Monstruos y violinistas
Mediodía en Portree, la escasa capital de la isla de Skye, en la costa oeste de Escocia. “Han puesto una bomba en la Universidad privada”, dice Cristina con el móvil en la mano. “¿Qué ha pasado?”. “No lo sé, hay 14 heridos y que no han avisado de nada, no lo sé, me acaban de enviar un sms”. “¿Por qué ahí?” pregunta otro compañero de viaje. “Creo que es la quinta o la sexta bomba”, le digo. Volvemos a la carretera y no dejo de pensar. Toda la gente que conozco y la que no conozco: más de 9.000 alumnos de todas las partes del mundo y empleados. Unos kilómetros muy largos.
Llegamos por la noche, muy temprana aquí, casi a la mítica hora del té, al Lago Ness. Llamo a casa y aprovecho para preguntar. Me explican todo lo ocurrido. Descubro que a pesar de moverme un par de millares de kilómetros al norte, los únicos monstruos que consigo ver, sentir y que nos estremecen en el Lago Ness son los que ya conocía antes de venir. Los de siempre.
Es inexcusable. El hecho de que sea una universidad invita a imaginar una perversión muy grande, un ensañamiento muy retorcido contra estudiantes de todas las partes del mundo, de investigadores, profesores, trabajadores y obreros. Matar a futuros arquitectos, médicos, abogados, periodistas, historiadores, enfermeras, químicos o físicos. Querer destruir parte de la infraestructura dónde se investigan antiguos legajos de Navarra, curas contra el cáncer y todo tipo de tumores o dónde los economistas hacen trabajos de investigación acerca de cómo crear una economía de mercado más solidaria y justa. O el primer lugar donde se comenzó a estudiar euskera académicamente como una lengua más. Además del deseo manifiesto de matar indiscriminadamente, está el deseo de destruir todo rastro de estos conocimientos. Porque el mayor desactivador de explosivos es la razón.
Por suerte quedan violinistas. Esa mañana Josean les dijo a sus alumnos que ellos seguirían escribiendo y con las prácticas “como los violinistas del Titanic” que siguieron tocando hasta que se hundió el barco. Aunque no creo que nadie tuviese temple para hacerlo, frente a la monstruosidad de 80 kilos de explosivos queda la imagen y la delicadeza de la rutina y del trabajo. Ramón recoge un elenco de colaboraciones e intensa actividad que los estudiantes de periodismo llevaron ese día. La verdad es que impresiona esa movilización y hace que uno se sienta orgulloso.












He empezado a escribir este comentario varias veces pero sólo me salen suspiros. Aaaay.
PD: Levantemos el ánimo. ¿El equipo con nombre en otro idioma es el Racing, el Sporting o el Athletic?