04. 11. 2009

Un exilio en el infierno

En febrero de 2009 viajé, invitado por el Sahara Maratón, a los campamentos de refugiados saharauis de Tindouf, al sur de Argelia. Tengo pendiente escribir varias historias de las que allí me encontré, pero mientras no obstante, os muestro en este pequeño vídeo, la mayor parte de las fotografías que tomé en el desierto. Muchas inéditas todavía.

¿Por qué “un exilio en el infierno”? Por que es lo que lleva soportando el pueblo saharaui los últimos 34 años, un exilio, un éxodo en la terrible ‘hamada’ argelina, a la espera de decisiones que nunca llegan. Mientras, la tercera generación de refugiados, hombres, mujeres y niños que han nacido en los campamentos y no han conocido otra patria que el exilio se achicharra en la parte más infernal del desierto sahariano, sin conocer el mar ni la libertad. A pesar de que en las escuelas saharauis se enseña que su patria tiene casi 2.000 km de costa. Viven en una franja del mapa trazada por la ambiguedad y marcada por minas antipersona. Se podrá discutir de política, de autodeterminación y de lo que se quiera, pero la verdad más evidente y limpia es que es un pueblo que ha sido condenado al destierro permanente y la vida en mitad de la nada es una condena muy dura. Humanitariamente cruel.

Ahí queda el vídeo.

11. 10. 2009

Pirineo Express

Han pasado 200 años desde que el primer ferrocarril de pasajeros unió Manchester con Liverpool. Desde entonces hemos embreado carreteras en desiertos de arena y de hielo, cruzamos el mundo en una tarde, catapultamos a hombres al espacio y los paseamos por la Luna, incluso nos hemos asomado al abismo de nuestras entrañas. Sin embargo, viajar por los Pirineos en tren hoy sigue siendo épico.

Ni en 150 años y ni con la fuerza de mil kilómetros de vías hemos conseguido domar a la bestia pirenaica. Arquitectos e ingenieros se han afanado en doblegar estas montañas con latigazos de hierro, pero ha sido inútil. Las vías, catenarias y puentes se levantan como si estuviesen sobre el lomo de un gran saurio, a sabiendas de que en una sacudida del animal desaparecerán. Apenas hay trenes aquí.

El paisaje quebrado, abrupto y salvaje impone su ley y las líneas nunca trazan un recorrido claro, sino que siguen los retorcidos cursos de los ríos o se alejan de las montañas. La línea imaginaria que intenta hilvanar los Pirineos de Oeste a Este se inauguró entre 1855 y 1870. En 1855 un tren procedente de Burdeos estrenaba la estación de Baiona y se acercaba a la muga. Allí, pisándole los talones a los Pirineos empecé un viaje en abril de 2009 que me llevó desde el Atlántico hasta el Mediterráneo subiendo y bajando esas vías añejas. Este mes se publicó en la revista El Mundo de los Pirineos. Y el otro día, Roge Blasco en su programa de Radio Euskadi me invitó a contarlo.

Estaciones míticas como la de Canfranc, el edificio abandonado más grande de España. Una obra que pretendió desafiar a los Pirineos y que el rey Alfonos XII inauguró al bravucón grito de “¡Ya no hay Pirineos!”. Allí donde Jonathan Diaz encontró entre ratas y escombros unas cartas que certificaban la entrada por los Pirineos de 86 toneladas de oro de los nazis. Junto al oro, llegaban convoyes rebosantes de relojes, trajes o instrumentos de música de los judíos acosados y exterminados en Alemania. Los empleados que ganaban sólo 200 pesetas al mes coqueteaban con el contrabando. “Muchos abuelos que lo hicieron me lo han contado, pero aún les da miedo y vergüenza hablar. Todos sabemos de dónde salían esas baratijas”, cuenta Jonathan, el francés que halló las pruebas. O el pequeño andén de San Juan de Pie de Puerto donde comienza el camino de Santiago. Los paisajes bearneses, el funicular de Pau y su espectacular balconada del boulevard que presenta como un coro a nada menos que 83 cumbres de un simple vistazo.

