leer USA, Rusia o India-Pakistán. Adornaban la ilustración unos símbolos de euros, yenes, libras y dólares sangrantes y nombres de conflictos como Afganistán o Irak.

La anciana, que había sido una antigua lollipop (unas señoras que sostienen un cartel en los pasos de cebra y dan o niegan el paso a grupos de peatones, especialmente niños) tenía callo sosteniendo pancartas, revelaba el que era según ella secreto ácido y triste de su pancarta: seguía en vigor. “Las multinacionales que explotaban hace años son las mismas no han cambiado y respecto al resto… sólo ha bastado con hacer algunas modificaciones”, explicaba. Así donde antaño ponía “URSS” plantó con rotulador “Russia”. Puso unas cuantas pegatinas encima para tapar algunas cosas del pasado y sustituirlas por las del presente, en vez de Vietnam, Afganistán o Irak. Y listo.

Me dijo que seguiría sacando la pancarta hasta que las cosas cambiasen un poco. Para recordar a la gente que los problemas siguen siendo los mismo que hace años. ¿Por qué estaba en las manifestaciones? “Pues porque había que protestar contra los bancos, los banqueros y el sistema que nos había traído a esta situación de desigualdad mundial y crisis”, explicaba. “Es cierto que a mi hijo no le hacía mucha gracia que viniese, pero como ni él ni mis nietos podían venir hoy porque tenían que trabajar y estudiar, pues vengo yo en vez de ellos, de parte de los familiares que no pueden venir a protestar. Es un compromiso social”, apuntaba con rotundidad.

Al dorso de su pancarta se leía algo así como: “Erradiquemos la pobreza”. Lo cierto es que antes de hablar con ella yo la había visto asomando la cabecita y agitando la pancarta dentro del cuerpo de la manifestación y estaba sufriendo por ella. “Bueno, la gente ve que soy mayor y me respeta, sí que me da un poco de miedo que me empujen, pero estar aquí rodeada de tanta gente joven me da vigor y energía. Esto es lo que tenía que hacer”, aseguraba.

Charlamos un poco más, me preguntó de dónde venía yo, qué hacía y demás. Se sacó un par de fotos más con algunas muchachas. Era adorable todo el mundo quería hablar con ella, así que enseguida me despachó. ¡Se iba a perder el ritmo de la marcha que seguía avanzando calle abajo!

P.D.: Aquí os dejo un pequeño vídeo que elaboré con diferentes fotografías que saqué en las manifestaciones del G20. ¡Amenizado con el ritmo de los Sex Pistols!


Anarchy in the UK - G20 protests in London from dburgui on Vimeo.

10. 02. 2009

El último viaje de Agustín Egurrola

Nunca llegué a conocer a Agustín Egurrola, pero su historia, su vida y entusiasmo es de las que se contagian muy rápido.

Agustín nació en 1933 en Etxebarría, un localidad de Bizkaia, donde aprendió en un ambiente rural inglés y francés, siendo su lengua materna el euskera. Cuentan que el ansia de ver mundo le llevó con 31 años a vivir en Sheffield (norte de Inglaterra), donde murió muy joven, a los 75 años, el pasado 3 de febrero de 2009.

Lo excepcional fue su humildad en la forma de viajar: cruzó todos los continentes a pie o en bicicleta (alguna vez, haciendo un derroche, en burra) y su extraordinaria energía, la mayoría de los viajes los hizo después de jubilarse.

El día de su 50 cumpleaños emprendió un viaje en bicicleta de punta a punta de Europa, empezó a pedalear en el Cabo Matapán (el punto más al sur de Europa, en el Peloponeso, la Grecia continental) hasta alcanzar Cabo Norte en Noruega. Y según cuenta Ander en su blog, con 66 años, pedaleó por Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina y Uruguay. A los 70 años cruzó Canadá en bici y al año siguiente atravesó Australia a pedales. Con 72 años viajó desde Sudáfrica hasta Egipto, a pie y en transporte público. A los 73 años montó en bici por Turquía, Irán, Pakistán y China. El año pasado, con 74, atravesó el centro de Europa a pie, del Adriático al Báltico.

Podéis leer más cosas sobre Agustín los próximos días en el blog de Ander Izagirre, él le conoció personalmente y publicará algunas cositas suyas en breve.

