17. 08. 2009

Una novia para el paralelo 38

Jong Duk se presentó como Míster Li el primer día. Así le gusta que le llamen. Míster Li es un adolescente surcoreano extravagante, extrovertido y ruidoso. Apenas le vi un par de veces pero todo el mundo le conoce y sabe de sus andanzas. En todo el pueblo. Siempre lleva alguna gorra, sombrero o algo que le tape la cabeza. Su preferida es una gorra que pone “drunk” (borracho). El otro día llevaba calado un enorme gorro rojo de lana (de marinero) y unas gigantescas y viejísimas gafas –como de hace 30 o 40 años— con una montura y cristales descomunales que hacían que sus estrechos ojillos asiáticos pareciesen desproporcionados al otro lado de las lentes. Calza sobre los labios un bigotillo ligero, un poco más poblado que el de Cantinflas y suele vestir con americanas de colores con extraños escudos bordados en la solapa. Mr. Li es irremplazable.

Pese aparentar ser un tipo distraído y ausente, es suficientemente listo como para conseguir que le envíen desde Corea del Sur paquetes de tabaco (que allí es extremadamente barato comprado con los precios del Reino Unido) y ponerse a venderlos entre los estudiantes de Lewes. Luego el material debe ser infumable. Dicen los que fuman que está rancio, como pasado y tan apretado que es imposible darle caladas. Pero Mr. Li los vende bien baratos, y para el que tiene mono y necesidad, le da un poco igual y él sale ganado.

Estaba Mister Li en el trasiego de llevar varias cajas a su habitación y fumarse un pitillo cuando se sentó a charlar en un banco con sus compañeros de curso. Uno de ellos, otro adolescente alemán. Estaba yo también pasando por allí y me enchufé a la conversación.

—En tu país, que ahora está dividido, algún día pasará como en Alemania y se unificará. Ya lo verás. ¿A ti todo eso qué te parece? ¿Quieres que se unifique o te da igual?

Esperábamos que a Mister Li, pasota por naturaleza, le repampinflase un poco este tema, sin embargo, contestó así:

—Eso espero. Yo sí que quiero que Corea del Norte y del Sur vuelvan a ser la misma nación.

—¿Ah sí? Y, ¿por qué?

—Pues… por que las chicas de Corea del Norte son más guapas que las del Sur. Yo quiero una novia del Norte. Así cuando se reunifique el país, nosotros los del sur, seremos más ricos y seguro que hay muchas chicas del Norte que quieren ser mi novia.– Así. Se despacha a gusto y suelta una enorme carcajada, y cierora sus ojillos asiáticos. Pero lo dice convencido.

Un argumento demoledor. Una novia del Norte para unificar un país. Aunque no es un argumento con mucha talla diplomática, es lo que hay.

Nuestro amigo coreano, SangHo, que es más adulto que Mister Li, más maduro (a veces) y más escéptico, no cree que los dos estados se vayan a unificar. “Lo veo muy difícil y yo mismo no tengo ningún interés”, dice SangHo, que comenzó la carrera de Derecho en Seúl y ahora pretende estudiar Económicas en el Reino Unido. “Además es que a mí me parecen más guapas las chicas surcoreanas, eso de que las del Norte están más buenas es mentira”, sentencia SangHo.

“Pero, ¿has visto muchas norcoreanas?”, pregunto yo. “No muchas, la verdad, hay gente del Norte que consigue pasar la frontera y vive en el Sur. Esos son los norcoreanos que conocemos. Mucha gente tiene familia allí pero no se ven desde hace cincuenta años. A veces yo y mis amigos vamos al monte, cerca de la frontera con el Norte y allí se puede captar su radio y a veces también la señal de televisión norcoreana”, responde mi amigo SangHo. “¿Y qué se ve allí?”. “Bah, nada… ¡desfiles!, pero no son de modelos, militares, ¿eh?”, sonríe.

P.D.: En la imagen, un José Luis López Vázquez de Google con una novia del Norte. Parece sueca.

Actualización: Según publica hoy BBC Mundo —el servicio en español de la BBC británica—, Corea del Norte abrirá su frontera al Sur según un comunicado oficial del régimen de Pyongyang. ¡Quizás sea esta la oportunidad “refinitiva” de ennoviarse con una norcoreana y comprobar cómo está el asunto!

11. 08. 2009

Una pancarta revejida

En algún rincón de la casa de Pauline Smith estaba escondida aquella pancarta.

Llevaba 30 años esperando a sacarla de nuevo. La pancarta estaba revejida: hecha vieja antes de tiempo, porque a Pauline le valía a las mil maravillas. Le dio unos cuantos toques nuevos y como no debió encontrar ningún palo decente antes de salir a la calle le colocó lo primero que tuvo a mano: un plumero. Que le hacía las veces de mango y seguro que se cansaba menos.