El traqueo en un ferrocarril decadente hacia Lourdes. Un glamur rancio encantador, asientos de cuero amarillo como de consulta de dentista de hace 40 años en los que uno se queda pegado al sudar. Las cortinillas carcomidas por el sol y los vagones que rechinan. Unos chavales con sotana y alzacuellos, unas señoras con unas enormes medallas de la virgen (monjas), una pareja de ancianas hindúes con sus respectivos ‘bindis’ (punto rojo en la frente), y una madre que toquetea su PDA mientras su hijo de cinco años juega con una videoconsola. Cada uno ensimismado en su credo. Campos de rugby, prados con vacas y ovejas, y nieve y brumas en las montañas.

El frenesí urbano de Tolouse, los emblemáticos torreones almenados de Foix, raperos y graffiteros que bajan hacia Pamiers, afrofrancesas orondas de pelo rizadísimo que dan pecho a nenes durante el trayecto, ciudades de paso rebosadas por balnearios y jubilados, escaladores, ciclistas y montañeros, el borde de Andorra (no hay ni un centímetro de vía férrea en ese país), la Cataluña francesa, Occitania y la costa bermeja. Un trenecillo de 1910 que trepa hasta los 1.500 metros de altitud y tarda dos horas y media en recorrer 63 kilómetros. Historias de ingenieros como el comandante Giscard que murió en un descarrilamiento sin ver terminada la obra de su vida, el descomunal puente de 80 metros que lleva su nombre y cuelga sobre una de las culebreantes gargantas de la Cerdanya. Al final, el sabor del Mediterráneo en Perpinyá y una vía desde Coillure hacia el sur en la que en tren más bien navega colgado al borde de un mar manso y turquesa.

Estas y otras historias de este Pirineo Express, en el Nº 71 de El Mundo de los Pirineos.

06. 10. 2009

El algodón (uzbeko) sí engaña

Cada septiembre el gobierno de Uzbekistán cancela las clases en todas las provincias de su desordenada y turbia república. El presidente ordena cerrar los colegios. Las clases se suspenden durante estos meses otoñales y los escolares abandonan sus hogares.

“Escolares de quinto grado (once años de edad) son enviados al campo a recoger algodón donde la mayoría permanecerá hasta noviembre. Las órdenes llegan con claridad desde el gobernador provincial a los gobernadores de distrito, y éstos, la transmiten con diligencia desde el distrito a los departamentos de educación, y de allí hasta cada escuela. A cada colegio le es asignada una cuota de algodón que debe completar, y los directores de las escuelas que no completen la cuota son amenazados con el despido. Los escolares, los niños, llevan a cabo este arduo trabajo de la recogida del algodón bajo unas peligrosas condiciones hasta que completan sus días de trabajo, una vez terminado son reconducidos de nuevo desde el campo hasta sus escuelas y por fin pueden volver a dormir en casa. Los niños de 14 años y los que viven muy lejos del campo son hacinados directamente en insanos cobertizos y naves hasta que termine la temporada de recogida. Los días libres no existen”, esta es la traducción de las palabras exactas de un informe del International Labour Rights Forum del año 2008 en el que se relatan, en parte, las condiciones de trabajo de estos chavales y cómo funciona la recogida de algodón en Uzbekistán.

“Sabemos que en otros países también hay gobiernos que promueven el trabajo forzado de su población civil, pero ninguno lo hace de manera similar ni se ceba en los niños de la manera en que lo hacen en Uzbekistán”, reconoce Joanna Ewart-James, portavoz de Anti-Slavery International.

“La más brutal de las rutinas del régimen de Islam Karimov”, así han descrito las organizaciones internacionales a esta forma de organizar la cosecha del algodón por el presidente (¿dictador?) uzbeko. Se estima que cada septiembre más de 200.000 niños son movilizados desde sus hogares hasta los campos. Durante dos o tres meses son depredados por su propio gobierno y se convierten en mano de obra gratuita.

En este periodo, los niños beben aguas de acequias, apenas se alimentan o lo hace de forma desordenada y mala, y duermen en barracones sin luz, ni ventanas. En el mejor de los casos y paradójicamente, pueden llegar a dormir en la propia escuela. Terminan la temporada de cosecha exhaustos y con la salud minada por infecciones intestinales, respiratorias, meningitis o hepatitis. Así como la escuela tiene un cupo total de algodón que recolectar, también cada niño tiene el suyo. No cumplirlo puede acarrear castigos severos o incluso la expulsión del colegio.

