Un pie detrás de otro

Rosie es una jubilada galesa de 61 años que en los últimos cinco años ha desgastado 49 pares de zapatos y ha rechazado 29 propuestas de matrimonio. Demasiados datos extravagantes para una madre de dos hijos y abuela de dos nietos. Rosie llegó el mes pasado a Scrabster, un pueblucho “al norte del norte” de Escocia y exclamó jovial: “¡Es fantástico volver a pisar suelo británico!”. Hacía cinco años que no estaba ni siquiera cerca.
Rosie Swale Pope decidió salir a dar un paseo matutino el día de su 57 cumpleaños, el 2 de octubre de 2003. Salió de su pueblo, Tenby, en el oeste de Gales y cogió literalmente carretera y manta con la pretensión de regresar a casa tras dar la vuelta al mundo a pie para recaudar fondos para la investigación contra el cáncer de próstata. Ésta enfermedad había matado a su segundo marido, Clive, un año antes. Para abril de 2004 ya había llegado a pie a Moscú y en septiembre de 2005 alcanzó el extremo este de Rusia, frente al estrecho de Bering. Pensaba realizar su paseo por el globo en unos 18 meses, mes arriba mes abajo, y estar de vuelta en casa. Pero, para entonces, el infierno blanco de Siberia y Alaska ya la había atrapado y el invierno empezó a retorcer su viaje.
La mayor parte de su periplo transcurrió por Rusia, atravesó el gigante país de cabo a rabo. Arrastró por toda la tundra siberiana su remolque: un artilugio que Rosie lleva enganchado a la cintura, una especie de triciclo-remolque de 13 kilos que hace las veces de tienda de campaña y portavíveres. Durante toda esta odisea siberiana, en la que esquivó gulags abandonados, coqueteó con la muerte: vadeó un río semi-helado, se encaró a un hombre ebrio que le perseguía con un hacha y una botella de vodka en cada mano (resultó ser un leñador, borracho, pero un leñador), fue acosada durante una semana por lobos siberianos y descubrió que sufría una doble neumonía cuando le chequearon en un hospital tras ser arrollada por un autobús. “He tenido la suerte de que me atropellen”, bromeaba en 2005 al descubrir su doble neumonía. Al borde de la desesperación, telefoneó a su casa desde la remota región de Yakutia y se planteó el imposible: abandonar.
El chofer del bus que la atropelló se ofreció a alojarla en su hogar hasta que se recuperase y a devolverla hasta el punto exacto en el que él interrumpió la aventura de la abuela galesa. Para que no perdiese ni un centímetro de itinerario. Rosie tomó la determinación de seguir adelante, aseguró que no por alcanzar una meta personal sino por recaudar dinero para caridad y añadió a su propósito inicial del cáncer, recaudar también fondos para los orfanatos de las regiones orientales de Rusia. Cuando por fin cruzó a América y creyó olvidar toda la pesadilla siberiana, tuvo que padecer en Alaska un invierno con temperaturas de -62º C. En octubre de 2006 llegó a Edmonton (Canadá) y un año más tarde, en octubre de 2007, entraba triunfante en la “Gran Manzana”. Paseaba feliz por Manhattan con su bandera de Gales a la espalda entre neones y anuncios de Mc Donnals y Sony. En EE.UU. padeció una nueva y más sigilosa amenaza, esta vez apareció un bulto en su pecho. Afortunadamente una biopsia reveló que no se trataba de nada grave y continúo su viaje por los caminos y también en diferentes televisiones. Incluso corrió la maratón de Chicago.
En enero de 2008 partió de Terranova, desde St. John, hacia Groenlandia. En Febrero cruzó Islandia de oeste a este y el 29 de mayo rondó las islas Feroe. Así, hasta desembarcar el pasado 18 de junio en la desmigada costa de las highlands escocesas. Rosie espera llegar a su casa de Gales hacia el 25 de agosto de este año. Aunque en los últimos 800 kilómetros que le quedan ha tenido alguna complicación muscular, ayer estaba a punto de cruzar la “muga” entre Escocia e Inglaterra. “Una de las grandes metas” del viaje según dice en la página web que su hijo actualiza todas las semanas (http://www.rosiearoundtheworld.co.uk).
