06. 04. 2007

Tunicela

Tunicela. Unos dicen que es el sarpullido que sale al usar túnicas, otros que es un tipo de túnica antigua. Yo que la padezco desde hace semanas diré que es una fiebre y un anhelo desmedido por poner los pies en un pequeño país entre el Mediterráneo y el Sahara. El remedio a esta enfermedad: mañana mismo.

Me voy con además ‘osasunítico’ perdido, después de una victoria y un resultado de escándalo de los rojillos en la alemana ciudad de las aspirinas. Seguro que unos que yo me sé regresan de Alemania bien contentos pero con dolor de cabeza, a pesar de las aspirinas.

Un saludo.
Agur bero bat.

18. 01. 2007

Uno de esos días

Se acabó. Y con sentimientos encontrados. Navarra 2007 salió a la luz el martes 16 de enero. 5.000 ejemplares en la calle, casi escritos a mano, con el mismo mimo, con sudor y agujetas de tanto reírnos. Sin duda, un día muy feliz. Pocas veces podremos crear desde cero el trabajo que a nosotros nos apetece y nos apasiona. Y verlo, como ese domingo a las 4:30 de la madrugada, dar vueltas en la rotativa. Y olerlo, tinta fresca, ¡cuatricromía bendita! Y tocarlo, macharnos las manos. Intuir que es un momento de esos que quedarán para siempre. Cada una de sus 32 páginas tiene un trocito de nosotros. Provoca excitación y melancolía. Es una etapa que se cierra para siempre.

Una vez me hice una herida, se escapó una gota. Hacía apenas unos segundos estaba dándome aliento, recorriéndome rápido para darme vida, para excitarme, para emocionarme hasta llegar al corazón. Al pecipitarse y sumergírse en el agua del lavabo se hizo infinitamente pequeña, perdió color rojizo, y antes siquiera de llegar al fondo se diluyó. Desapareció.

Un día, dentro de quince años, en una carpeta vieja y azulona de 30 céntimos aparecerán unas páginas amarillentas y roídas. Nuestro suplemento.

Muchas gracias a todos, en esas noches sin día, y los que me habéis tenido que aguantar este tiempo. Incluidos los que habitan en Uharte y la Rotxapea.

Como bien dice nuestro director, hay momentos que no tienen precio, pero más allá de hacer buen periodismo (espero), lo mejor fue compartirlo.

P.D.: Y yo confundí humildad con memez y no aparecí en ‘La Foto’.

10. 01. 2007

Colores bilbaínos / Bilbokoloreak


Una bilbaína me insistía una y otra vez con el cuento cromático. Que si Bilbao era azul, que si todo estaba teñido de añil metálico, que existía un color que era el “azul Bilbao”, que era precioso, aunque las luces de navidad había que apreciarlas en la delicada frontera que está entre lo hortera azul de pueblo morcillero (cierto, las tripas de cerdo no están reñidas con la decoración) y el elegante azul cobalto de las metrópolis europeas. Conclusión: ‘cachondeo’ con el azul y con la duda más que razonable de la existencia de ese color bilbaíno.

Decidí comprobarlo por mí mismo. Propuse decentemente echarme un café con ella en el centro de la capital de Bizkaia. 28 de diciembre. Debió pensar que era la broma de los Santos Inocentes, pero a veces me asaltan estos planes absurdos de coger solo carretera y manta. Y dos horas de carretera. Y sin manta. Así que cuando aterricé en ‘la capital del mundo’ decidí que tengo que ver menos euskal telebista o que deben cambiar la programación, porque todo me sonaba demasiado. Aunque unos pasos más adelante de San Mamés le llamé para confirmar la cita y me di cuenta de que no tenía ni puñetera idea de dónde narices estaba, ni tenía un punto de referencia. Paseé por la ría, visité el museo marítimo y sitios que me hicieron sonreír varias veces.

Nos echamos ese café juntos. ¡Y vaya que si me lo eché! Un café comprometido que llevé media tarde tatuado en la ingle del pantalón vaquero y parte de la chaqueta. No achicharré a mis futuras generaciones de milagro. Pero no soy el único experto en eso. Creo.

Era un día espléndido, con esos soles que solo se soportan en invierno y aun calientan demasiado. Pasó un tranvía a mi lado, me avisó tocando la campana, pero no me quitó el susto y brinqué: Soy un poco Paco Martínez Soria, pero en versión navarra. Creo que llamé un poco la atención. Pero el resto del día conseguí pasar desapercibido. Me encanta disfrutar de tonterías como el metro, como un niño cuando le regalan su primer ‘scalestrix’ y es capaz de pasar una eternidad girando con el coche en las vueltas del circuito, yo me pasaría todo la jornada montado esos ferrocarriles subterráneos. Y en el puente colgante. Y en el bote gasolino. Y viendo el mar. Y paseando por lo viejo.