Todo este tinglado cruel está montado así porque resulta que la destartalada república de Uzbekistán es el sexto productor de algodón del mundo, pero es la segunda potencia en exportación del mismo. Cada año se ingresan en el país centroasiático mil millones de dólares norteamericanos mediante la exportación de 800.000 toneladas de algodón. Esta delicada materia prima da Uzbekistán el control de su economía y es la principal fuente de sustento del régimen de Karimov, más que el gas o el petróleo. La economía uzbeka es simple y se basa en la explotación. Millones de miserables trabajadores agrícolas cultivan algodón, a cambio de un dinero ridículo o en ocasiones de nada, por orden de su gobierno. Dicen algunos organismos que los agricultores cobran dos tercios menos del precio real del algodón.

Umida Niyazova, periodista uzbeka en el exilio, explica así el funcionamiento de esta economía: “Todos los beneficios del sector algodonero se concentran en las manos del presidente, su familia y allegados. Los granjeros que cultivan el 90% del algodón viven en una situación en la que el cultivo de algodón no es rentable para ellos. El estado fija artificialmente los precios (muy bajos), mientras que los granjeros compran los útiles y herramientas para su cultivo a precios de mercado. Por decreto, es delito vender la cosecha a nadie que no sea el propio Estado. Y los agricultores no pueden negarse a plantar algodón, de otro modo, sería causa suficiente para quitarles sus tierras”.

Paradójicamente en tiempos de la Unión Soviética, cuando Uzbekistán era una porción más del imperio ruso, dos tercios de la producción algodonera era cosechada con máquinas, hoy en día sólo el 10% se recoge con maquinaria agrícola. En contrapartida, la mayoría del algodón uzbeko es recolectado a mano, habitualmente de niños.

Es difícil calcular cuántos niños son obligados a dedicarse a esta tarea. En el año 2000 Unicef estimó que aproximadamente el 22,6% de los escolares entre 5 y 14 años habían trabajado en la temporada anterior, eso sería un millón y medio de niños. En 2004 el ministerio de Educación uzbeko reconoció que habían trabajado unos 44.000, una cantidad demasiado escasa ya que tres años antes sólo en la región de Ferghana se supo que se habían movilizado unos 200.000 escolares. Tampoco se sabe con certeza cuántos de ellos perciben algún dinero por su trabajo, se sabe que algunos chavales han llegado a cobrar cinco dólares por cinco días de trabajo y otros por el mismo trabajo han cobrado 15 céntimos de dólar. Otros, nada. Se sabe que en la ragión de Samarkanda algunos niños han trabajado durante dos años enteros.

La historia de los niños uzbekos trabajando en las algodonerías estuvo oculta hasta que en 2004 algunas organizaciones como Environmental Justice Foundation la sacaron a la luz. Desde entonces llevan trabajando en Uzbekistán. Esta información y éstas citas las he conocido gracias a este reportaje que publica la revista Independent World Report y que ayer me lo enviaron los amigos de la ONG navarra Setem.

El artículo, para el que le interese, analiza también las relaciones de UE con Uzbekistán y cómo ciudadanos han presionado a las instituciones para que tomen cartas en el asunto.

Curiosamente, según cuentan, han sido las grandes compañías textiles y comerciales europeas las que motu proprio han comenzado a vetar ellas mismas el algodón uzbeko. Aunque es un tema “recio”. Algunas empresas como Inditex (Zara y Berskha) pasan del asunto y otras como H&M se comprometen y lo denuncian, aunque admiten que es difícil realizar la trazabilidad de las materias primas.

El cualquier caso, tal y como concluye el reportaje, este septiembre se volvieron a parar las clases en Uzbekistán, un país con 5.000 presos políticos en las cárceles y una dictadura de facto que se mantiene, literalmente, entre algodones.

P.D.: En la imagen, un niño uzbeko trabajando en un campo de algodón. La foto es cortesía de la asociación Environmental Justice Foundation.

