17. 05. 2009

Volver

Uno de los grandes placeres del periodismo y que lamentablemente pocas veces se experimenta es el de volver. Regresar, desandar caminos, revisitar, reencontrarse y revivir.

Mi amigo Javi decía que no, que no era posbile y yo que sí. Como por aquel entoncees no tenía otro medio de transporte decidí comprobarlo insitu. Un día en mi aburrida vida madrileña descubrí que era posible ir hasta San Juan de Pie de Puerto (Donibane Garazi, para los de la casa) en tren. Mi amigo Javi no se lo creía, me decía que en las miles de veces que había estado allí jamás había visto una estación de tren. Garazi es una diminuta ciudad del sur de Francia, del País Vasco francés, muy cerca de Pamplona, tan cerca que fue una de las ciudades más importantes del Reino de Navarra, durante algún tiempo fue nuestra capital de ultrapuertos.

Desde la ciudadela de Garazi, que es el punto más alto, se otea todo el valle que queda abierto al sur por el embudo del paso de Lepoeder, la puerta más rápida y natural de un lado a otro de los Pirineos y la mítica ratonera en la que cayó Carlomagno. Es la bisagra que une las dos navarras: la alta y la baja. Desde allí se ve cómo Donibane Garazi durante los años ha eclosionado fuera del cascarón de sus viejas murallas derramando caseríos blancos por todas las laderas del valle. Parece de gran extensión. Pero es el efecto levadura, sólo es apariencia: No pasa de los 1.500 habitantes. La ciudad que queda bajo la protección de los paredones de piedra apenas ha cambiado. Los dinteles de las puertas cantan sus fechas de nacimiento: año 1510, año 1615, 1649, pax 1751. Pero sí, tiene estación y tren.

Era septiembre de 2007. Ese fin de semana hice un maratónico Madrid-Soria-Pamplona-Baiona y desde allí en un viejo, quejoso y oxidado tren de dos vagones viajé hasta Donibane Garazi. 57 kilómetros en hora y media de recorrido. Ese tren que cose todos los pueblos del valle del río Errobi-Nive y embotona ojal por ojal 15 túneles e hilvana el recorrido sobre el río en dos puentes, es el único medio de transporte público que une la capital de la Baja Navarra con Baiona. Allí descubrí que aquel tren que daba la vida a todo el valle, que era el cordón umblical de todos aquellos pueblos, estaba en las últimas. Decían que en octubre de 2007 frenaría para siempre, pero seguía adelante. La SNCF (la renfe francesa) quería quitar esta línea.

Después de años amenazando con suprimir la línea y de enfrentarse a la resistencia de los viajeros, la SNCF halló el método de desahacerse de la línea: dejar que sean las centenarias traviesas de madera de la vía las que se pudran. El ferrocarril no se ha beneficiado de ninguna mejora en los últimos 60 años. El traqueteo de los vagones, ensordecedor, se mezcla con el tintineo de un centenar de tornillos que recitan un concierto de metal bastante preocupante. Todo el vagón se mece a un lado y a otro en las curvas y parece en ocasiones que va al trote por los brincos que pega. No obstante, recorrer esos 57 kilómetros de vía añeja merece la pena. El trazado de la vía es un calco del curso del río Nive-Errobi, que se retuerce y contonea siempre a su lado. Es un tren con complejo de salmón. Persigue y remonta el río desde su nacimiento en las montañas bajonavarras donde es un riachuelo en el que sólo hay ruejos, renacuajos y cubre hasta la rodilla hasta su llegada a la capital labortana, Baiona, donde es navegable y huele a salitre marino.