De su viaje panamericano Agustín confesaba que ni su bici ni su cuerpo estaban preparados para los caminos que se encontraron, en algunos sitios le recomendaron que comprase un arma para atravesar algunos tramos de su ruta, “como eres un hombre mayor, confía en que te quiten la bici pero no te hagan nada más” ese era el consuelo que le daban otros. Sufrió varias emboscadas y robos. El peor trago fue cuando le saquearon literalmente: le quitaron su saco de dormir y el pasaporte. Finalmente sus documentos aparecieron tirados en un parque y Agustín se puso tan contento que comenzó a tocar la armónica en la calle. Durante su descenso hacia Usuhaia y su discurrir por América Latina fue entrevistado en varios periódicos y radios locales.

Pasó 197 noches bajo las estrellas hasta alcanzar por fin la punta más sureña de América, la Tierra del Fuego. Lo primero que hizo al llegar a casa fue darse una ducha. “Durante casi siete meses de viaje sólo encontré un par de sitios donde darme una ducha caliente”, comentaba jocoso. “Pero ninguna amiga me ha dicho que huelo mal. Lo único que apestó fue la mochila, especialmente, una vez que me dejé un bocadillo de ternera olvidado dentro “, relataba con guasa Agustín.

En los Andes experimentó la falta de oxígeno al cabalgar sobre su mountain bike a 4.700 metros de altitud o el peligroso descenso de 23 kilómetros de pendiente por la costura costera de Chile. Sufrió dos caídas, pero ninguna grave gracias al casco. “En seis meses de viaje, hasta ahora, no he tenido ningún pinchazo ni otras desgracias mecánicas”, contaba. Esto sólo es un pequeño resumen de algunos de los baches que sorteó con su bicicleta en uno de sus viajes. Pero finalmente y por desgracia, Agustín fue derrotado por el único escollo inesperado: un cáncer.

Mi contacto con Agustín Egurrola se reduce a la tarea que encomendó a Ander y a Josu durante mi primer viaje a Islandia en mayo de 2008: subir a la cima de un volcán con un detalladísimo mapa para localizar un mensaje que había dejado escondido en un tarro de cristal en uno de sus primeros viajes en 1968. El mapa era exquisito. Agustín elaboraba sus propios mapas, libros, y notas de sus viajes y los enviaba a sus amigos.

He leído en la página web del club ciclista de Sheffield, la ciudad donde vivía Agustín, que el día de su funeral el próximo 13 de febrero organizarán una marcha cicloturista hasta el crematorio y darán una vuelta a la ciudad en honor de Agustín. “Le echaremos mucho de menos a él y las historietas de sus aventuras en bici y a pie a lo largo y ancho del mundo”, aseguran en la web en la que le califican como uno de los miembros más activos del club ciclista. “Es especialmente cruel que alguien con tanta vitalidad y tantos planes muera tan pronto”, dice una amiga. También tras el funeral en un centro comunitario de su ciudad habrá un acto de recuerdo de su vida y sus hazañas. Parece que hasta el momento de su muerte, va a contagiar y derrochar vitalidad a su alrededor.

Y estoy seguro de que Agustín tardará un tiempo en llegar al cielo (o a donde quieran que vayan los tipos excepcionales como él) porque seguro que no ha desaprovechado semejante ocasión de hacer este viaje con una buena chamarra, un saco de dormir y calzándose unas botas o pedaleando en una bici Orbea para llegar con tranquilidad y disfrutar de éste último viaje. Creo que el mapa de esta travesía lo tenía guardado y dibujado desde hace tiempo pero nunca le preocuparon demasiado los preparativos.

P.D.: En la foto, Agustín en Xingjian, China.

03. 10. 2008

Traficantes de carne humana

El 24 de noviembre de 1852 en el Boletín Oficial de Navarra el Gobernador Civil, Joaquín Maximiliano Gilbert, escribía esto:

“[sic] Ha llegado á mi noticia que varias personas que se dedican a enganchar jornaleros de ambos sexos, para mandarlos a los estados de América que en otro tiempo pertenecieron á la Corona Española, recorren esta provincia y particularmente los pueblos de la montaña, alucinando con quiméricas ideas de un feliz prevenir, á la incauta juventud, la que llena de las esperanzas de que un futuro bienestar les hacen concebir esos traficantes de carne humana, no dudan en desprenderse de los brazos de sus amados padres, y alejarse del país que les ha visto nacer, y en el que hasta aquí han encontrado su subsistencia si han sido honrados y laboriosos. Esta emigración no sólo es una verdadera fatalidad para la provincia, porque arranca considerables brazos a la agricultura y a la industria, disminuyendo por consiguiente su riqueza, sino que lo es para todos aquellos jóvenes inexpertos que se dejan fascinar por las pomposas ofertas de aquellos seductores.