Cuando localicé a Pauline estaba en medio de la jaleante y alteradísima multitud, sacándose unas fotos con unas chicas anarquistas. La verdad es que la señora tiene una cara de adorable que no puede con ella. Si estuviese un poco más vigorosa teníamos que haberla puesto frente a los centenares de policías antidisturbios repartiendo galletas y vasos de leche. A ver si se calmaba el asunto.

A pocos metros de Pauline unos jóvenes manifestantes rompían y atacaban una sucursal del Royal Bank of Scotland y los primeros disturbios y cargas policiales brotaron entre la multitud. Era el 1 de abril de 2009 en la city londinense (el centro financiero de la ciudad), estábamos en la esquina del Real Banco de Inglaterra en mitad de la marea humana que protestaba contra la cumbre del g20 y la descomunal crisis que azota a medio mundo (al otro medio no sabemos aún si le azota o no, porque como, total, es de esa otra mitad de la que nunca tenemos noticias… ¡pues plim!).

Pauline Smith tiene 70 años y llamaba la atención verla entre el gentío, eminentemente juvenil, de la manifestación. Mucha gente se sacaba fotos con ella y con su pancarta, que según me contó tenía unos 30 años. La utilizó en eventos contra la guerra de Vietnam, por ejemplo. En el cartel aparecía el dibujo de un globo terráqueo amenazado por diferentes marcas multinacionales (como Mc Donalds, Shell, Disney, Coca-Cola, Pepsi, Esso, Tesco, etc.), también unos cuántos misiles nucleares apuntaban hacia la Tierra, en ellos se podía leer USA, Rusia o India-Pakistán. Adornaban la ilustración unos símbolos de euros, yenes, libras y dólares sangrantes y nombres de conflictos como Afganistán o Irak.

La anciana, que había sido una antigua lollipop (unas señoras que sostienen un cartel en los pasos de cebra y dan o niegan el paso a grupos de peatones, especialmente niños) tenía callo sosteniendo pancartas, revelaba el que era según ella secreto ácido y triste de su pancarta: seguía en vigor. “Las multinacionales que explotaban hace años son las mismas no han cambiado y respecto al resto… sólo ha bastado con hacer algunas modificaciones”, explicaba. Así donde antaño ponía “URSS” plantó con rotulador “Russia”. Puso unas cuantas pegatinas encima para tapar algunas cosas del pasado y sustituirlas por las del presente, en vez de Vietnam, Afganistán o Irak. Y listo.

Me dijo que seguiría sacando la pancarta hasta que las cosas cambiasen un poco. Para recordar a la gente que los problemas siguen siendo los mismo que hace años. ¿Por qué estaba en las manifestaciones? “Pues porque había que protestar contra los bancos, los banqueros y el sistema que nos había traído a esta situación de desigualdad mundial y crisis”, explicaba. “Es cierto que a mi hijo no le hacía mucha gracia que viniese, pero como ni él ni mis nietos podían venir hoy porque tenían que trabajar y estudiar, pues vengo yo en vez de ellos, de parte de los familiares que no pueden venir a protestar. Es un compromiso social”, apuntaba con rotundidad.

Al dorso de su pancarta se leía algo así como: “Erradiquemos la pobreza”. Lo cierto es que antes de hablar con ella yo la había visto asomando la cabecita y agitando la pancarta dentro del cuerpo de la manifestación y estaba sufriendo por ella. “Bueno, la gente ve que soy mayor y me respeta, sí que me da un poco de miedo que me empujen, pero estar aquí rodeada de tanta gente joven me da vigor y energía. Esto es lo que tenía que hacer”, aseguraba.

Charlamos un poco más, me preguntó de dónde venía yo, qué hacía y demás. Se sacó un par de fotos más con algunas muchachas. Era adorable todo el mundo quería hablar con ella, así que enseguida me despachó. ¡Se iba a perder el ritmo de la marcha que seguía avanzando calle abajo!

P.D.: Aquí os dejo un pequeño vídeo que elaboré con diferentes fotografías que saqué en las manifestaciones del G20. ¡Amenizado con el ritmo de los Sex Pistols!


Anarchy in the UK - G20 protests in London from dburgui on Vimeo.

10. 08. 2009

Nueva Ultzama del Norte

A las seis y media de la mañana el sol empezaba a despuntar y a pintar de verde y ocre por el este los primeros paisajes escoceses. Al sur de Escocia, al norte de Inglaterra, justo antes de entrar a Glasgow. Al ver el panorama que comenzaba a iluminarse en la ventanilla era como enchufar las luces de un estadio de fútbol: uno entiende perfectamente porque fue aquí donde inventaron el “balompié”, el rugby y el golf. Sólo necesitaban el balón y echarlo a rodar por cualquier pradera. No pueden ser más verdes estas tierras. Salvo por las prominentes boñigas y cagarrutas del ganado dan ganas de tirarse a rodar por esos mullidos céspedes naturales.