De pequeño creía que sólo existía aquello que yo había visitado. Contradiciendo aquello de que todo lo que tiene nombre existe, yo creía lo contrarío: Sólo aquel lugar que has visitado existe. Y en cierta medida existe sólo para ti, porque ese café derramado o ese lugar tan peculiar donde comer, o donde decir una tontería fabrica un recuerdo exclusivo. Así que fabriqué unos cuantos recuerdos de esos y estoy satisfecho. Hacía mucho tiempo que no me dedicaba sólo a eso. El buen humor y la vizcaína que me guió fueron un acierto.

Por supuesto, no encontré el azul Bilbao en las luces navideñas. Pero sí que tengo que rectificar, retirar los vaciles y confirmar que existe ese color “azul Bilbao” por toda la ciudad. Aunque debo decir a mi favor que la bilbaína se equivoca si piensa que ese es el único color de su ciudad, encontré muchos más. La foto de arriba, azul. La de abajo, unos pocos colores entre muchos otros. Las dos, dedicadas a Leyre.

01. 01. 2007

Bienvenido 2006

Para los amantes de las causas perdidas,
Bienvenido 2006.

Todo lo que trajo de bueno y se ha quedado sea bienvenido, y lo que trajo de malo y se ha instalado también tendrá que ser bien recibido. Todo lo demás, lo que pasó y no dejó huella que corra, limpio, hasta más ver. ¡Adiós! ¡Adiós para siempre!
Bienvenido sea el 2006, ahora que sabemos realmente lo que nos trajo.

Feliz año.

P.D.1: ¡Basta ya de txapelas! En las últimas cuatro entradas en este blog hay una media de 13 txapelas. O me patrocinan o comienzo a censurar los complementos de cabeza.

26. 12. 2006

Lo que calienta en invierno

Abro la bandeja de entrada. Más o menos los correos electrónicos de siempre. La publi de siempre y las zarandajas de siempre. Hace unas semanas, me enviaron un mail con una oferta de trabajo, pedían a alguien para hacer de Olentzero en un colegio de la comarca de Pamplona. Un trabajo y un encargo poco habitual. No contesté, aunque esbocé una sonrisa. En la postdata se pedía “cuidar la caracterización” y decían “no es cuestión de traumar a los niños”. Fue la primera pista para enterarme de que se acercaba la Navidad. La verdad, hasta que no llegó Nochebuena no fui totalmente consciente de que era así. Y eso que las señales se multiplican, el frenesí en las tiendas, el enorme árbol que colocó el ayuntamiento y al que le roban día sí y día también los regalos y decoración hasta donde alcanza el brazo más largo del pamplonés más alto.

En la villavesa (léase autobús público urbano) un grupo de jóvenes cincuentones, padres y madres de familia vestidos de caseros, apretujan a todos los pasajeros y comienzan a cantar villancicos. Un anciano hace el gesto feo de taparse las orejas. Mientras, la villavesa convertida en coche escolar desciende al ritmo de la pandereta y el ochote navideño. Estuve en Olentzero, una cabalgata, como la de reyes, emotiva. A los más menudos se les encienden los ojos de ilusión. Me dan envidia. Conozco apenas a una (quizás dos) persona adulta a la que se le incendian los ojos de esa manera cuando está emocionada por algo. Esas miradas fogosas de ilusión son las que calientan en invierno. Estoy tranquilo con el carbonero, porque le reconocí a principios de diciembre, de incógnito entre las calles de la capital navarra. No se lo dije a nadie, pero le fotografié a escondidas:

En realidad, estas fechas cada año se me antojan más melancólicas. El hielo azota al rocío mañanero y lo cristaliza, lo trasforma en un vidrio tajante. Así, con lo gélido todo se agudiza: alegrías y miserias. Así que me avergüenzo de tener ahora un recuerdo fugaz para todas aquellas personas que olvidé durante el año. Un día no remienda a todo un año. Hay que reconocer los errores. Amigos que se merecen un gran abrazo. Es duro pensar en las personas a las que no puedes decir “te quiero” porque ya no están. O más aun, a las que aun si hallar un motivo contundente para no decírselo, jamás se lo diremos. Insufrible.

Por eso, me tranquilizó ver a Olentzero en la calle. Vuelvo a dormir con mariposas en el estómago de inquietud, dando vueltas en la cama, y escribo en un papelito diminuto e íntimo lo que quiero decir y no dije. Esa es la carta que envío al carbonero. Espero que me ayude.