Así que allí comencé mi reportaje: aquel día conocí a Manuel Irigoyen, un divertidísimo revisor de la línea, a Christele Chirunberro, una de las usuarias del tren indignadas por su estado y empleada de la oficina de turismo en Baiona, a Maialen Oxandaburu, una anciana vigorosa que cuida de todos los peregrinos que cruzan los portones de la ciudad, a Elorri Uhalde, una joven que sin el servicio del tren estaría aislada en su pueblo o a Domenico, un italiano que acaba de caer allí para empezar el Camino de Santiago y ya tenía un pinchazo en la bici.

Era finales de agosto de 2008, casi exactamente un año más tarde, cuando regresé al mismo lugar y para hacer el mismo trayecto. Revisitar el tren, su recorrido y sus gentes.

Fue una pena porque no conseguí volver a ver a Manuel Irigoyen, a pesar de que le envié una carta. Pero visité a Christéle, a Maialen y a algunos otros. Se acordaban de mi y charlamos brevemente como si fuésemos viejos conocidos.

Esta vez conocí a Jean Pierre Etchegaray, otro tipo con un entrañable sentido del humor, jefe de estación de Garazi y teniente de alcalde en Arrosa muy concienciado con la situación de la línea de tren. Volver a este sitio y revisitar a las personas que aparecían en este reportaje me produjo una enorme satisfacción. Y mejoró bastante mi reportaje. Volver y revisitar es un gran placer periodístico. Uno tiene la sensación de que no está dejando huérfana a la historia

Ahora, mucho más tiempo más tarde. En 2009. Se ha publicado el reportaje. Podéis enteraros de qué es lo me dijo esta gente y seguir la historia si os interesa en un reportaje en el número 69 de mayo a junio de la revista El Mundo de los Pirineos, de la editorial SUA.

Bueno, dicho lo cual, creo que yo también vuelvo a la actividad bloguera. Que esto también si que está abandonado y en estado de descomposición.

P.D.: Por cierto, algunos de los ejemplos más brillantes del afán por volver que he vivido de cerca es quizás sea la lección que viejo y eternamente joven Josu Iztueta nos dio a Ander y a mí en Groenlandia hace exactamente un año. Se empeñó en volver al país de los esquimales 20 años después de haber cruzado en 1988 el casquete helado groenlandés, llevó en el 2008 una foto de una escuela de niños que había conocido hace dos décadas y se propuso buscarlos para ver qué era de sus vidas. Y los encontró. Esta historia: aquí.

08. 11. 2008

Monstruos y violinistas

Mediodía en Portree, la escasa capital de la isla de Skye, en la costa oeste de Escocia. “Han puesto una bomba en la Universidad privada”, dice Cristina con el móvil en la mano. “¿Qué ha pasado?”. “No lo sé, hay 14 heridos y que no han avisado de nada, no lo sé, me acaban de enviar un sms”. “¿Por qué ahí?” pregunta otro compañero de viaje. “Creo que es la quinta o la sexta bomba”, le digo. Volvemos a la carretera y no dejo de pensar. Toda la gente que conozco y la que no conozco: más de 9.000 alumnos de todas las partes del mundo y empleados. Unos kilómetros muy largos.

Llegamos por la noche, muy temprana aquí, casi a la mítica hora del té, al Lago Ness. Llamo a casa y aprovecho para preguntar. Me explican todo lo ocurrido. Descubro que a pesar de moverme un par de millares de kilómetros al norte, los únicos monstruos que consigo ver, sentir y que nos estremecen en el Lago Ness son los que ya conocía antes de venir. Los de siempre.

Es inexcusable. El hecho de que sea una universidad invita a imaginar una perversión muy grande, un ensañamiento muy retorcido contra estudiantes de todas las partes del mundo, de investigadores, profesores, trabajadores y obreros. Matar a futuros arquitectos, médicos, abogados, periodistas, historiadores, enfermeras, químicos o físicos. Querer destruir parte de la infraestructura dónde se investigan antiguos legajos de Navarra, curas contra el cáncer y todo tipo de tumores o dónde los economistas hacen trabajos de investigación acerca de cómo crear una economía de mercado más solidaria y justa. O el primer lugar donde se comenzó a estudiar euskera académicamente como una lengua más. Además del deseo manifiesto de matar indiscriminadamente, está el deseo de destruir todo rastro de estos conocimientos. Porque el mayor desactivador de explosivos es la razón.