A Rosie le confirmaron el otro día a su llegada que tiene el récord del mundo del viaje más largo alrededor del planeta, más de 32.000 kilómetros a pie en este viaje. A los que se suma su circunnavegación por parte del globo que hizo en los años 70. De hecho, su hijo nació a bordo del velero en el que viajaban. También en aquellos años atravesó parte del Sahara a pie y cabalgó más de 3.000 kilómetros por la costura montañosa de Chile, de norte a sur. También alcanzó fama y estupor cuando en los años 70 navegó desnuda por el Trópico con su primer marido, Colin, y su hija Eve.
Ahora esta abuela galesa espera escribir un libro cuando regrese a casa. De lo mejor del viaje, se queda con la aurora boreal y las propuestas de matrimonio. “Sólo en Polonia tuve una docena, la mayoría no me querían a mi, sino que querían mi carrito”, bromea. “El espíritu de este viaje era subrayar la importancia y el inestimable precio de la vida”, aseguraba al periódico The Times a su llegada. “He hecho una cosa realmente pequeña e insignificante, sólo poner un pie enfrente del otro”. Así resumió su mérito.
P.D.: Sí, Rosie es otra kivigtok.
p.D.2: Yo encontré esta historia leyendo The Times el mes pasado, podéis leer el reportaje aquí o consultar todas las noticias y vídeos que ha publicado la BBC desde que Rosie comenzó el viaje aquí.
Merece un clic (o más) ver el incio del viaje y el regreso en la BBC.












Impresionante. Se me enciende algo inquietante por dentro cuando leo estas cosas.
A esta mujer habría que presentarle al Vasco de la Carretilla. ¿Le mandamos un librico?
Ahora que lo pienso, si esta mujer ponía un pie detrás del otro, como dice el título, ¿dio la vuelta al mundo marcha atrás? Y si ponía un pie enfrente del otro, como dice el texto, ¿dio la vuelta al mundo en paralelo o jugando a oro-plata-oro-plata?
Touching the balls. Como no actualizas, me distraigo touching the balls.
¡Me cagüen sos! Ya actualizaré, ya actualizaré por la cuenta que me trae.
La frase textual que dijo esta mujer al The Times fue: “I had to do something and this was a small thing really — just putting one foot in front of the other.” Que es literalmente: “Tenía que hacer algo y lo que hice fue algo realmente insignificante, sólo puse un pie en frente del otro”.
Ah, y que sepas que… quizás pueda entrevistar a esta señora ‘in situ’ en su pueblo galés cuando regrese. Quizás le podamos enviar el librico. Lo del vasco de la carretilla lo pensé en cuanto leí lo de las zapatillas que había desgastado. Y mi padre en cuanto le conté la historia de esta anciana galesa también recordó al gran Guillermo Larregui.
El caso es que yo me he despertado esta mañana pensando que si Bixente Blanco tenía dos muñones por piernas de qué manera pedaleaba.
P.D.: Reconozco que eres bueno la categoría de “balls-toucher”. Un abrazo, canalla.
¿De verdad vas a intentar entrevistar a esa señora? Oye, si tú entrevistas a la galesa, yo entrevisto a Agustín Egurrola (acaba de caminar desde el Adriático hasta el Báltico), buscamos a algún ultracaminante más, y añadimos la historia del Vasco de la Carretilla, que ya la tengo escrita. Reportaje a la vista, ¿eh?
PD: Bixente Blanco tenía amuñonados los pies, no las piernas.
PD2: Touching the balls, bola extra: ¿no habrás liado years con days también esta vez, y resulta que la galesa sólo ha dado un paseo por su barrio, no?
¡Jo! yo de mayor quiero ser como Rosie.
Touching the balls por contagio: “just putting one foot in front of the other”... que significa literalmente poner un pie delante del otro (con lo que ya cobra más sentido :P ).
Jo, tiene que ser fantástico entrevistar a Rosie (aunque lo mejor tiene que ser ser su nieto/a!). ¿Qué tal todo? Me contaron que te marchas a Inglaterra o algo así... Yo sigo sufriendo el agradable clima madrileño, pero en un mes tb huyo :D