18. 11. 2008

Las lindes del imperio

Salir de Londres cuesta una eternidad. A la una de la madrugada la ciudad está a medio gas: papelujos a merced del viento rodando a la deriva, centenares de luces colgadas de todos los sitios y unas cuantas almas vagando y otras vagabundeando por las calles. Quedaban unas nueve horas para cruzar la isla de Gran Bretaña y llegar hasta Glasgow (un trayecto como un Cádiz-Irún en autobús), y casi más de una hora la echamos en intentar salir de la metrópolis londinense. Conforme nos acercamos al borde norte de la ciudad me di cuenta de que Londres es, en sí misma, una metáfora del caduco Imperio Británico.

Desde Victoria Station, en el corazón de Londres y del Imperio (a escasos metros está el Palacio de Buckingham), hacia el exterior de la ciudad el recorrido es el mismo que si saliésemos en barco desde Londres hacia las lindes del Imperio. Gran Bretaña se empieza a desdibujar en cuanto se abandona el centro. Adiós casas victorianas, adiós edificios rococós y palacetes. En los primeros suburbios, las primeras colonias europeas y el resto de la ciudad: bloques de casas grises y trabajadores de media Europa e Inglaterra. Son barrios dormitorio. Pero una vez pasas un par de anillos de carreteras, entradas a autopistas y extrarradios uno dice adiós a Europa y el exotismo de las Indias Orientales y las colonias africanas empieza asomar en calles.

Sigue siendo Londres pero apenas hay carteles en inglés: indio, árabe, chino y otros alfabetos indescifrables son las únicas señas que llevan todas las casas y tiendas. Bienvenidos a la India británica, a Birmania, a Hong Kong, a Kuwait, Palestina, Iraq, Medio Oriente, Rhodesia del Norte y del Sur, Camerún, Sierra Leona, Malawi, Malasia y Singapur. Incluso se nota la diferencia horaria de las antípodas: todos los destartalados comercios están abiertos pese a ser tarde. Unas cuantas farolas amarillentas y la luz azulada de los tubos fosforescentes de las carnicerías musulmanas, de los locutorios centroafricanos y ultramarinos pakistanís iluminan las aceras tenuemente.

En algunas partes alguna gran carretera pasa en altura por encima de alguna de estas casas, como el Congo, el Nilo o el Ganges troceando el barrio en dos. Se ve la carretera con la brea levantada. Se ven algunas factorías cerca, los polígonos industriales de Londres, los centros de producción donde muchos de los colonos de estos barrios van a trabajar. Hasta las casas y las tiendas parecen un decorado de película ajenos al clima inglés: calles con edificios de apenas dos alturas, planos y con la pintura levantada, y con tejados absolutamente llanos, construidos sin tener en cuenta que el agua de las constantes lluvias tendrá que escaparse por algún lado. Suciedad, charcos y basura en las calles. Unos niños juegan a las tantas de la madrugada, correteando, entrando y saliendo de uno de los comercios. Son londinenses. Pero viven en los confines del “Imperio”, a millares de kilómetros de Picadilly, Downing Street o el Palacio de Buckingham.

Cuando uno sale de por fin de Londres por el norte, al rato otra vez vuelve a aparecer Gran Bretaña con sus urbanizaciones de jardines y casitas victorianas.

3 zartakos »

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  1. David dice:
  2. ¡Fantástico! Qué buena imagen.

  3. Muchas gracias, David. La verdad es que me pareció muy sugerente la salida de Londres de madrugada. Merecía la pena ver el panorama.

    Por cierto, he rediseñado el blog, como ves, para facilitar la lectura de los posts. Me he inspirado en el tuyo porque tiene un excelente diseño. Creo que se lee con más claridad y facilidad así.

  4. Mr. Shy dice:
  5. En Chicago puedes dar unos pasitos fuera del centro, hacia el sur, y, ¡hale!, ladridos de perro magullado, brillos siniestros e inglés indescifrable.

    Y sí, vivan las …-Town y el rediseño de tu blog.

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