17. 05. 2009

Volver

Uno de los grandes placeres del periodismo y que lamentablemente pocas veces se experimenta es el de volver. Regresar, desandar caminos, revisitar, reencontrarse y revivir.

Mi amigo Javi decía que no, que no era posbile y yo que sí. Como por aquel entoncees no tenía otro medio de transporte decidí comprobarlo insitu. Un día en mi aburrida vida madrileña descubrí que era posible ir hasta San Juan de Pie de Puerto (Donibane Garazi, para los de la casa) en tren. Mi amigo Javi no se lo creía, me decía que en las miles de veces que había estado allí jamás había visto una estación de tren. Garazi es una diminuta ciudad del sur de Francia, del País Vasco francés, muy cerca de Pamplona, tan cerca que fue una de las ciudades más importantes del Reino de Navarra, durante algún tiempo fue nuestra capital de ultrapuertos.

Desde la ciudadela de Garazi, que es el punto más alto, se otea todo el valle que queda abierto al sur por el embudo del paso de Lepoeder, la puerta más rápida y natural de un lado a otro de los Pirineos y la mítica ratonera en la que cayó Carlomagno. Es la bisagra que une las dos navarras: la alta y la baja. Desde allí se ve cómo Donibane Garazi durante los años ha eclosionado fuera del cascarón de sus viejas murallas derramando caseríos blancos por todas las laderas del valle. Parece de gran extensión. Pero es el efecto levadura, sólo es apariencia: No pasa de los 1.500 habitantes. La ciudad que queda bajo la protección de los paredones de piedra apenas ha cambiado. Los dinteles de las puertas cantan sus fechas de nacimiento: año 1510, año 1615, 1649, pax 1751. Pero sí, tiene estación y tren.

Era septiembre de 2007. Ese fin de semana hice un maratónico Madrid-Soria-Pamplona-Baiona y desde allí en un viejo, quejoso y oxidado tren de dos vagones viajé hasta Donibane Garazi. 57 kilómetros en hora y media de recorrido. Ese tren que cose todos los pueblos del valle del río Errobi-Nive y embotona ojal por ojal 15 túneles e hilvana el recorrido sobre el río en dos puentes, es el único medio de transporte público que une la capital de la Baja Navarra con Baiona. Allí descubrí que aquel tren que daba la vida a todo el valle, que era el cordón umblical de todos aquellos pueblos, estaba en las últimas. Decían que en octubre de 2007 frenaría para siempre, pero seguía adelante. La SNCF (la renfe francesa) quería quitar esta línea.

Después de años amenazando con suprimir la línea y de enfrentarse a la resistencia de los viajeros, la SNCF halló el método de desahacerse de la línea: dejar que sean las centenarias traviesas de madera de la vía las que se pudran. El ferrocarril no se ha beneficiado de ninguna mejora en los últimos 60 años. El traqueteo de los vagones, ensordecedor, se mezcla con el tintineo de un centenar de tornillos que recitan un concierto de metal bastante preocupante. Todo el vagón se mece a un lado y a otro en las curvas y parece en ocasiones que va al trote por los brincos que pega. No obstante, recorrer esos 57 kilómetros de vía añeja merece la pena. El trazado de la vía es un calco del curso del río Nive-Errobi, que se retuerce y contonea siempre a su lado. Es un tren con complejo de salmón. Persigue y remonta el río desde su nacimiento en las montañas bajonavarras donde es un riachuelo en el que sólo hay ruejos, renacuajos y cubre hasta la rodilla hasta su llegada a la capital labortana, Baiona, donde es navegable y huele a salitre marino.

Así que allí comencé mi reportaje: aquel día conocí a Manuel Irigoyen, un divertidísimo revisor de la línea, a Christele Chirunberro, una de las usuarias del tren indignadas por su estado y empleada de la oficina de turismo en Baiona, a Maialen Oxandaburu, una anciana vigorosa que cuida de todos los peregrinos que cruzan los portones de la ciudad, a Elorri Uhalde, una joven que sin el servicio del tren estaría aislada en su pueblo o a Domenico, un italiano que acaba de caer allí para empezar el Camino de Santiago y ya tenía un pinchazo en la bici.