Por suerte quedan violinistas. Esa mañana Josean les dijo a sus alumnos que ellos seguirían escribiendo y con las prácticas “como los violinistas del Titanic” que siguieron tocando hasta que se hundió el barco. Aunque no creo que nadie tuviese temple para hacerlo, frente a la monstruosidad de 80 kilos de explosivos queda la imagen y la delicadeza de la rutina y del trabajo. Ramón recoge un elenco de colaboraciones e intensa actividad que los estudiantes de periodismo llevaron ese día. La verdad es que impresiona esa movilización y hace que uno se sienta orgulloso.

03. 10. 2008

Traficantes de carne humana

El 24 de noviembre de 1852 en el Boletín Oficial de Navarra el Gobernador Civil, Joaquín Maximiliano Gilbert, escribía esto:

“[sic] Ha llegado á mi noticia que varias personas que se dedican a enganchar jornaleros de ambos sexos, para mandarlos a los estados de América que en otro tiempo pertenecieron á la Corona Española, recorren esta provincia y particularmente los pueblos de la montaña, alucinando con quiméricas ideas de un feliz prevenir, á la incauta juventud, la que llena de las esperanzas de que un futuro bienestar les hacen concebir esos traficantes de carne humana, no dudan en desprenderse de los brazos de sus amados padres, y alejarse del país que les ha visto nacer, y en el que hasta aquí han encontrado su subsistencia si han sido honrados y laboriosos. Esta emigración no sólo es una verdadera fatalidad para la provincia, porque arranca considerables brazos a la agricultura y a la industria, disminuyendo por consiguiente su riqueza, sino que lo es para todos aquellos jóvenes inexpertos que se dejan fascinar por las pomposas ofertas de aquellos seductores.

“Faltaría al deber que me impone el alto destino que ejerzo, si no procurase por cuantos medios están a mi alcance, evitar una emigración que acabaría por arruinar el país, empezando por hacer sumamente desgraciados á los incautos que se dejan seducir por las personas que se dedican á este punible comercio. Para conseguir mi objetivo, creo sea suficiente presentar á los ojos de los jóvenes de ambos sexos, el cuadro fiel de la suerte que les espera desde el momento que abandonan el patrio suelo. Embarcados los ingenuos seducidos se hallan hacinados en el buque sin más abrigo ni cama, que lo que pueden llevarse de sus casas, con escaso alimento, y este con harta frecuencia de mala condición. Así atraviesan el Océano en busca de la rica playa en la que esperan adquirir largos tesoros.

“Pero cuando llegan a las costas de América, no pueden poner ella sus plantas, sin haber pagado su pasage, y como estos desgraciados no tienen medio de satisfacerlo, es necesario que firmen en un contrato á otro nuevo especulador, ofreciéndole servirle en las faenas que le acomoden, por un tiempo determinado.: así que el joven navarro que tan fiero se ha mostrado siempre, de su libertad é independencia, vénde una y otra vez á un extranjero, para proporcionarse una subsistencia, que con su honradez y laboriosidad tenía asegurada en su querida Patria… Más desgarrador es aun la parte del lienzo que ocupa el sexo femenino, en el que no se ve sino muchachas que la Providencia había destinado á ser honradas madres de familia, convertidas en miserables prostitutas… Confío que los alcaldes, corporaciones populares, y las personas de prestigio, no serán sordas á este llamamiento que hago á su distinguido celo y acreditado civismo, y exijo a los primeros, que por tres días festivos consecutivos, hagan leer en voz alta esta circular en el punto que consideren más a propósito, y la fijen luego en los sitios acostumbrados de la población…”

De todo esto hace más de 150 años. ¿A alguien le suenan de algo estas historias?
Encontré este texto por casualidad mientras buscaba documentación para un reportaje sobre un pueblo de Navarra. Me impresionó.

