10. 02. 2009

El último viaje de Agustín Egurrola

Nunca llegué a conocer a Agustín Egurrola, pero su historia, su vida y entusiasmo es de las que se contagian muy rápido.

Agustín nació en 1933 en Etxebarría, un localidad de Bizkaia, donde aprendió en un ambiente rural inglés y francés, siendo su lengua materna el euskera. Cuentan que el ansia de ver mundo le llevó con 31 años a vivir en Sheffield (norte de Inglaterra), donde murió muy joven, a los 75 años, el pasado 3 de febrero de 2009.

Lo excepcional fue su humildad en la forma de viajar: cruzó todos los continentes a pie o en bicicleta (alguna vez, haciendo un derroche, en burra) y su extraordinaria energía, la mayoría de los viajes los hizo después de jubilarse.

El día de su 50 cumpleaños emprendió un viaje en bicicleta de punta a punta de Europa, empezó a pedalear en el Cabo Matapán (el punto más al sur de Europa, en el Peloponeso, la Grecia continental) hasta alcanzar Cabo Norte en Noruega. Y según cuenta Ander en su blog, con 66 años, pedaleó por Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina y Uruguay. A los 70 años cruzó Canadá en bici y al año siguiente atravesó Australia a pedales. Con 72 años viajó desde Sudáfrica hasta Egipto, a pie y en transporte público. A los 73 años montó en bici por Turquía, Irán, Pakistán y China. El año pasado, con 74, atravesó el centro de Europa a pie, del Adriático al Báltico.

Podéis leer más cosas sobre Agustín los próximos días en el blog de Ander Izagirre, él le conoció personalmente y publicará algunas cositas suyas en breve.

De su viaje panamericano Agustín confesaba que ni su bici ni su cuerpo estaban preparados para los caminos que se encontraron, en algunos sitios le recomendaron que comprase un arma para atravesar algunos tramos de su ruta, “como eres un hombre mayor, confía en que te quiten la bici pero no te hagan nada más” ese era el consuelo que le daban otros. Sufrió varias emboscadas y robos. El peor trago fue cuando le saquearon literalmente: le quitaron su saco de dormir y el pasaporte. Finalmente sus documentos aparecieron tirados en un parque y Agustín se puso tan contento que comenzó a tocar la armónica en la calle. Durante su descenso hacia Usuhaia y su discurrir por América Latina fue entrevistado en varios periódicos y radios locales.

Pasó 197 noches bajo las estrellas hasta alcanzar por fin la punta más sureña de América, la Tierra del Fuego. Lo primero que hizo al llegar a casa fue darse una ducha. “Durante casi siete meses de viaje sólo encontré un par de sitios donde darme una ducha caliente”, comentaba jocoso. “Pero ninguna amiga me ha dicho que huelo mal. Lo único que apestó fue la mochila, especialmente, una vez que me dejé un bocadillo de ternera olvidado dentro “, relataba con guasa Agustín.

En los Andes experimentó la falta de oxígeno al cabalgar sobre su mountain bike a 4.700 metros de altitud o el peligroso descenso de 23 kilómetros de pendiente por la costura costera de Chile. Sufrió dos caídas, pero ninguna grave gracias al casco. “En seis meses de viaje, hasta ahora, no he tenido ningún pinchazo ni otras desgracias mecánicas”, contaba. Esto sólo es un pequeño resumen de algunos de los baches que sorteó con su bicicleta en uno de sus viajes. Pero finalmente y por desgracia, Agustín fue derrotado por el único escollo inesperado: un cáncer.

Mi contacto con Agustín Egurrola se reduce a la tarea que encomendó a Ander y a Josu durante mi primer viaje a Islandia en mayo de 2008: subir a la cima de un volcán con un detalladísimo mapa para localizar un mensaje que había dejado escondido en un tarro de cristal en uno de sus primeros viajes en 1968. El mapa era exquisito. Agustín elaboraba sus propios mapas, libros, y notas de sus viajes y los enviaba a sus amigos.

He leído en la página web del club ciclista de Sheffield, la ciudad donde vivía Agustín, que el día de su funeral el próximo 13 de febrero organizarán una marcha cicloturista hasta el crematorio y darán una vuelta a la ciudad en honor de Agustín. “Le echaremos mucho de menos a él y las historietas de sus aventuras en bici y a pie a lo largo y ancho del mundo”, aseguran en la web en la que le califican como uno de los miembros más activos del club ciclista. “Es especialmente cruel que alguien con tanta vitalidad y tantos planes muera tan pronto”, dice una amiga. También tras el funeral en un centro comunitario de su ciudad habrá un acto de recuerdo de su vida y sus hazañas. Parece que hasta el momento de su muerte, va a contagiar y derrochar vitalidad a su alrededor.