Era finales de agosto de 2008, casi exactamente un año más tarde, cuando regresé al mismo lugar y para hacer el mismo trayecto. Revisitar el tren, su recorrido y sus gentes.

Fue una pena porque no conseguí volver a ver a Manuel Irigoyen, a pesar de que le envié una carta. Pero visité a Christéle, a Maialen y a algunos otros. Se acordaban de mi y charlamos brevemente como si fuésemos viejos conocidos.

Esta vez conocí a Jean Pierre Etchegaray, otro tipo con un entrañable sentido del humor, jefe de estación de Garazi y teniente de alcalde en Arrosa muy concienciado con la situación de la línea de tren. Volver a este sitio y revisitar a las personas que aparecían en este reportaje me produjo una enorme satisfacción. Y mejoró bastante mi reportaje. Volver y revisitar es un gran placer periodístico. Uno tiene la sensación de que no está dejando huérfana a la historia

Ahora, mucho más tiempo más tarde. En 2009. Se ha publicado el reportaje. Podéis enteraros de qué es lo me dijo esta gente y seguir la historia si os interesa en un reportaje en el número 69 de mayo a junio de la revista El Mundo de los Pirineos, de la editorial SUA.

Bueno, dicho lo cual, creo que yo también vuelvo a la actividad bloguera. Que esto también si que está abandonado y en estado de descomposición.

P.D.: Por cierto, algunos de los ejemplos más brillantes del afán por volver que he vivido de cerca es quizás sea la lección que viejo y eternamente joven Josu Iztueta nos dio a Ander y a mí en Groenlandia hace exactamente un año. Se empeñó en volver al país de los esquimales 20 años después de haber cruzado en 1988 el casquete helado groenlandés, llevó en el 2008 una foto de una escuela de niños que había conocido hace dos décadas y se propuso buscarlos para ver qué era de sus vidas. Y los encontró. Esta historia: aquí.

09. 03. 2009

Una carrera para desempolvar el Sáhara

TINDOUF. (Argelia) | El 27 de febrero, en el destartalado y polvoriento puesto aduanero del aeropuerto militar de Tindouf, un policía argelino se reía de la navarra Maitane Chueca al escuchar las explicaciones de por qué llevaba una enorme piedra en la maleta. El agente vacilaba a la navarra: le sonaba a ciencia ficción que esta delgada mujer de pelo revuelto fuese la campeona de un maratón solidario celebrado en las entrañas del Sáhara, entre los campamentos de refugiados saharauis. Y más, que una rosa del desierto –una roca esculpida por los arañazos del viento sahariano—y una medalla fabricada con latas de conserva aplastadas fuese el premio de Maitane.

Lo cierto es que quedó primera en la clasificación femenina del primer maratón que ha corrido en su vida, el Sahara Maratón 2009. Fue la primera mujer en alcanzar la meta tras 42 agónicos kilómetros en mitad del desierto argelino. Uniendo con sus pasos los campamentos de refugiados saharauis de El Aaioún, Ausserd y Smara (que reproducen los nombres de las ciudades del Sáhara Occidental, “el Sáhara de verdad” que dicen ellos, abandonado por España y ocupado por Marruecos en 1976).

Junto a Maitane, cerca de 500 corredores de más de 20 nacionalidades diferentes han sudado en esta carrera solidaria celebrada el pasado 23 de febrero que persigue la meta de recaudar fondos y ayuda humanitaria para los refugiados. Y sobre todo, recordar al mundo el exilio de este pueblo: 200.000 saharauis continúan, después de 34 años, viviendo en una esquina del cuadriculado mapa africano prestada por Argelia en mitad de la hamada, un desierto que lejos de las dunas y los oasis es una descomunal extensión plana, achicharrada, vacía, baldía y pedregosa. El Sahara Maratón discurre por ese paisaje ocre y marciano desde hace nueve años organizado por dos asociaciones, una española y otra italiana, y medio centenar de voluntarios.

Para seguir leyendo… aquí.

Además de en LaVanguardia.es el reportaje se ha publicado (o será publicado en breve) en el Grupo Noticias (Diario de Noticias, Noticias de Gipuzkoa, Diario de Álava y Deia). Para leer la versión del Noticias de Gipuzkoa, aquí.