11. 02. 2008

Migajas (el 2008 será un buen año, I)

Niñas en Bilbao durante la guerra civil, Robert Capa “Los italianos tenían los quesos más grandes que he visto en mi vida. Eran redondos y estrechos, grandes como un volante de camión. Se sentaban en la andanada de la plaza de toros en tropel a comérselos bajo el sol del verano. Los descubrían y sacaban de sus macutos y los quesos brillaban. Se los comían alternando con pan. Nos daban mucha envidia. Y pasábamos mucha hambre.

En casa sólo teníamos un cuto (cerdo, en Navarra) y era lo que podíamos comer el resto del año pero nuestra desgracia era que no teníamos nada que echarle para comer al animal. Así que a mi hermana y a mí, junto con otras chiquillas, nos mandaban a la plaza de toros con un cubo a recoger los restos de comida que dejaban los italianos, su reguero de migas, cáscaras, mondas y trozos de queso. A veces les pedíamos que nos echasen directamente algún trozo.

Los italianos eran ruidosos y cantarines. Sus risotadas, gritos y aspavientos resonaban en todo el ruedo. Nosotras pasábamos mucha vergüenza. A veces nos dejaban limpiarles sus descomunales botas militares y a cambio nos daban algún dulce o chuchería. A las chicas más mayores, de trece o quince años, les echaban los ojos, las manos y las piropeaban en italiano. No hacía falta entenderles para saber qué decían. Al tiempo, los italianos se marcharon. Pero más de uno se dejó algo en Tafalla: algunas chicas se vieron igual de pobres que antes, y además con un embarazo a la italiana.

También estuvieron los alemanes, pero eran muy serios y discretos. Además, no se les entendía nada”.

Foto: Niñas en Bilbao durante la Guerra Civil (1936-39), de Robert Capa Más aquí.

23. 01. 2008

Homenaje: Arin-Arin

Hace tiempo que quería hacer un homenaje a esto:

Impertérrita, añeja y desvencijada, pero simpática y eterna.

La cabecera del minúsculo resumen en euskera de los principales titulares del día que ofrece el informativo de TeleNavarra (desconexión territorial de la RTVE para Navarra). Este espacio se titula simpáticamente y de forma muy folklórica como “arin-arin”, que es un baile-danza del país y también es una expresión que indica brevedad, velocidad, celeridad… que le viene que ni al pelo porque el espacio apenas dura un par de minutos. Así esta cabecera tan peculiar se ha mantenido inalterable durante los últimos 26 o 27 años, desde que cobró vida el centro territorial de RTVE en Navarra.

Y remarco lo de folklórica porque, para los que no la conozcáis, comienza y se desenvuelve como no podía ser de otra manera al ritmo de la música y pasos briosos de un “Arin-arin”. Los rótulos del espacio son de cuando los ordenadores eran del tamaño de una fragata y el mando a distancia un invento todavía en ciernes.

Lo más característico de esta cabecera es que muy fugazmente al ritmo de la música vasca se suceden unas rapídisimas imágenes (alternadas con unas albarcas y pasos de una dantzari) que muestran la realidad de Navarra: levantadores de piedras, una industria del metal al estilo de la chapliniana de Tiempos modernos, una ciudad gris con mujeres de pelo cardado haciendo la compra con carritos de cuadros, jóvenes con chándales de táctel de colores chillones (combinaciones de fucsia y azul preferentemente) , multitudes deambulando por la calle estafeta con gafotas de sol, un encierro de colores carcomidos por el tiempo…

Una lástima que no aparece Miguelico Induráin, pero entonces sólo era una joven promesa del ciclismo. Además, hubiese afeado la caducidad invencible de la pieza audiovisual. Es sublime. Es un “muestrame navarra en treinta segundos”.