Escocia está a la misma altura que Terranova y la Isla de Labrador en Canadá, esto es una advertencia para los viajeros sobre la feliz latitud a la que se encuentra este país. De hecho, en esa misma costa canadiense los escoceses bautizaron a un estrecho y desmenuzado trozo de Canadá como Nueva Escocia. Si estos prados que están a 30 kilómetros al sur de Glasgow no fuesen de nadie, los podríamos bautizar los navarros errantes, como yo, como “Nueva Ultzama del Norte”.
La Ultzama es uno de los valles pre-pirenaicos de Navarra, el más alto de la vertiente mediterránea y que se estira como una longaniza desde el dorso de la capital foral –tras el monte Ezkaba, al norte de Pamplona- hasta el valle de Baztan. Si algo tiene la Ultzama (además de sus exquisitos quesos, cuajadas y leches) es un verdor único.

Quiero imaginar que a vista de pájaro el valle se ve como un descomunal traje de rociera: una larguísima falda verde con pliegos ondulados salpicada por millares de lunares blancos, que serán los infinitos rebaños de ovejas que pastan allí. Al igual que esas zonas escocesas, la principal actividad aquí es la ganadería. Dicen que en Escocia siempre hubo más ovejas que habitantes. Lo que sí es cierto es que los escoceses sólo habitan un 3% de su territorio, el resto: campos, montañas y 800 islas deshabitadas.
Esos mismos aldeanos escoceses que se aburrían llevando a los rebaños inventaron el golf en el siglo XV. Un deporte tan simple que obedece a un estúpido impulso humano (o más bien masculino, infantil y un poco animal) básico como es golpear piedras redondeadas con el primer palo que esté a mano. Así se entretenían haciendo carreras entre ellos para mandar más lejos el ruejo, quién le pegaba una pedrada a algo y más tarde a meter la piedra en diferentes hoyos.

Es obvio que el primer campo de golf que cruzó el canal de la Mancha desde las Islas Británicas hacia el continente europeo debía emplazarse un lugar que como Escocia tuviese verdor permanente. Así que ahí, a escasos kilómetros de Navarra, en la capital de bearnesa de Pau, en plenos Pirineos, nació el Pau Club de Golf en 1856. Aunque la primera vez que se jugó en los Pirineos a este deporte fue en 1814. Fueron unos oficiales escoceses que acompañaban a Wellington en las campañas napoleónicas y nunca se separaban de sus palos de golf.

En 1965 el golf llegó también a la Ultzama navarra. Y hoy este campo es otro de los emblemas del valle, uno de los mejores del sur de Europa. Nació sorprendentemente con un objetivo bondadoso: el pueblo de Guerendiain se estaba despoblando y la diputación foral estaba preocupada. Se les ocurrió construir un campo de golf allí mismo para atraer gente al pueblo. El valle alquiló varios terrenos por un plazo de cien años. Y mediante inversiones de empresarios y las tres únicas personas que habían jugado al golf en Navarra por aquel entonces (Carmelo Lizarraga y sus hijos, Carmelín y Jose Luis) creció el campo.
A diferencia de los carísimos clubs de golf de la costa mediterránea y Madrid, en la Ultzama por aquellos años apenas se regaba y en el valle no se concebía invertir en simiente para el campo. ¡Si siempre estaba verde! Cuentan en la web del club que varios jugadores catalanes se llevaron muestras de hierba de la Ultzama porque “era de un color verde más intenso que el que ellos tenían”.

Pero hay algo aún más inquietante en los orígenes de la Ultzama que la conecta directamente con la nación de las gaitas y los hombres con faldas. Son las raíces celtas del valle. Y es que según parece el propio nombre del valle es un derivado vasco de la palabra celta “Uxama”, que significa “el más elevado”.

Nueva Ultzama del Norte es una valle tan largo que termina en “Nuevo Bilbao” o Glasgow, una ciudad que durante décadas fue gris, tristona y que sólo descansaba cuando sonaba el silbato que marcaba el cambio de turno en las fábricas. Llegamos a la estación de autobuses de Glasgow. Nada más bajarme, tras 11 horas cruzando Gran Bretaña, me da la sensación de que estoy por primera vez en meses como en casa. Plantamos la bandera de la conquista: ¡Nueva Ultzama del Norte! Ultzama Berria!

P.D.: En la imagen, algunos paisajes escoceses de Nueva Ultzama.