03. 02. 2009

Vanhæf ríkisstjórn!

Me decía Elvira Méndez que al reportaje que estoy escribiendo sobre cómo los islandeses han aprendido a levantar la voz y salir a la calle hasta tumbar a su gobierno a sartenazos le faltaba el ruido de los tambores y las cacerolas. Y el jaleo de la gente al grito de “Vanhæf ríkisstjórn!” (¡Gobierno incompetente! ¡Abajo el Gobierno!). Pues bien, hoy día como todos sabéis esto ya está superado por la técnica y desde que entramos en la facultad algunos maestros ya nos eseñaron que podíamos hacer una cosa llamada “reportajes multimedia”. Este ingenio de la humanidad aplicado al periodismo supone que le puedo añadir a mi reportaje esa música y soniquete de la “revolución de la sartén” islandesa. Así que ahí os dejo un vídeo de las manifestaciones del pasado sábado 24 de enero.

Elvira es una madrileña encantadora doctorada en derecho y que obtuvo una plaza como profesora de Derecho Internacional en la Universidad de Islandia. A ella y a Miguel, Jesús, Xabi, Lore y otras gentes que apesar de que sus apellidos no terminan en Sson ni en dottir viven en Islandia, les debo toda la ayuda que me han prestado estos días pasados y cómo me han ayudado a comprender cómo funciona aquel país. Me han llevado de la mano y me han recibido con un caluroso abrazo y una sonrisa. Muchas gracias a todos, de corazón. “Takk”, en islandés.



Protestas en Reikiavik – 24th of Jan 2009 from Caravinagre on Vimeo.

NOTA: Atención en este vídeo al energúmeno que aparece en el minuto 1’ 36” con una chaqueta verde entre medio del jaleo.

Aquí otro vídeo de los disturbios de la madrugada del día 22 de enero.

El 20 de enero 2.000 personas se encaran a la policía frente al parlamento, al que lanzan pintura, huevos y rompen ventanales. La imagen es insólita: la policía nerviosa no sabe cómo gestionar la situación, en 60 años no habían tenido ninguna carga policial. Veinte personas son arrestadas y otras veinte heridas leves.

Durante la madrugada del día 22, unos jóvenes prenden hogueras la plaza de Austurvöllur y la policía lanza gas lacrimógeno para disuadirlos. En Reikiavik no se recordaba nada así desde 1949, en las manifestaciones anti-OTAN. Para una nación sin ejército y con tantos habitantes como La Rioja (unos 320.000) es un shock. Al día siguiente, los manifestantes regalan flores a la policía en señal de paz. Los agentes terminan los turnos rodeados de ramos.



Disturbios en Reikiavik – NO COMMENT (Euronews) from Caravinagre on Vimeo.

01. 02. 2009

Islandia coge la sartén por el mango

Protestas en Reikiavik el 24 de enero de 2009

Los pacíficos islandeses han recuperado su embroncado carácter vikingo y han echado a sartenazos al gobierno que llevó su país a la bancarrota. Dieciséis intensas semanas de protestas han sacudido Reikiavik. Por primera vez la izquierda llega al poder de la arruinada isla y el Presidente de la República y los ciudadanos piden una nueva constitución, quieren refundar el país.

REIKIAVIK (Islandia). | Daniel Burgui Iguzkiza

“¡Viva la revolución!” decía con una gran sonrisa y en un atragantado español Grétar Eiríksson de 39 años mientras aporreaba una cacerola frente al parlamento islandés el pasado lunes. “He venido aquí a celebrar que por fin el gobierno ha caído” aseguraba. No importaba que estuviera lloviznando. En la plaza tiraban cohetes, petardos y fuegos artificiales. El Gobierno de Islandia se convertía así en el primero en ser tumbado por la crisis. Y las masivas protestas han sido su estocada mortal. Para los patrones políticos del que en 2008 era el país más desarrollado y pacífico del planeta las últimas semanas han sido, de hecho, una revolución: las manifestaciones masivas, los primeros disturbios y cargas policiales desde 1949, un gobierno conservador que dimite en pleno, los anarquistas prenden hogueras y coronan el parlamento con la bandera de una cadena de supermercados, una Primer Ministra abiertamente gay toma las riendas de la nación y por primera vez en la historia de la república la izquierda-verde llega al poder. Los islandeses han descubierto la presión social que pueden ejercer y han decidido coger la sartén por el mango.

