Un haiku gabacho y decimonónico
“Por la noche me he paseado por las murallas, solo y pensativo. Hay días en la vida que remueven en nosotros todo el pasado. Estaba lleno de ideas inexpresables. La hierba de las contraescarpas agitada por el viento silbaba débilmente a mis pies. Los cañones pasaban sus cuellos entre las almenas como para mirar el campo. Las montañas del horizonte, difuminadas por el crepúsculo, habían cogido unas formas magníficas; el llano estaba oscuro; el Arga, rizado por mil reflejos luminosos, se deslizaba entre los árboles como una culebra de plata.Al pasar por delante de la entrada de la ciudad, he oído el chirrido de las cadenas del puente levadizo y la sacudida sorda del rastrillo que caía. Acaban de cerrar la puerta; en aquel momento salía la Luna. Entonces, perdonadme el ridículo de citarme a mí mismo, estos versos que escribí hace quince años me volvieron a la mente:
Siempre dispuesta para el combate, la oscura Pamplona
antes de dormirse bajo los rayos de luna,
cierra su cinturón de torres”.
12 de agosto de 1843.
Los Pirineos, de Víctor Hugo.
P.D.: En la imagen, el portal de Francia o de Zumalacárregui, que tiende de forma perpetua un puente levadizo de madera. Este portón ya no se cierra por las noches y deja abierta, indefensa, por el norte la ciudad. La fotografía la tomé ayer mismo.












Claro, así entran los bárbaros de Chantrea y La Rochapea… Espero que ese par de centinelas borrosos pamploneses te dieran una buena tunda.
Anderín, en ese librito de Víctor Hugo hay un capítulo entero dedicado a Lezo. No sé si has leído el libro, es muy interesante. Son correspondencias del escritor en las que envía crónicas desde los Pirineos. Regresa al País Vasco después de haberlo visitado de niño y cuando era jovenzuelo. Hay detalles muy bonitos e interesantes.
Dice que somos unos “pesados” que siempre estamos en guerra y que Pamplona ha sido asediada y bombardeaba cientos de veces (recién se habían terminado las guerras carlistas) y como parece que es costumbre, recomienda al primer hombre que bombardee Pamplona en la siguiente vez que destruya el nuevo teatro que estaban construyendo (¿el Gayarre?) porque era horrible. Esas y otras lindezas: descripciones de mercadillos, de zagales navarros, la carretera “que culebrea” de Pamplona a Tolosa (la describe un poco como Potosi-Uyuni), y hasta reproduce los cartelones de los comercios (“Saturnino ropero”, “Fermín sastre”... ¡Dice que estos dos nombres están hasta en la sopa!).
Hay una leyenda urbana que dice que Victor Hugo quedó traumatizado cuando a las afueras de Vitoria vio el cuerpo descuartizado (¿o simplemente colgado?) de un paisano represaliado por los franceses. Dicen que fue un episodio que marcó su vida.
¿Hay alguna referencia en el libro?
Iker, siento decepcionarte. En este libro al menos no hay ninguna referencia a Vitoria. En este libro va desde Burdeos hacia Bayona, Pasajes, Donosti, Tolosa, Pamplona y luego regresa hacia Pau, Cauterets y el Pirineo francés.
Pero es posible que sea en otro libro. Creo que en sus memorias habrá alguna anotación sobre Vitoria. En la infancia, en 1811 en plena guerra de Independecia, Victor Hugo, sus dos hermanos y su madre atravesaron Francia y España camino de Madrid para reunirse con su padre, militar francés, gobernador de España y fiel de José Bonaparte. Años más tarde, acosados por las tropas británicas y españolas huyeron el Rey afracesado José I, ellos y otros altos mandos en un enorme convoy hacia Francia. El convoy fue sorprendido en… Vitoria.
En estas descripciones de viajes, Víctor Hugo es sincero, sarcástico y detallista. Así que me creo lo del ahorcado.
¿Leyenda urbana o verdad? Algún día lo sabré. Joder, parezco Iker Jiménez.
Y una anécdota curiosa. En la niñez fue amigo de la hija de la marquesa de Montehermoso. La tal marquesa se “beneficiaba” a José Bonaparte en sus aposentos de Vitoria mientras el marido miraba para otro lado y ascendía en la corte. Con la guerra de la Independencia se les acabó el chollo.
Qué vergüenza, dos periodistas serios como vosotros deslizándoos por el periodismo más rosa, amarillo y rojo. Ahorcados, descuartizados, cornudos… Sois “El Caso” del siglo XIX.