“Faltaría al deber que me impone el alto destino que ejerzo, si no procurase por cuantos medios están a mi alcance, evitar una emigración que acabaría por arruinar el país, empezando por hacer sumamente desgraciados á los incautos que se dejan seducir por las personas que se dedican á este punible comercio. Para conseguir mi objetivo, creo sea suficiente presentar á los ojos de los jóvenes de ambos sexos, el cuadro fiel de la suerte que les espera desde el momento que abandonan el patrio suelo. Embarcados los ingenuos seducidos se hallan hacinados en el buque sin más abrigo ni cama, que lo que pueden llevarse de sus casas, con escaso alimento, y este con harta frecuencia de mala condición. Así atraviesan el Océano en busca de la rica playa en la que esperan adquirir largos tesoros.

“Pero cuando llegan a las costas de América, no pueden poner ella sus plantas, sin haber pagado su pasage, y como estos desgraciados no tienen medio de satisfacerlo, es necesario que firmen en un contrato á otro nuevo especulador, ofreciéndole servirle en las faenas que le acomoden, por un tiempo determinado.: así que el joven navarro que tan fiero se ha mostrado siempre, de su libertad é independencia, vénde una y otra vez á un extranjero, para proporcionarse una subsistencia, que con su honradez y laboriosidad tenía asegurada en su querida Patria… Más desgarrador es aun la parte del lienzo que ocupa el sexo femenino, en el que no se ve sino muchachas que la Providencia había destinado á ser honradas madres de familia, convertidas en miserables prostitutas… Confío que los alcaldes, corporaciones populares, y las personas de prestigio, no serán sordas á este llamamiento que hago á su distinguido celo y acreditado civismo, y exijo a los primeros, que por tres días festivos consecutivos, hagan leer en voz alta esta circular en el punto que consideren más a propósito, y la fijen luego en los sitios acostumbrados de la población…”

De todo esto hace más de 150 años. ¿A alguien le suenan de algo estas historias?
Encontré este texto por casualidad mientras buscaba documentación para un reportaje sobre un pueblo de Navarra. Me impresionó.

07. 03. 2008

Unas gafas

Unas gafas sobre el asfalto. Frío e inquebrantable. La lente de uno de los ojos estrellada, con decenas de rayos troceando el cristal desde el centro, las patillas desbarajustadas y abandonadas para siempre. La última imagen nítida de la desesperanza, de la desesperación, de la despedida, de la destrucción. Del terror. Del desastre. Y lo peor, crónico y endémico.

Detrás de las gafas, la descomunal tragedia humana. Sin adjetivos ni aditivos. Arrancar de cuajo, de raíz, la vida.

En el fondo de ese profundo valle guipuzcoano se han rasgado de nuevo las entrañas del averno y nos asomamos a él, como viene siendo desdichada costumbre, con renovada desolación. Un infierno tan conocido para nosotros que podíamos ponerle Denominación de Origen. Y que se nos manifiesta siempre con brutalidad extrema.

No se puede eludir, esquivar, maquillar o disimular un dolor tan abrupto, inadmisible y evidente.

Con unas gafas quebradas, las de Isaías, se intuye el infierno, pero también se puede ver más allá.

P.D.: Hablando de ver… “tuertos o ciegos”.

15. 02. 2008

Desarmar la infancia

«Aprendí a saquear ciudades, quemarlas y matar a su gente.»
Niño, 12 años

Dibujo y texto extraídos de: http://www.es.amnesty.org/camps/ns/

500.000 menores han sido reclutados por fuerzas armadas de distintos ámbitos (revolucionarias, gubernamentales, de derechas, de izquierdas, fundamentalistas, liberales, etc…) y a lo largo y ancho del mundo. 300.000 combaten ahora mismo en conflictos armados de 35 países. Lástima que sólo son números. Los números no nos impresionan.

Hace dos días escuché la voz de China Keitetsi. Sí, ex-niña soldado, porque más o menos un tercio de los niños soldado son niñas. (Unas 120.000) Además de llevar un subfusil en la pechera, también se dedican a labores de avituallamiento y domésticas y en última instancia alternan los cartuchos de balas y el Brown-brown (una mezcla de cocaína y pólvora) con la esclavitud sexual. También los niños. China Keitetsi vive en Dinamarca con sus dos hijos y durante 11 años estuvo bajo las órdenes de la resistencia ugandesa.

