01. 12. 2008

La chufla del tiempo inglés

Uy, el tiempo inglés, qué miedo me daba a mi el tiempo inglés.

La gente me aborda y me dice por mail o por teléfono: “¿Pero qué tal por aquellas frías tierras? Buf, qué depresión debe ser aquello… ¿todo el día lloviendo, verdad?”.

Totalmente en desacuerdo. Os confirmo que el mal afamado tiempo inglés es una broma, una chufla. Mirad, mirad. Es el ejemplo de hoy 1 de diciembre, pero otros días también suele ser así. En Lewes, sol; y en Pamplona, lloviendo o jarreando, depende.

Lunes, 1 de diciembre de 2008. 13:45 horas GMT:


Lunes, 1 de diciembre de 2008. 18:15 horas GMT:

¿Y bien?

22. 07. 2008

Un pie detrás de otro

Rosie es una jubilada galesa de 61 años que en los últimos cinco años ha desgastado 49 pares de zapatos y ha rechazado 29 propuestas de matrimonio. Demasiados datos extravagantes para una madre de dos hijos y abuela de dos nietos. Rosie llegó el mes pasado a Scrabster, un pueblucho “al norte del norte” de Escocia y exclamó jovial: “¡Es fantástico volver a pisar suelo británico!”. Hacía cinco años que no estaba ni siquiera cerca.

Rosie Swale Pope decidió salir a dar un paseo matutino el día de su 57 cumpleaños, el 2 de octubre de 2003. Salió de su pueblo, Tenby, en el oeste de Gales y cogió literalmente carretera y manta con la pretensión de regresar a casa tras dar la vuelta al mundo a pie para recaudar fondos para la investigación contra el cáncer de próstata. Ésta enfermedad había matado a su segundo marido, Clive, un año antes. Para abril de 2004 ya había llegado a pie a Moscú y en septiembre de 2005 alcanzó el extremo este de Rusia, frente al estrecho de Bering. Pensaba realizar su paseo por el globo en unos 18 meses, mes arriba mes abajo, y estar de vuelta en casa. Pero, para entonces, el infierno blanco de Siberia y Alaska ya la había atrapado y el invierno empezó a retorcer su viaje.

La mayor parte de su periplo transcurrió por Rusia, atravesó el gigante país de cabo a rabo. Arrastró por toda la tundra siberiana su remolque: un artilugio que Rosie lleva enganchado a la cintura, una especie de triciclo-remolque de 13 kilos que hace las veces de tienda de campaña y portavíveres. Durante toda esta odisea siberiana, en la que esquivó gulags abandonados, coqueteó con la muerte: vadeó un río semi-helado, se encaró a un hombre ebrio que le perseguía con un hacha y una botella de vodka en cada mano (resultó ser un leñador, borracho, pero un leñador), fue acosada durante una semana por lobos siberianos y descubrió que sufría una doble neumonía cuando le chequearon en un hospital tras ser arrollada por un autobús. “He tenido la suerte de que me atropellen”, bromeaba en 2005 al descubrir su doble neumonía. Al borde de la desesperación, telefoneó a su casa desde la remota región de Yakutia y se planteó el imposible: abandonar.

El chofer del bus que la atropelló se ofreció a alojarla en su hogar hasta que se recuperase y a devolverla hasta el punto exacto en el que él interrumpió la aventura de la abuela galesa. Para que no perdiese ni un centímetro de itinerario. Rosie tomó la determinación de seguir adelante, aseguró que no por alcanzar una meta personal sino por recaudar dinero para caridad y añadió a su propósito inicial del cáncer, recaudar también fondos para los orfanatos de las regiones orientales de Rusia. Cuando por fin cruzó a América y creyó olvidar toda la pesadilla siberiana, tuvo que padecer en Alaska un invierno con temperaturas de -62º C. En octubre de 2006 llegó a Edmonton (Canadá) y un año más tarde, en octubre de 2007, entraba triunfante en la “Gran Manzana”. Paseaba feliz por Manhattan con su bandera de Gales a la espalda entre neones y anuncios de Mc Donnals y Sony. En EE.UU. padeció una nueva y más sigilosa amenaza, esta vez apareció un bulto en su pecho. Afortunadamente una biopsia reveló que no se trataba de nada grave y continúo su viaje por los caminos y también en diferentes televisiones. Incluso corrió la maratón de Chicago.