¡Qué dure muchos años!
Sí, señor, un brindis por las cosas que jamás cambian.

P.D.: Este mítico “Espaniako telebista” es aquí en el único lugar de todos los centros territoriales que he visto de RTVE donde aparece. Es otra reliquia y extravagancia de este ‘Arin Arin’.

26. 12. 2007

Zorionak eta urte berri on!!

¡¡¡Feliz Navidad a todos/as Eguberri on

La mañana del 24 de diciembre por las coquetas y estrechas callejuelas del casco viejo de Pamplona tuve ocasión de cruzarme fortuitamente con Olentzero.

Me dijo que tenía ganas de bajar a la capital, que casi todos los días amanecía en el monte con unas nieblas que embarruntaban todo. Unas nieblas que no dejan ver nada de par de manaña. “Es como levantarse con unas enormes y pesadas legañas”, me dijo. Y la nieve, que desde hace ya muchos días cubría las calvas de las montañas más empinadas. Y así, con un frío que se mete en los huesos como termitas en la madera a picotazos fríos, todo el año se lo ha pasado haciendo carbón. Aunque la mayoría de él para calentar calderas y fogones, y sólo una pizca para aquellos que actuaron con malicia.

Bajó por la mañana a visitar a algunos niños y también a aquellos que pasan la noche solos o en la calle. “Esos sí que necesitan calor, de los tizones de la calefacción, de un buen consomé y del corazón de la familia”, decía convencido. En un periquete solucionó sus negocios y se regresó para el caserío. “Hoy es un día de duro trabajo, aunque nada especial, me he levantado a las cinco de la mañana como todos los días”. Y al día siguiente… “Pues, al día siguiente a lo mismo a trabajar, a anunciar el nacimiento de Jesús y tomar una copa de patxarán con los amigos para celebrarlo”.

08. 10. 2007

Le petit train de la Nive

Le petit train de la Nive., originalmente publicada por Caravinagre.

Manuel Irigoyen Manuel Irigoyen, de 56 años, en la estación de Baiona., originalmente publicada por Caravinagre.

Resopla el silbato con todas sus ansias. Tantas como con las que se agarra al asidero del vagón. ¡piiiiiiiiiiii! Ningún pasajero se apea. Ningún pasajero se monta. Sólo contestan a la señal de Manuel, a ladridos, un par de perros de los caseríos que salpican el monte de enfrente. Manuel Irigoyen, el único revisor de esta línea, retrocede para introducirse de nuevo en el vagón, tenía más de medio cuerpo fuera. Se recoloca discretamente la gorra de la SNCF y se la cala hasta las orejas. Tras su señal, el tren reinicia el traqueteo dejando atrás el cartelón azul de “Uztarritze”, testigo único de la existencia de esa estación. “Quizá dentro de una semana o un mes no volvamos a pasar por aquí jamás”, sentencia Manuel en un lacónico castellano afrancesado. “No sé qué pasará con este tren, ni conmigo ni con los pasajeros. No lo sé, no lo sé”, añade.

Manuel, el maquinista y 18 pasajeros (19 al pasar por Cambó les Bains) completan hoy el pasaje de este tren que une, en hora y cuarto de recorrido, los 57 kilómetros que separan Baiona de San Juan de Pie de Puerto. Dos vagones de hojalata que no pueden circular a más de 50 kilómetros por hora por el peligro que conlleva cabalgar sobre unas vías de hierro centenarias. Cada viaje en el que este tren remonta el río Nive (o Errobi) desde su desembocadura en Baiona hasta su nacimiento en el Pirineo es un logro. Y un desafío. Cada año, esta línea de ferrocarril (la única que no abandona nunca el País Vasco francés y se adentra hacia los Pirineos) recibe una nueva amenaza de desaparición.