Pero la aberración de crecer bajo los efectos de la droga descargando un mortero o un AK-47 no está sólo en África. La lista de países es larga y se expande como un tumor por todo el mundo. Aparacen en esa lista infectada lugares como Irlanda del Norte, Uganda, Colombia, Kosovo, Filipinas, Congo, Chechenia, Guatemala, Sierra Leona, El Salvador…

No basta con que cese el reclutamiento de niños. Además los niños soldado deben volver a ser niños. Asociaciones como Save the childrens, Coalición Española Para Acabar con la utilización de niños y niñas soldado, Amnistía Internacional, y por supuesto UNICEF, dedican un enorme esfuerzo y todas sus energías por recuperar la vida de esos niños. Son programas de desarme, desmovilización y reintegración de niños/as soldado. Es la parte más difícil de toda esta historia. No se puede hacer borrón y cuenta nueva. Y es imposible restituirles sus vidas.

Ishmael Beah se pregunta muchas veces por qué.

“Por qué he sobrevivido a toda mi familia”, “por qué he sobrevivido a todo esto”. Afortunadamente lo puede contar y lo ha contado: a El País y en este libro. Ayer me terminé su libro, “Un largo camino. Memorias de un niño soldado”.

Al principio, cuando lo tuve entre las manos en la librería, me pareció que sería una historia irreal, que el autor hablaba desde el punto de vista de un privilegiado, que habría falsedad, pero pronto se esfumaron todos estos prejuicios. Es una historia verdadera, sin florituras, honesta y humilde. Es un testimonio de un largo camino. Sincero, brutalmente sincero.

En ocasiones me recordaba al testimonio de Irme Kertész en su periplo agónico por los campos de concentración nazi en Sin Destino. El asidero común de ambas historias es cómo a un niño le arrancan de raíz de su vida y lo empujan una sima pedregosa de sufrimiento y a la que tiene que convertir en su modo de vida. En su rutina. Y es ese escalofriante relato contando con naturalidad el que impresiona. Y mucho. Uno entre 500.000.

La parte más dura, personal y larga del viaje de Ishmael es su proceso de recuperación como niño tras su salida del ejército.

El pasado 12 de febrero fue la efeméride, el día mundial contra la utilización de niños soldados. Está bien acordarse un día de los enamorados, ¿no?

P.D.: Ander y yo cada día estamos un poquito más concienciados con el tema. Para bien aún nos queda mucho por conocer y aprender.

08. 10. 2007

Le petit train de la Nive

Le petit train de la Nive., originalmente publicada por Caravinagre.

Manuel Irigoyen Manuel Irigoyen, de 56 años, en la estación de Baiona., originalmente publicada por Caravinagre.

Resopla el silbato con todas sus ansias. Tantas como con las que se agarra al asidero del vagón. ¡piiiiiiiiiiii! Ningún pasajero se apea. Ningún pasajero se monta. Sólo contestan a la señal de Manuel, a ladridos, un par de perros de los caseríos que salpican el monte de enfrente. Manuel Irigoyen, el único revisor de esta línea, retrocede para introducirse de nuevo en el vagón, tenía más de medio cuerpo fuera. Se recoloca discretamente la gorra de la SNCF y se la cala hasta las orejas. Tras su señal, el tren reinicia el traqueteo dejando atrás el cartelón azul de “Uztarritze”, testigo único de la existencia de esa estación. “Quizá dentro de una semana o un mes no volvamos a pasar por aquí jamás”, sentencia Manuel en un lacónico castellano afrancesado. “No sé qué pasará con este tren, ni conmigo ni con los pasajeros. No lo sé, no lo sé”, añade.

Manuel, el maquinista y 18 pasajeros (19 al pasar por Cambó les Bains) completan hoy el pasaje de este tren que une, en hora y cuarto de recorrido, los 57 kilómetros que separan Baiona de San Juan de Pie de Puerto. Dos vagones de hojalata que no pueden circular a más de 50 kilómetros por hora por el peligro que conlleva cabalgar sobre unas vías de hierro centenarias. Cada viaje en el que este tren remonta el río Nive (o Errobi) desde su desembocadura en Baiona hasta su nacimiento en el Pirineo es un logro. Y un desafío. Cada año, esta línea de ferrocarril (la única que no abandona nunca el País Vasco francés y se adentra hacia los Pirineos) recibe una nueva amenaza de desaparición.

Decían que en octubre de 2007 frenaría para siempre, pero sigue adelante. Es el único medio de transporte público que une Baiona y la localidad bajonavarra de San Juan de Pie de Puerto (Donibane Garazi en euskera) y es la única forma de unir entre sí pueblos como Uztarritze, Cambo les Bains, Bidarrai o Arrosa. Todos estos lugares son las vértebras del recorrido de este viejo tren a través del valle de la Nive.