En enero de 2008 partió de Terranova, desde St. John, hacia Groenlandia. En Febrero cruzó Islandia de oeste a este y el 29 de mayo rondó las islas Feroe. Así, hasta desembarcar el pasado 18 de junio en la desmigada costa de las highlands escocesas. Rosie espera llegar a su casa de Gales hacia el 25 de agosto de este año. Aunque en los últimos 800 kilómetros que le quedan ha tenido alguna complicación muscular, ayer estaba a punto de cruzar la “muga” entre Escocia e Inglaterra. “Una de las grandes metas” del viaje según dice en la página web que su hijo actualiza todas las semanas (http://www.rosiearoundtheworld.co.uk).

A Rosie le confirmaron el otro día a su llegada que tiene el récord del mundo del viaje más largo alrededor del planeta, más de 32.000 kilómetros a pie en este viaje. A los que se suma su circunnavegación por parte del globo que hizo en los años 70. De hecho, su hijo nació a bordo del velero en el que viajaban. También en aquellos años atravesó parte del Sahara a pie y cabalgó más de 3.000 kilómetros por la costura montañosa de Chile, de norte a sur. También alcanzó fama y estupor cuando en los años 70 navegó desnuda por el Trópico con su primer marido, Colin, y su hija Eve.

Ahora esta abuela galesa espera escribir un libro cuando regrese a casa. De lo mejor del viaje, se queda con la aurora boreal y las propuestas de matrimonio. “Sólo en Polonia tuve una docena, la mayoría no me querían a mi, sino que querían mi carrito”, bromea. “El espíritu de este viaje era subrayar la importancia y el inestimable precio de la vida”, aseguraba al periódico The Times a su llegada. “He hecho una cosa realmente pequeña e insignificante, sólo poner un pie enfrente del otro”. Así resumió su mérito.

P.D.: Sí, Rosie es otra kivigtok.
p.D.2: Yo encontré esta historia leyendo The Times el mes pasado, podéis leer el reportaje aquí o consultar todas las noticias y vídeos que ha publicado la BBC desde que Rosie comenzó el viaje aquí.
Merece un clic (o más) ver el incio del viaje y el regreso en la BBC.

26. 06. 2008

El día que fui Messi

Son las seis menos cuarto de la tarde y está a punto de comenzar el entrenamiento del equipo de fútbol de Kulusuk, el TM-62. Esa misma tarde había visto un balón tirado en la bahía helada del pueblo y semienterrado en la nieve, señal de que el fútbol ártico es ligeramente diferente al nuestro. Y efectivamente, lo es.
En Kulusuk se juega al fútbol pero no hay campos de fútbol: el entrenamiento tiene lugar en una habitación, supuestamente la más grande del pueblo, pero la habitación de una casa al fin y al cabo. Con sus ventanas, su techo, las luces, sus radiadores y su entarimado de madera. Aunque siempre es mejor que tu saque de banda sea desde el calorcito del radiador que desde el mar congelado. Habrá que ver si el equipo se gasta más en ventanas o en balones