Y estoy seguro de que Agustín tardará un tiempo en llegar al cielo (o a donde quieran que vayan los tipos excepcionales como él) porque seguro que no ha desaprovechado semejante ocasión de hacer este viaje con una buena chamarra, un saco de dormir y calzándose unas botas o pedaleando en una bici Orbea para llegar con tranquilidad y disfrutar de éste último viaje. Creo que el mapa de esta travesía lo tenía guardado y dibujado desde hace tiempo pero nunca le preocuparon demasiado los preparativos.

P.D.: En la foto, Agustín en Xingjian, China.

03. 02. 2009

Vanhæf ríkisstjórn!

Me decía Elvira Méndez que al reportaje que estoy escribiendo sobre cómo los islandeses han aprendido a levantar la voz y salir a la calle hasta tumbar a su gobierno a sartenazos le faltaba el ruido de los tambores y las cacerolas. Y el jaleo de la gente al grito de “Vanhæf ríkisstjórn!” (¡Gobierno incompetente! ¡Abajo el Gobierno!). Pues bien, hoy día como todos sabéis esto ya está superado por la técnica y desde que entramos en la facultad algunos maestros ya nos eseñaron que podíamos hacer una cosa llamada “reportajes multimedia”. Este ingenio de la humanidad aplicado al periodismo supone que le puedo añadir a mi reportaje esa música y soniquete de la “revolución de la sartén” islandesa. Así que ahí os dejo un vídeo de las manifestaciones del pasado sábado 24 de enero.

Elvira es una madrileña encantadora doctorada en derecho y que obtuvo una plaza como profesora de Derecho Internacional en la Universidad de Islandia. A ella y a Miguel, Jesús, Xabi, Lore y otras gentes que apesar de que sus apellidos no terminan en Sson ni en dottir viven en Islandia, les debo toda la ayuda que me han prestado estos días pasados y cómo me han ayudado a comprender cómo funciona aquel país. Me han llevado de la mano y me han recibido con un caluroso abrazo y una sonrisa. Muchas gracias a todos, de corazón. “Takk”, en islandés.



Protestas en Reikiavik – 24th of Jan 2009 from Caravinagre on Vimeo.

NOTA: Atención en este vídeo al energúmeno que aparece en el minuto 1’ 36” con una chaqueta verde entre medio del jaleo.

Aquí otro vídeo de los disturbios de la madrugada del día 22 de enero.

El 20 de enero 2.000 personas se encaran a la policía frente al parlamento, al que lanzan pintura, huevos y rompen ventanales. La imagen es insólita: la policía nerviosa no sabe cómo gestionar la situación, en 60 años no habían tenido ninguna carga policial. Veinte personas son arrestadas y otras veinte heridas leves.

Durante la madrugada del día 22, unos jóvenes prenden hogueras la plaza de Austurvöllur y la policía lanza gas lacrimógeno para disuadirlos. En Reikiavik no se recordaba nada así desde 1949, en las manifestaciones anti-OTAN. Para una nación sin ejército y con tantos habitantes como La Rioja (unos 320.000) es un shock. Al día siguiente, los manifestantes regalan flores a la policía en señal de paz. Los agentes terminan los turnos rodeados de ramos.



Disturbios en Reikiavik – NO COMMENT (Euronews) from Caravinagre on Vimeo.

01. 02. 2009

Islandia coge la sartén por el mango

Protestas en Reikiavik el 24 de enero de 2009

Los pacíficos islandeses han recuperado su embroncado carácter vikingo y han echado a sartenazos al gobierno que llevó su país a la bancarrota. Dieciséis intensas semanas de protestas han sacudido Reikiavik. Por primera vez la izquierda llega al poder de la arruinada isla y el Presidente de la República y los ciudadanos piden una nueva constitución, quieren refundar el país.