(Y continuará…)

26. 09. 2007

Sólo fallé una

Sólo fallé en una. Varón, navarro e ingeniero superior.
El martes cogí un diario gratuito, página 14 y titular principal: “Si quieres subirte el sueldo busca trabajo en Navarra”. ¡A buenas horas!

Y aquello seguía así: “El perfil de trabajador con el sueldo más alto se corresponde con el de un varón navarro, ingeniero superior y con una edad comprendida entre los 30 y los 39 años”. Todavía estamos a tiempo de estudiar ingeniería superior si la cosa se pone fea.

De todas formas, además de que el titular era una mamarrachada, ¿seguro que el perfil de “trabajador con el sueldo más alto” no se corresponde con un varón, madrileño, y gerente, banquero, empresario; o con un promotor de construcciones en el levante español, o un varón concejal, o parlamentario; o futbolista… (y más)

En una cosa acertó ese estudio con la lastimosa realidad: que por desgracia para ganar más jornal al mes hay que ser hombre. Una más que dudosa cualidad. Ellos, sólo acertaron una.

A ver si en la siguiente no dan ni una.

15. 10. 2006

La ciudad gallinero

Ahí estaba el hombre tan tranquilo. Pagando la compra con dos periquitos cagándole el hombro a destajo. Estuve buscando la cámara oculta. El hombre pagaba mientras hablaba con su mujer, la cajera del hipermercado hacía cómo que no veía nada, y los que estábamos esperando en la fila nos mirábamos para convencernos de que era cierto. El tipo llevaba una pareja de periquitos que no paraban de hacerse carantoñas, canturrear y moverse por su hombro, que lo tenía sucio cómo el palo de un gallinero, en el más estricto sentido. Gastaba una camisa color teja y un pantalón de pinzas. Eran una pareja de sesentones que habían salido hacer la compra con sus mascotas, y además la compra del mes, porque llevaban el carro saturado. Atípico, desde luego. Pero, o lo hacían muy a menudo o tenían a los pájaros más entrenados que el perro de Paulov, porque no se volaban de allí. Pagaron y se marcharon los cuatro como si los raros fuésemos nosotros.

Creía que era lo más peculiar que había visto con las mascotas en la ciudad, pero siempre sale uno escarmentado de las autolecciones. Tres días después, paseando: una pareja con un loro en el hombro. Me empecé a preocupar. Quizás sea esta la gripe aviar, en los 80 la pandemia era que andaba medio mundo con el mono colgado, y puede que ahora sea con los pajarracos. Lo primero que haces es no saber a dónde mirar, o qué pensar, luego se te ocurre el típico comentario gracioso relacionado con piratas, pero luego entra el acongojamiento cuando te acuerdas de Hitchcock. Lo mejor de todo es que el hombre antes de entrar a una tienda se acercó al hombro de su mujer, y el loro migró. Al salir de comprar misma operación, y vuelta a pasear con el loro a horcajadas. No sé por quién preocuparme más si por el animal o por el loro.

Pero esto es un suma y sigue hasta el infinito. Casi a diario, hacia la hora de la siesta hay debate de cotorras a viva voz frente a mi casa. En el edificio de enfrente, en el quinto piso, hay una mujer que vive sola con sus tres perros a los que trata como hijos y a primera hora de la tarde sale a la ventana a tirar bocadillos (no se le puede llamar pedacitos de pan a media barra) a las palomas. A parte de que está prohibido y luego el ayuntamiento tiene que mandar esbirros a exterminarlas, acaban en los balcones de todos los vecinos las palomas y los panes. Así que salen otras vecinas de su edifico, del mío y del de al lado a increparle y gritarle. Llevan razón, pero al final es un debate grotesco que acaba en un: “No susois personas humanas, que son más buenos los animalicos que ustedes”. Antes la gente se quejaba de que los perros defecaban en cualquier sitio y te podías llevar sus regalos a casa, ahora nos quejamos que las papeleras para cagaditas de perro huelen mal. Lo último: hace dos semanas un pez colorado se suicidó tirándose desde el tercer piso hasta el patio de mi casa. Y el caso es que le comprendo.

Caravinagre

P.D.: La foto es mía. Es el pez suicida que saltó desde una pecera de una ventana del tercer piso hasta el patio de mi casa. Daba bastante asco y el pobre pasó ahí un par de días, hasta que nos dignamos a levantar el cadáver.