El “campo de fútbol” es la sala mayor de una casa que se utiliza como centro social en Kulusuk, de hecho los sábados y viernes por la noche esa cancha es también la discoteca-verbena, donde los jóvenes del pueblo organizan bailes. Fuera del edificio, en la fachada de láminas de madera verde descascarillada, cientos de grapas oxidadas sostienen anuncios, dibujos de los niños del pueblo sobre los males que provoca el tabaco, cartulinas que ilustran el poder destructivo del alcohol en Groenlandia (que no sólo disuelve y derrite la nieve sino también las familias y la vida de miles de inuits) o carteles de educación sexual (prevención de riesgos, utilización de anticonceptivos, alertas sobre el Sida y demás enfermedades…). Esta casa es el lugar donde tiran las horas muchos de los jóvenes del pueblo.
Dentro, el vestíbulo tiene toda la pinta de ser una “casa ocupa” o medio abandonada, un poco roñosa y dejada, con los bordes y las jambas de las puertas roídas y un poco podridas por la humedad. Unos cuantos dibujos y pintadas coloristas en las puertas y paredes dan esa imagen hippie y “okupa” del centro social. Colgando del techo, un escudo diminuto del equipo de fútbol de ganchillo. En la salita previa a la pista, un par de chavales se encargan de vender refrescos a precios razonables, detrás de ellos tienen una estantería llena de copas y trofeos que representan la pericia del TM-62 jugando al fútbol ártico.

Antes de que empiece el entrenamiento tiene lugar el trajín natural de los jugadores que se cambian de ropa y algunos curiosos que empiezan a llegar. De fondo se escucha el clic de una lata de refresco que se abre en el vestíbulo y a continuación retumba un eructo lejano. Tres chavales esperan a que empiece el entrenamiento rondándonos a nosotros y mirándonos, uno de ellos se hurga con pasión la nariz hasta tener que doblegar su falange y redoblar en dedo índice para alcanzar el fondo de su chata nariz esquimal, el otro que nos mira con extrema curiosidad al rato suelta una ligerísima ventosidad, un pedo, sin inmutarse. Nadie dice nada y aquí tampoco ha pasado nada. ¡Con este panorama cualquiera diría que este equipo llegó a ser semifinalista en el campeonato de Groenlandia!

Pero lo son y ser semifinalista supone un auténtico lujo sólo por el hecho de poder salir de su pueblo y poder conocer otras partes del país. Dicen ellos que un fallo del portero y un mal árbitro se conjuraron para apearles del campeonato… Aunque en inuit las palabras tengan dieciséis sílabas y una esquizofrénica combinación de consonantes seguidas hay excusas que suenan igual de universales en todas las partes del mundo.

A los chavales que nos miraban les hacemos gestos Ander, Josu y yo de chutes del balón, imitamos celebraciones de goles y les señalamos, asienten con la cabeza: van a jugar al fútbol. Nos hacen lo mismo y nos preguntan a su manera si vamos a jugar a fútbol con ellos, les decimos que sí. Se alegran.

Llega la hora de comenzar el entrenamiento y tienen que montar las porterías: hueco que queda entre dos pares de bancos largos de madera (no mucho más grande del tamaño de una portería de hockey, en el que ve en la imagen). Por curiosidad medimos el campo de fútbol a zancadas, calculando cada zancada un metro: unos escasísimos 16 metros de largo por 8 de ancho, menos de un área en un campo de fútbito o fútbol sala (de 40m x 20m). Les ayudamos con las porterías. Limpian un poco el entarimado y listo para jugar. La mayoría de los niños llevan camisetas de equipos de fútbol ingleses, aunque también tienen de otros sitios como la selección de Venezuela o de países latinoamericanos. La equipación es ecléctica.

El chaval con ventosidades nos pregunta de dónde somos. Les invitamos a acertarlo y ellos prueban erróneamente con todas las nacionalidades que se les ocurren: daneses, ingleses, alemanes, americanos, noruegos… Situar y dibujar en la mente de un crío de Kulusuk dónde está Pamplona, el mar cantábrico, los Pirineos, Francia, España o el sur de Europa es bastante difícil. Aunque lo dibujemos un mapa en el reverso de un envoltorio, son referencias tan lejanas y vagas para ellos como lo era Groenlandia para nosotros antes de viajar. Probamos con todo lo que se nos ocurre. Madrid, Barcelona…