Grétar Eiríksson, que ha visto reducida su jornada laboral a tan sólo cuatro horas y vive solo con sus dos hijas de 11 y 15 años, lleva 16 semanas acudiendo con rigurosa devoción a las manifestaciones que se han organizado en el centro de Reikiavik desde que en octubre el país sufriese el peor terremoto de su historia, no geológico sino económico. “Ahora tengo mucho tiempo libre”, comentaba Eiríksson con ironía. “No lo estoy pasando bien, no tenía grandes deudas pero tengo dos niñas que alimentar”. Le acompañaba su madre, una rechoncha jubilada islandesa afectada también por el azote bancario en las pensiones.

Hörður Torfasson recuerda que a las primeras manifestaciones frente al Parlamento apenas acudían 15 personas. Éste artista y escritor islandés es el cabecilla del movimiento ciudadano que organiza las manifestaciones. En aquellos primeros días de octubre la gente se paraba y les preguntaba qué estaban haciendo, cuál era el motivo de las protestas. “Es increíble pero hemos tenido que enseñar a los islandeses a manifestarse. No estaban acostumbrados” relata Hörður que es conocido por su activismo y militancia en el movimiento gay y que ha vivido gran parte de su vida en Dinamarca e Inglaterra. “Crear las primeras asociaciones gay en Islandia me costó más de cuatro años, organizar manifestaciones de verdad con la crisis ha costado un par de meses, no está mal para Islandia”, comenta jocoso.

Conforme pasaban las semanas y llegaban las facturas a las protestas comenzaba a acudir más gente. A los empleados de las sucursales cercanas, al lado del parlamento tiene sus oficinas Landsbankinn –uno de los tres bancos en quiebra-, les repartieron tapones para los oídos para que aguantasen el tipo. Los islandeses llamaron a sus protestas “la revolución de la sartén”. “Me recuerda a las caceroladas que hubo en Buenos Aires” comenta María Eugenia, una argentina que desde el año 2000 un poco antes del colapso de la economía en su país llegó a Islandia a estudiar, conoció a un islandés y se quedó. Estas Navidades ha sido su madre la que se ha acercado hasta Islandia. “Y gracias a sus billetes de avión hemos podido cambiar algunas coronas a dólares, si no muestras un billete de avión no te permiten cambiar la divisa. Es casi como lo que vivimos en Argentina cuando me casé y no pudimos sacar el dinerito que mi familia nos quería regalar”, relata.

El 10 de noviembre marcó el cambio del curso de las manifestaciones en Reikiavik cuando un joven anarquista trepó hasta el tejado del Alþingi (el parlamento islandés) quitó la bandera del país del mástil y la sustituyó por la enseña de la cadena de supermercados Bonus, los más económicos: una bandera amarilla con cerdo-hucha rosado sonriente presidía la fachada del parlamento más antiguo del mundo. La imagen noqueó a los islandeses. “Los políticos nos decían que no ocurría nada, que no era hora de buscar responsables, que era el momento de estar unidos y salir adelante. Al principio la gente les creyó, pero no podían lavarse las manos eternamente. Son los responsables de esto. Me dijeron personalmente que por mucho ruido que hiciésemos, eso no iba a mejorar nada”, cuenta indignado Hörður Torfasson.

Y de momento… hasta aquí puedo leer.

Es un trocito de parte del material que he elaborado y estoy elaborando sobre la crisis islandesa. La foto es de las masivas manifestaciones del sábado 24 de enero de 2009. Aterricé el 23 de enero viernes y me econtré con este panorama. Sin duda, una semana que forma parte ya de la historia de la joven república de Islandia y de la anquitísima colonia vikinga.

20. 01. 2009

Ya está

America's remake

Y digo yo… después de tanto fuego artificial… ¿empezará a currar algún día? Venga, al tajo.