Un vasco ligando en el metro
Le delataba la nariz. Suena a tópico, pero tenía un perfil típicamente vasco. De esas napias que delatan la “vasquituz” de un individuo cuando tiene que ser precavido con la talla de los vasos antes de beber. Porque sino, si la boca del vaso es demasiado estrecha enseguida se encuentra con la nariz y es imposible beber. ¡Por qué creéis que sino los vasos de sidra, txikiteo y demás son tan anchos! Pues bien, el chaval gastaba una nariz así, pero no quise ser prejuicioso desde el principio, supuse que podría ser de Badajoz o Beijing sin problemas. Además, en un vagón del metro de las líneas que pasan por el centro, como esa, uno ya está acostumbrado a ver cualquier cosa.
El tipo entró en el vagón acompañado de una joven (de muy buen ver). Estaban parloteando muy a gusto. Los dos con ropa amplia y vistosa de verano: un bonito vestido estampado, ella; una camisa y sandalias, él. Al parecer habían coincidido en alguna cena o cita de tapeo con otros amigos, ellos no se conocían de antes o quizás sólo de vista, parece ser que se habían conocido ese día por mediación de amigos comunes (vamos, que eran “amigo/a de un amigo/a”). Y a la vuelta, ambos debían ir en la misma dirección en metro. Él le estaba contando lo que hacía, que estaba viviendo allí por trabajo. Dijo: “Sí, Mongradón”. Alargué la antena orejil. “¿Y eso qué es? No tengo ni idea”, dijo ella. “Bueno, pues es un grupo de empresas que…”, le contestó el chaval y continúo con la explicación. No había duda, era vasco.
—“Vamos, que si te contratan ahí muy bien, ¿no?”, le dice ella.
—“Sí, sí, claro”
Ella le cuenta en qué trabaja, lo complicado que está todo, que nunca había estado por el “el norte” y demás.
—“Pues lo hemos pasado muy bien hoy, ¿no?” -– intenta sonsacar él porque se le acaban los temas de conversación.
—“Sí, sí, lo hemos pasado muy bien”. – le contesta ella.
Ella se acerca a la puerta y hace amago de que se bajará en el siguiente andén. Se acerca el metro a la siguiente parada. Él se acerca también a la puerta y en un acto de amabilidad, al parar el metro, se adelanta a ella y presiona el botón para que se abra la puerta.
Ella, sorprendida y con total naturalidad, le dice entusiasta: “¡Vaya, tú también te bajas aquí! No lo sabía”.
Él, más sorprendido aún: “Ehhh… mmmm… Sí, sí, claro, también me bajo aquí”.
Se bajan. Él, desorientado, se va para la derecha. Ella, a la izquierda. Él se vuelve, en esa estación la salida está a la izquierda y no a la derecha. Se van juntos, él todavía un poco despistado, como un paracaidista. No hay duda, era un vasco ligando en el metro.












Un metrosexual, pues.
Anda que, vaya radar que te gastas
¡Qué bueno! La verdad es que me he sentido algo identificada con tu vasco porque yo, aunque soy de un poquito más al sur, también sufro al intentar beber en ciertos vasos. ¿Habrá algún vasco en mi familia?
Está muy bien la historia, el vasco intentando ligar… el calificativo de la chica, muchacha de buen ver también ha sonado a piropo del norte o de los años 50.
El metro está muy bien porque es imposible aburrirse, hay demasiadas historias dentro si estás dispuesto a escucharlas.
besos
A ver, seamos sinceros, por favor. Nada más leer el título sabía que era una historia de ciencia ficción o de final abierto (uséase, que no liga). ¿Quién se cree un vasco ligando y, más aún, ligando en el subsuelo, en tierra extraña?
Venga, ya que nadie se atreve con la pregunta, me lanzo yo: ¿es un relato autobiográfico maquillado?
jajajaja, es un relato autobiográfico maquillado? yo me lo creo
Voto a favor del relato autobiográfico maquillado.
Ahora me pregunto dónde acabaría el vasco cuando la muchacha de buen ver llegó a su casa, solo y perdido en una parada de metro extraña…
¡Oye, oye! ¡¡Pero esto qué es!!
¡¡Me voy un par de días fuera y os revolucionáis!!
Ander, jodido, qué bueno eres con los títulos (“metrosexual, pues”) y cuánta maldad tienes preguntando. Pues NO. Un rotundo NO para todos vosotros, no necesito maquillar mis relatos autobiográficos. Es un relato ajeno de una situación que vi. (¡Tan torpe me creéis! ¡jaja!) Y efectivamente, el metro es un filón de historias para el que quiere escuchar. Eresfea, algo de razón tienes, es de final abierto, vamos… que resolviendo las dudas de Mrs Jones, yo creo que se fue solo a su casa.
Yo diría que es un final cerrado. De abierto nada.
Bien trabajao! No será el único que se baja donde no le toca a la espera de un beso perdido…
http://miguelangelmedina.wordpress.com/
Pobre hombre.
Lo peor es que me siento plenamente identificado son sus problemas y las situaciones en las que se encuentra XD
Gran relato Dani.