¡Barcelona! Hay reacción. Les decimos que somos de “cerca de Barcelona”. “Messi, Messi, Messi”, repite el chaval. “Yes, Yes, Messi”, le decimos nosotros. “This is Messi” (“Éste es Messi”) dice Ander señalándome a mí de cachondeo. Pero conseguimos una reacción inesperada: los ojos de chaval cambian por completo, fuerza su achinamiento de ojos inuit y los abre como platos y con un fulgor de profunda impresión. Está visiblemente nervioso y emocionado. Muy emocionado. Conoce a Messi pero está claro jamás en su vida lo ha visto ni jugar, ni una foto suya, ni nada parecido. Cree que soy Messi. “No, no, no, I’m not Messi” intento aclarar. Intento deshacerme del embrollo. “Hombre,—dice Ander—, haberlo dejado estar para una alegría que se iba a llevar el chaval”. ¡¡Menuda responsabilidad, jugar a ser Messi en Groenlandia!!

Pasado el malentendido provocado, comienza en entrenamiento. A nosotros no nos dejan jugar y nos echan del campo. Comienzan a jugar un partidillo en dos equipos y se alinean en el mismo equipo adolescentes con niños pequeños, chicas y chicos, cojos, diestros o zurdos. Da igual. Incluso juegan el que se hurgaba la nariz y el del eructo lejano. Y pese a no haber visto nunca a Messi, ni a Ronaldiño, no lo hacen tan mal. Incluso tienen espectadores y espectadoras. Una de las espectadoras nos enseña un dibujo que ha hecho de un jugador del TM-62 de Kulusuk para regalarlo al final del entrenamiento. Margrethe Mikaela, la que firma el dibujo, es aficionada y fan del mejor equipo de su mundo, el TM-62 de Kulusuk.

P.D.: Siento el silencio de tantos días y el texto tan largo, pero es que por motivos de trabajo he estado hasta arriba y he tenido que robar tiempo al sueño para actualizar el blog. Habrá más historias de fútbol ártico, como un partido en una pista de aeropuerto. Aprovecho así la Eurocopa y el descubrimiento de Ander de que al blog dan visitas el fúrgol y los penes.

P.D.2: La foto es del entrenamiento en un descanso. Para ver más fotos, aquí.

17. 05. 2008

Balas, compresas y galletas caducadas

La cesta de la compra en el supermercado de Kulusuk es muy rara. En una estantería lo mismo están apiladas juntas las dos únicas marcas de compresas y cervezas, enfrente un traje horterísimo de caballero (americana de cuadros de tela apelusada) colgado de un maniquí y los tarros de mermelada y dos pasillos más al fondo emergen las bocas de seis escopetas que están a la venta. En una vitrina junto a la entrada puedes conseguir tallas de hueso de foca, candados, bombillas, pilas y balas de todos los calibres posibles. Y esto es así porque todo lo que puedas conseguir en Kulusuk está en ese comercio.

Cuando a alguien le hacen la típica pregunta de qué te llevarías a una isla de desierta, hay que dejar de imaginarse un paraíso caribeño y comenzar a pensar en Kulusuk; que aunque no está desierto está colgado en el fin del mundo: Un islote de rocas graníticas de 63 kilómetros cuadrados, el que no crece ninguna especia arbórea, sólo el musgo se atreve a brotar, y en esta época del año está desconectado del resto del mundo (el mar no es navegable porque se está comenzando a descongelar ni es lo suficientemente estable como para correr con trineos). Pues bien, el supermercado de Kulusuk no sólo responde a esa hipotética pregunta sino que la lleva a la práctica.


Pilersuisoq
es el nombre de la cadena de supermercado que opera en Groenlandia y pueden sacar pecho y decir que es la empresa con la logística de abastecimiento más estricta y eficaz del mundo. Un barco llega a Kulusuk en julio y deja todos los alimentos, provisiones y materiales que necesita la aldea hasta julio del año siguiente. Y fin de la logística y el abastecimiento. Salvo una grave emergencia en la que será posible traer algo de Tasiilaq (el pueblo vecino) o en avión desde Islandia o Dinamarca, el almacén del supermercado no vuelve a recibir nuevas cajas. Afortunadamente no crecen las telarañas en las estanterías de su despensa porque en Kulusuk apenas viven insectos.
La señora que despacha la caja del comercio y el hombre que se encarga de la oficina de correos (comparte edificio con la tienda) son los encargados de controlar cómo, cuándo y de qué manera se van dispensando los alimentos, sacando al público y se van gastando. ¡Menudo trabajo el del reponedor o el del que hace el inventario en ese mercado! Tienen la responsabilidad de abastecer a toda la aldea durante todo el año.