REIKIAVIK (Islandia). | Daniel Burgui Iguzkiza

“¡Viva la revolución!” decía con una gran sonrisa y en un atragantado español Grétar Eiríksson de 39 años mientras aporreaba una cacerola frente al parlamento islandés el pasado lunes. “He venido aquí a celebrar que por fin el gobierno ha caído” aseguraba. No importaba que estuviera lloviznando. En la plaza tiraban cohetes, petardos y fuegos artificiales. El Gobierno de Islandia se convertía así en el primero en ser tumbado por la crisis. Y las masivas protestas han sido su estocada mortal. Para los patrones políticos del que en 2008 era el país más desarrollado y pacífico del planeta las últimas semanas han sido, de hecho, una revolución: las manifestaciones masivas, los primeros disturbios y cargas policiales desde 1949, un gobierno conservador que dimite en pleno, los anarquistas prenden hogueras y coronan el parlamento con la bandera de una cadena de supermercados, una Primer Ministra abiertamente gay toma las riendas de la nación y por primera vez en la historia de la república la izquierda-verde llega al poder. Los islandeses han descubierto la presión social que pueden ejercer y han decidido coger la sartén por el mango.

Grétar Eiríksson, que ha visto reducida su jornada laboral a tan sólo cuatro horas y vive solo con sus dos hijas de 11 y 15 años, lleva 16 semanas acudiendo con rigurosa devoción a las manifestaciones que se han organizado en el centro de Reikiavik desde que en octubre el país sufriese el peor terremoto de su historia, no geológico sino económico. “Ahora tengo mucho tiempo libre”, comentaba Eiríksson con ironía. “No lo estoy pasando bien, no tenía grandes deudas pero tengo dos niñas que alimentar”. Le acompañaba su madre, una rechoncha jubilada islandesa afectada también por el azote bancario en las pensiones.

Hörður Torfasson recuerda que a las primeras manifestaciones frente al Parlamento apenas acudían 15 personas. Éste artista y escritor islandés es el cabecilla del movimiento ciudadano que organiza las manifestaciones. En aquellos primeros días de octubre la gente se paraba y les preguntaba qué estaban haciendo, cuál era el motivo de las protestas. “Es increíble pero hemos tenido que enseñar a los islandeses a manifestarse. No estaban acostumbrados” relata Hörður que es conocido por su activismo y militancia en el movimiento gay y que ha vivido gran parte de su vida en Dinamarca e Inglaterra. “Crear las primeras asociaciones gay en Islandia me costó más de cuatro años, organizar manifestaciones de verdad con la crisis ha costado un par de meses, no está mal para Islandia”, comenta jocoso.

Conforme pasaban las semanas y llegaban las facturas a las protestas comenzaba a acudir más gente. A los empleados de las sucursales cercanas, al lado del parlamento tiene sus oficinas Landsbankinn –uno de los tres bancos en quiebra-, les repartieron tapones para los oídos para que aguantasen el tipo. Los islandeses llamaron a sus protestas “la revolución de la sartén”. “Me recuerda a las caceroladas que hubo en Buenos Aires” comenta María Eugenia, una argentina que desde el año 2000 un poco antes del colapso de la economía en su país llegó a Islandia a estudiar, conoció a un islandés y se quedó. Estas Navidades ha sido su madre la que se ha acercado hasta Islandia. “Y gracias a sus billetes de avión hemos podido cambiar algunas coronas a dólares, si no muestras un billete de avión no te permiten cambiar la divisa. Es casi como lo que vivimos en Argentina cuando me casé y no pudimos sacar el dinerito que mi familia nos quería regalar”, relata.

El 10 de noviembre marcó el cambio del curso de las manifestaciones en Reikiavik cuando un joven anarquista trepó hasta el tejado del Alþingi (el parlamento islandés) quitó la bandera del país del mástil y la sustituyó por la enseña de la cadena de supermercados Bonus, los más económicos: una bandera amarilla con cerdo-hucha rosado sonriente presidía la fachada del parlamento más antiguo del mundo. La imagen noqueó a los islandeses. “Los políticos nos decían que no ocurría nada, que no era hora de buscar responsables, que era el momento de estar unidos y salir adelante. Al principio la gente les creyó, pero no podían lavarse las manos eternamente. Son los responsables de esto. Me dijeron personalmente que por mucho ruido que hiciésemos, eso no iba a mejorar nada”, cuenta indignado Hörður Torfasson.

Y de momento… hasta aquí puedo leer.

Es un trocito de parte del material que he elaborado y estoy elaborando sobre la crisis islandesa. La foto es de las masivas manifestaciones del sábado 24 de enero de 2009. Aterricé el 23 de enero viernes y me econtré con este panorama. Sin duda, una semana que forma parte ya de la historia de la joven república de Islandia y de la anquitísima colonia vikinga.