Decían que en octubre de 2007 frenaría para siempre, pero sigue adelante. Es el único medio de transporte público que une Baiona y la localidad bajonavarra de San Juan de Pie de Puerto (Donibane Garazi en euskera) y es la única forma de unir entre sí pueblos como Uztarritze, Cambo les Bains, Bidarrai o Arrosa. Todos estos lugares son las vértebras del recorrido de este viejo tren a través del valle de la Nive.

(Y continuará…)

14. 06. 2007

El cambio

Se me acercó el otro día una mujeruca en el supermercado y me dijo: “oye majo, ¿no tendrás cambio?”.

Me quedé dubitativo. Anonadado, estupefacto y paralizado. No supe qué contestarle. “Estas mujeres mayores qué cosas tienen, no saben que las cajeras tienen cambio de todo” podía haber pensado acertadamente. Y en cambio, le miré y le dije: “Pues no lo sé”.

Y así es.

La otra posibilidad era haberle devuelto la pregunta: “¿Pero, cambio de qué?”.


Ver portadas del 28 de mayo de 2007:
[Diario de Noticias] [Diario de Navarra] [El País] [Gara]

Han pasado dos semanas desde los ‘famosisisímos’ comicios del 27 de mayo (menuda campaña y precampaña más larga) y aún no sabemos quién diantre nos gobernará a los navarros. Seguimos viviendo en la anarquía y los “tal y cual en funciones”. Sin saber si tenemos cambio o no. Y si hay cambio, cambio de qué será. O a cambio de qué. Al margen de estas cuestiones electorales, hemos tenido cambios, algunos a peor. Aunque lo suponíamos después del fin de año.

Lo habitual en política es que los cambios, sean cambios. Así, sin apellidos. Pero con la cantaleta repetitiva que UPN y PP nos han dado con la dichosa “moneda de cambio”, parece ser que les ha calado hondo y han convertido los cambios en trueques: canjear una cosa por otra. Y así, parece que los primeros en vender Navarra han sido ellos, sus aparentes acérrimos defensores. Primero ha sido el intento de cambio de cromos: el de Navarra por el de Canarias. Luego la intentona del trueque y el timo de los ‘carteristas’, los regionalistas lo han lanzado a los cuatro vientos: “socialista, arrímate, tonto, que te dejo llevarte un par de carteras”. Y parece que a los Puritanos que llevan 16 años en la oposición se les hace la boquita agua. Y esto aun no se sabe en qué va acabar. Así entre agasajos (después de meses de insultos) y muchas mercaderías, los votos ahí se quedaron pal’recuento y nada más.

Es lamentable que la ilusión que han puesto los ciudadanos (mayor participación que nunca) se quede enclaustrada y secuestrada las camarillas de siempre. Más concretamente en las de Madrid. Es triste que, al final, los que llevan la calderilla para cambio o no cambio en Navarra, ya sea en un sentido o en otro, sean los Rajoy o los Blanco. Pero se puede llegar al “más feo todavía”, y es el de ser utilizados para dirimir los desamores entre Zapatero-Rajoy y ETA.

Curiosamente hasta ahora los más honestos en sus intenciones y apuestas han sido aquellos que por suerte están huérfanos primos-hermanos mayores: los de Juan Cruz, los de Zabaleta y o los de Ion Erro (que no están huérfanos, pero sí emancipados).

Sabe que le digo, señora, que yo a este paso salgo de casa sin monedas y sin cambios. Una tarjeta de colores chillones de esas y a vivir con dinero de plástico. Y para votar evitándose quebraderos de cabeza: o a los canábicos o a los carlistas. Ahí, ahí, está la emoción.

De momento y si esto no se aclara: un interesante editorial del Gabilondo; el reto pamplonés de tener que soportar el yugo de Barcina cuatro años más; y unos desobedientes PSN y ANV en Sartaguda.
Edito más anomalías: Concejal de ANV en Sartaguda rechaza la violencia.