Las ofertas comienzan cuando los productos vencen la fecha de caducidad. Hay que saber que los productos alimenticios o de higiene están de oferta en Pilersuisoq cuando empiezan a estar rancios, sólo entonces se les rebaja el precio. Los productos frescos como fruta o huevos llegan con cuentagotas (y supongo que será lo único que aterriza en avión de vez en cuando) y por supuesto son de lo más caro, una pieza de fruta (que no el kilo) vale un poco más de un euro. Sin embargo, la cerveza Tuborg o Calsberg es bastante barata, unos ochenta céntimos de euro, mientras que los yogures valen siete euros. Así que la mayor parte de la bodega de ese barco que abastece la isla una vez al año será propiamente una bodega debido al saque que tienen los esquimales del este de Groenlandia. Todos los días hay pan, apenas una docena de barras de molde que se descongelan y hornean en el día, cuando se acaban no sacan más. Hay que racionar para el día siguiente.

Y si algo podría ser el emblema de la supervivencia de este islote ártico, además de la caza de focas y la pesca en el fiordo, deberían ser las latas de conservas. El invento de la rueda o la revolución industrial no sé cuánta repercusión habrán tenido en esta aldea, pero el meter alimentos en un trozo de latón al vacío cambió sus vidas. A mí siempre me había fascinado ver que hay conservas que caducan diez años más tarde, pero en esta aldea subártica la fascinación se convierte en salvación. Casi todo lo que se vende en esta tienda necesita de un abrelatas previo a su disfrute.

El supermercado sólo tiene cuatro calles muy pequeñitas, un almacén en la buhardilla y otro más grande en la parte trasera. El suelo es de cemento y al entrar da la sensación de estar en un garaje, el recinto no es mucho más grande que seis plazas de párking de cualquiera de nuestros hipermercados.

Así, una típica cesta de la compra de Kulusuk puede ser un paquete de galletas caducadas, una buena pila de latas de conservas, compresas y dos cajas de balas del calibre 22.


Espejo de la tienda, el traje hortera en primer plano y la mermelada al fondo.


La conserva, un invento que revolucionó Kulusuk.

P.D.: A nosotros unas extrañas latas de pescado (¿atún?) con tomate, pan y galletas nos salvaron nuestra estancia en Kulusuk.

16. 04. 2008

Son mapas

Resuelvo el misterio de las piezas de madera que os propuse el otro día para ejercitaseis vuestra imaginación e intentaseis adivinar qué diantre eran y para qué servían. Pues bien, son MAPAS.

Sí, es un mapa inuit grabado en madera, los originales se encuentran en el Museo Nacional de Groenlandia, en la capital de esta descomunal isla ártica, Nuuk. Es un mapa táctil, sin duda una de las piezas más versátiles que ha inventado el ser humano.

Si os fijáis (lo siento pero es la única foto que encontré en Internet) las muescas realmente representan la silueta de la línea de costa groenlandesa, es el perfil de las montañas, los islotes, las playas y demás. Es un mapa icónico, es más un símbolo que un mapa fiel y representativo del relieve del horizonte costero. Pero muy útil.
Así, los esquimales llevaban estos mapas dentro de sus manoplas e iban palpando los bultos de su plano costero y viendo si coincidían con el perfil de la costa, son mapas bastante precisos a su manera y de lugares muy concretos. Su versatilidad es impresionante ya que este mapa se puede consultar a oscuras, es muy resistente y si se te cae al agua… flota.

