Lapso festivo
Miércoles, 16 de Julio de 2008
Del 6 al 14 he tenido un lapso festivo, no le he dado tregua al cuerpo ni a la mente, que ahora son entes divergentes.
Si el día 6 de julio en la Plaza del Ayuntamiento la gente se agita, jalea y grita como si empezase una descomunal batalla en la que tienen que participar hasta agotar su existencia y se enfundan el pañuelo como señal de guerra; el día 14 es su antítesis. Los rostros y el ambiente es de derrota, entregamos nuestras armas (pañuelos) y nos rendimos. Agotados y exhaustos, desarmados. Y con una vela recordamos a los que cayeron en los días previos.
El “Pobre de mí” es un bonito acto para reconciliarse con la ciudad, y lamentar (aun sin sentir todos los huesos del cuerpo) que esto se acabó, pero que ya falta menos para el siguiente San Fermín (¡Qué “masocas” somos!). La verdad que es un día tan bonito como el seis, con un semblante radicalmente opuesto, pero emotivo. Parece ser que todo comenzó por casualidad unas décadas atrás, cuando unos nostálgicos espontáneos se juntaron en la Plaza del Ayuntamiento para lamentarse de que se terminaban las fiestas y el alcalde salió al balcón para invitarles a regresar al año siguiente.
Bueno, habrá que regresar. A la realidad y al año siguiente. Fin del lapsus festivo.
Ahí os dejo algunas instantáneas que saqué “a pie de fiesta”.







