Una novia para el paralelo 38
Jong Duk se presentó como Míster Li el primer día. Así le gusta que le llamen. Míster Li es un adolescente surcoreano extravagante, extrovertido y ruidoso. Apenas le vi un par de veces pero todo el mundo le conoce y sabe de sus andanzas. En todo el pueblo. Siempre lleva alguna gorra, sombrero o algo que le tape la cabeza. Su preferida es una gorra que pone “drunk” (borracho). El otro día llevaba calado un enorme gorro rojo de lana (de marinero) y unas gigantescas y viejísimas gafas –como de hace 30 o 40 años— con una montura y cristales descomunales que hacían que sus estrechos ojillos asiáticos pareciesen desproporcionados al otro lado de las lentes. Calza sobre los labios un bigotillo ligero, un poco más poblado que el de Cantinflas y suele vestir con americanas de colores con extraños escudos bordados en la solapa. Mr. Li es irremplazable.
Pese aparentar ser un tipo distraído y ausente, es suficientemente listo como para conseguir que le envíen desde Corea del Sur paquetes de tabaco (que allí es extremadamente barato comprado con los precios del Reino Unido) y ponerse a venderlos entre los estudiantes de Lewes. Luego el material debe ser infumable. Dicen los que fuman que está rancio, como pasado y tan apretado que es imposible darle caladas. Pero Mr. Li los vende bien baratos, y para el que tiene mono y necesidad, le da un poco igual y él sale ganado.
Estaba Mister Li en el trasiego de llevar varias cajas a su habitación y fumarse un pitillo cuando se sentó a charlar en un banco con sus compañeros de curso. Uno de ellos, otro adolescente alemán. Estaba yo también pasando por allí y me enchufé a la conversación.
—En tu país, que ahora está dividido, algún día pasará como en Alemania y se unificará. Ya lo verás. ¿A ti todo eso qué te parece? ¿Quieres que se unifique o te da igual?
Esperábamos que a Mister Li, pasota por naturaleza, le repampinflase un poco este tema, sin embargo, contestó así:
—Eso espero. Yo sí que quiero que Corea del Norte y del Sur vuelvan a ser la misma nación.
—¿Ah sí? Y, ¿por qué?
—Pues… por que las chicas de Corea del Norte son más guapas que las del Sur. Yo quiero una novia del Norte. Así cuando se reunifique el país, nosotros los del sur, seremos más ricos y seguro que hay muchas chicas del Norte que quieren ser mi novia.– Así. Se despacha a gusto y suelta una enorme carcajada, y cierora sus ojillos asiáticos. Pero lo dice convencido.
Un argumento demoledor. Una novia del Norte para unificar un país. Aunque no es un argumento con mucha talla diplomática, es lo que hay.
Nuestro amigo coreano, SangHo, que es más adulto que Mister Li, más maduro (a veces) y más escéptico, no cree que los dos estados se vayan a unificar. “Lo veo muy difícil y yo mismo no tengo ningún interés”, dice SangHo, que comenzó la carrera de Derecho en Seúl y ahora pretende estudiar Económicas en el Reino Unido. “Además es que a mí me parecen más guapas las chicas surcoreanas, eso de que las del Norte están más buenas es mentira”, sentencia SangHo.
“Pero, ¿has visto muchas norcoreanas?”, pregunto yo. “No muchas, la verdad, hay gente del Norte que consigue pasar la frontera y vive en el Sur. Esos son los norcoreanos que conocemos. Mucha gente tiene familia allí pero no se ven desde hace cincuenta años. A veces yo y mis amigos vamos al monte, cerca de la frontera con el Norte y allí se puede captar su radio y a veces también la señal de televisión norcoreana”, responde mi amigo SangHo. “¿Y qué se ve allí?”. “Bah, nada… ¡desfiles!, pero no son de modelos, militares, ¿eh?”, sonríe.
P.D.: En la imagen, un José Luis López Vázquez de Google con una novia del Norte. Parece sueca.
Actualización: Según publica hoy BBC Mundo —el servicio en español de la BBC británica—, Corea del Norte abrirá su frontera al Sur según un comunicado oficial del régimen de Pyongyang. ¡Quizás sea esta la oportunidad “refinitiva” de ennoviarse con una norcoreana y comprobar cómo está el asunto!