Por lo demás, me gustaría volver a hacer todo más sencillo, más inocente. Me gustaría coger de la mano a las personas que quiero y llevarles hasta ese último lugar del mundo, íntimo, que todos tenemos. Y descubrir allí nuestras miserias, nuestras verdades, bondades, sincerarnos y renacer. Y reír hasta el amanecer del año que viene.

Eguberri on denoi! ¡Feliz Navidad a todos/as!

P.D.: Los pasteles como este prometo no repetirlos. No me gustan. Y aborrezco los blogs así. Pero a todos alguna vez cocinando se nos va la mano con la sal, el azucar o la pimienta.

17. 12. 2006

Nadie es perfecto (I)

Ni siquiera los locos…

Un hombre carraspea, busca en el fondo de su garganta, intenta arrancar con dificultad como el motor viejo y desgastado de un tractor Ebro. El tipo es joven, pero tiene las flemas colgadas en las entrañas desde el pleistoceno. Después de pescar en las carnosidades profundas del gaznate, se pone el proyectil en la punta de la lengua, deja una pequeña abertura con los labios y… ¡zasta plast! Ahí se queda. En medio de la calle, casi al lado de mi pie. Da cuatro pasos contados y su perro, un chucho feo, chato, blancuzo, de orejas de cerdo, ojos pequeños y unas grandes ojeras rojizas se para de repente. Se sienta en medio de la acera y sorpresa. Otro detrito para la vía urbana. Parece que lo tenían programado dueño y mascota. El perro ha sido más sutil y más silencioso pero ha manchado mucho más. Alguno se llevará a casa el regalo.

Un domingo por la mañana cojo el periódico y me encuentro una errata en el subtítulo de mi noticia: ¡felicidades un sustantivo hermafrodita! Recuerdo de repente que hace poco se me olvidó felicitar el cumpleaños a alguien. Ayer a una compañera le llamaron a casa desde la redacción, se le había olvidado ir a trabajar. Yo la semana pasada viví dos jueves: el miércoles y el jueves fueron jueves. Pasé un día entero confundido de día: horarios y citas, todas al carajo.

Paseo cerca de mi hogar, un tipo me mira con cara de júbilo y me saluda. No le conozco de nada. Le devuelvo el saludo sonriendo. Pone cara de sorpresa, ¿una sorpresa desagradable quizás? Me mira frunciendo el ceño y pensando que estoy loco. Miro atrás, una muchacha también me mira así. El saludo efusivo no era para mí. Al poco rato, en el autobús un loco me saluda; a mí, al conductor y a la otra pasajera. Nadie le devuelve el saludo. Lleva una pequeña boina rodeándole el cogote, también una horrible chaqueta fucsia y azul de deporte de hace 20 años. La sonrisa bien grande y un retazo de piel por encima de ese huesudo cuerpo. Cruza la acera y vuelve a entrar al parque del psiquiátrico.

Otra maldita vez llegar tarde. La misma sonrisa forzada de inútil autocomplaciente. Pasan los días y se va hilando una pequeña trastada con otra, las cosas menudas son auténticos problemas. Una conversación, una discusión. Una voz más alta que otra. Una palabra que no debía ser pronunciada así, otra que no querías oír y la última que no debía que decir. Al final del día son demasiadas las ‘cagadas’ esparcidas a lo largo y ancho del recorrido. Lo sé. También es difícil saber cuando saludar a los locos, y quiénes son.

P.D.: Por cierto, a alguien se le olvidó pagar mi boleto de la lotería en el trabajo, así que me quedé sin nada. Sólo espero que no toque y creo que tengo más posibilidades que ellos.

03. 12. 2006

Día de Navarra - Nafarren Biltzarra

19. 10. 2006

Atravesar el cielo


El avión de Airnostrum de Noain, de hélices, una especie de avión de Indiana Jones.


Las ‘Colas’. (Aeropuerto del Prat de Barcelona)


Atraesando el cielo.

Los aviones que salen desde Noain son autobuses con hélices, pero he descubierto que me encantan. Es magnífico viajar tan rápido, aunque da pena, Navarra se hace pequeña muy rápido y desaparece instanteneamente en el horizonte. Navarra se acaba en apenas tres anacardos, de esos de ‘cattering’ de vuelo. Aunque es doloroso, sin lugar a dudas quizás sea más que oportuno vernos así: tan pequeños como un cacahuete en el mundo.

P.D.: Tenemos también reportaje con ‘friki fotos’ para todos los amantes de estas tonterías, (Javi y demás personajes). Por otro lado, son las tres de la madrugada y mañana tenemos que madrugar para ir al Congreso y aquí estamos poniendo tonterías. Algunos compañeros de habitación y de paseos valencianos me preguntan a ver porqué tecleo tanto y si estoy escribiendo las ‘memorias de África’. En fin, estamos bien por aquí en Valencia, aunque os recomiendo que no pidáis patxaran en estas tierras.