Eso sí, hay que trabajarse mucho la actualización (hala, ahí a tallar como locos) si desaparecen de la costa uno o dos icebergs.

Prometo que no lo he leído en ninguna Wikipedia, sino en un libro de semiología (que según la RAE es el estudio de los signos en la vida social) para publicistas, de mi compañero de piso. En la introducción de este libro exponen algunos objetos como estos y nos demuestran como el hombre (y la mujer) han sido capaces de desarrollar artilugios como éste y darle un sentido y utilidad que en otras culturas nos parecerían inimaginables. Es un buen ejercicio de imaginación y comprensión de otras realidades.

Esas extrañas piezas de madera, son el testigo del afán del ser humano por adaptarse a unas durísimas condiciones climáticas y de vida (no poder sacarte las manos por peligro a congelarte o poder orientarte con una terrible ventisca sin mirar un mapa) y de inventar y utilizar su ingenio para salir adelante. Un buen mapa.

¿Sorprendidos/as?

14. 04. 2008

Ejercicio de imaginación: ¿Qué es?

Propongo un juego de imaginación. Intentar adivinar qué son estas piezas de aquí arriba.
Mi primera pista es que son de madera.

¿Alguien sabe qué son, para qué, de qué se trata o si tienen alguna utilidad conocida?

Ánimo.

10. 01. 2008

Esto ya no es lo que era

esto ya no es lo que era

La foto, una noche temprana y reciente en Madrid. Sus Majestades, dándose un homenaje. No parece una costumbre ajena.

Al hilo de esto, una selección de las mejores fotos del año a lo largo y ancho del mundo:

En National Geographic
El fotógrafo viajero del año
Las de la agencia Reuters
Las de AFP
La de Unicef

19. 12. 2007

El salvavidas

Yura

A Laika lo mismo le daba ver el mundo a través de un ojo de buey cósmico que desde una casetucha para canes. A Yura no. 108 minutos de vuelo extraterreno en la escasa cabina del Vostok colgado en la ingravidez podían ser toda una vida. Sus padres, granjeros, no entendían mucho de esto, pero lo peor era que los altos mandos, ingenieros, científicos y el propio Yura tampoco. Desconocían los efectos de la ingravidez. Los perros cosmonautas nunca se dignaron a contestar, salvo a ladridos, a cerca de qué sintieron allá arriba. A los que volvieron enteros, no les explotó el cráneo, no se les encogieron los pulmones, no se les heló la sangre. Esa era la única garantía.

La cabina esférica apenas tenía más de dos metros, una pequeña bola que se podía convertir en una gran bola de fuego. Yura fue seleccionado por su inteligencia y astucia, su fuerza física y fortaleza psicológica. No obstante, no pudo evitar pensar en los funerales de estado que se ofrecieron a Laika. La perra nunca volvió. Y Yura era el primero de su especie en intentarlo.

Vio empequeñecer muy rápido la URSS, también a Europa y en unos instantes estaba ya en órbita. Entonces entró en un éxtasis contemplativo. Cuando se iba a iniciar la operación de retorno a la Tierra, retorno que nadie le había garantizado, Yura pensó en los yanquis. En sus medidas de seguridad, en sus planes B y C. Sintió traicionar a su patria con el pensamiento. Así que buscó entre el equipaje, las viandas, y el material de abordo su seguro de vida. El plan B y C que había preparado su país si algo salía mal, el material de salvamento.
La cabina comenzó a tambalearse y se preparó para ser engullida por el azul de la atmósfera. Tanteó, mientras miraba de frente a África, una cajita blindada de color negro, la abrió. Encontró allí su salvavidas. La abrazó muy fuerte por el cuello con todos los dedos de la mano y evitó que tintinease más: una botella del mejor vodka ruso. No la llegó abrir.

P.D.: Dedicado a éste héroe, Yuri Gagarin, el primer hombre en el espacio… y vivo. Y también al hilo de que hoy nos han dado la cesta de Navidad en la empresa: hay bastante alcohol y un libro.