22. 07. 2008

Un pie detrás de otro

Rosie es una jubilada galesa de 61 años que en los últimos cinco años ha desgastado 49 pares de zapatos y ha rechazado 29 propuestas de matrimonio. Demasiados datos extravagantes para una madre de dos hijos y abuela de dos nietos. Rosie llegó el mes pasado a Scrabster, un pueblucho “al norte del norte” de Escocia y exclamó jovial: “¡Es fantástico volver a pisar suelo británico!”. Hacía cinco años que no estaba ni siquiera cerca.

Rosie Swale Pope decidió salir a dar un paseo matutino el día de su 57 cumpleaños, el 2 de octubre de 2003. Salió de su pueblo, Tenby, en el oeste de Gales y cogió literalmente carretera y manta con la pretensión de regresar a casa tras dar la vuelta al mundo a pie para recaudar fondos para la investigación contra el cáncer de próstata. Ésta enfermedad había matado a su segundo marido, Clive, un año antes. Para abril de 2004 ya había llegado a pie a Moscú y en septiembre de 2005 alcanzó el extremo este de Rusia, frente al estrecho de Bering. Pensaba realizar su paseo por el globo en unos 18 meses, mes arriba mes abajo, y estar de vuelta en casa. Pero, para entonces, el infierno blanco de Siberia y Alaska ya la había atrapado y el invierno empezó a retorcer su viaje.

La mayor parte de su periplo transcurrió por Rusia, atravesó el gigante país de cabo a rabo. Arrastró por toda la tundra siberiana su remolque: un artilugio que Rosie lleva enganchado a la cintura, una especie de triciclo-remolque de 13 kilos que hace las veces de tienda de campaña y portavíveres. Durante toda esta odisea siberiana, en la que esquivó gulags abandonados, coqueteó con la muerte: vadeó un río semi-helado, se encaró a un hombre ebrio que le perseguía con un hacha y una botella de vodka en cada mano (resultó ser un leñador, borracho, pero un leñador), fue acosada durante una semana por lobos siberianos y descubrió que sufría una doble neumonía cuando le chequearon en un hospital tras ser arrollada por un autobús. “He tenido la suerte de que me atropellen”, bromeaba en 2005 al descubrir su doble neumonía. Al borde de la desesperación, telefoneó a su casa desde la remota región de Yakutia y se planteó el imposible: abandonar.

El chofer del bus que la atropelló se ofreció a alojarla en su hogar hasta que se recuperase y a devolverla hasta el punto exacto en el que él interrumpió la aventura de la abuela galesa. Para que no perdiese ni un centímetro de itinerario. Rosie tomó la determinación de seguir adelante, aseguró que no por alcanzar una meta personal sino por recaudar dinero para caridad y añadió a su propósito inicial del cáncer, recaudar también fondos para los orfanatos de las regiones orientales de Rusia. Cuando por fin cruzó a América y creyó olvidar toda la pesadilla siberiana, tuvo que padecer en Alaska un invierno con temperaturas de -62º C. En octubre de 2006 llegó a Edmonton (Canadá) y un año más tarde, en octubre de 2007, entraba triunfante en la “Gran Manzana”. Paseaba feliz por Manhattan con su bandera de Gales a la espalda entre neones y anuncios de Mc Donnals y Sony. En EE.UU. padeció una nueva y más sigilosa amenaza, esta vez apareció un bulto en su pecho. Afortunadamente una biopsia reveló que no se trataba de nada grave y continúo su viaje por los caminos y también en diferentes televisiones. Incluso corrió la maratón de Chicago.

En enero de 2008 partió de Terranova, desde St. John, hacia Groenlandia. En Febrero cruzó Islandia de oeste a este y el 29 de mayo rondó las islas Feroe. Así, hasta desembarcar el pasado 18 de junio en la desmigada costa de las highlands escocesas. Rosie espera llegar a su casa de Gales hacia el 25 de agosto de este año. Aunque en los últimos 800 kilómetros que le quedan ha tenido alguna complicación muscular, ayer estaba a punto de cruzar la “muga” entre Escocia e Inglaterra. “Una de las grandes metas” del viaje según dice en la página web que su hijo actualiza todas las semanas (http://www.rosiearoundtheworld.co.uk).

A Rosie le confirmaron el otro día a su llegada que tiene el récord del mundo del viaje más largo alrededor del planeta, más de 32.000 kilómetros a pie en este viaje. A los que se suma su circunnavegación por parte del globo que hizo en los años 70. De hecho, su hijo nació a bordo del velero en el que viajaban. También en aquellos años atravesó parte del Sahara a pie y cabalgó más de 3.000 kilómetros por la costura montañosa de Chile, de norte a sur. También alcanzó fama y estupor cuando en los años 70 navegó desnuda por el Trópico con su primer marido, Colin, y su hija Eve.

Ahora esta abuela galesa espera escribir un libro cuando regrese a casa. De lo mejor del viaje, se queda con la aurora boreal y las propuestas de matrimonio. “Sólo en Polonia tuve una docena, la mayoría no me querían a mi, sino que querían mi carrito”, bromea. “El espíritu de este viaje era subrayar la importancia y el inestimable precio de la vida”, aseguraba al periódico The Times a su llegada. “He hecho una cosa realmente pequeña e insignificante, sólo poner un pie enfrente del otro”. Así resumió su mérito.

P.D.: Sí, Rosie es otra kivigtok.
p.D.2: Yo encontré esta historia leyendo The Times el mes pasado, podéis leer el reportaje aquí o consultar todas las noticias y vídeos que ha publicado la BBC desde que Rosie comenzó el viaje aquí.
Merece un clic (o más) ver el incio del viaje y el regreso en la BBC.

16. 07. 2008

Lapso festivo


Del 6 al 14 he tenido un lapso festivo, no le he dado tregua al cuerpo ni a la mente, que ahora son entes divergentes.

Si el día 6 de julio en la Plaza del Ayuntamiento la gente se agita, jalea y grita como si empezase una descomunal batalla en la que tienen que participar hasta agotar su existencia y se enfundan el pañuelo como señal de guerra; el día 14 es su antítesis. Los rostros y el ambiente es de derrota, entregamos nuestras armas (pañuelos) y nos rendimos. Agotados y exhaustos, desarmados. Y con una vela recordamos a los que cayeron en los días previos.

El “Pobre de mí” es un bonito acto para reconciliarse con la ciudad, y lamentar (aun sin sentir todos los huesos del cuerpo) que esto se acabó, pero que ya falta menos para el siguiente San Fermín (¡Qué “masocas” somos!). La verdad que es un día tan bonito como el seis, con un semblante radicalmente opuesto, pero emotivo. Parece ser que todo comenzó por casualidad unas décadas atrás, cuando unos nostálgicos espontáneos se juntaron en la Plaza del Ayuntamiento para lamentarse de que se terminaban las fiestas y el alcalde salió al balcón para invitarles a regresar al año siguiente.

Bueno, habrá que regresar. A la realidad y al año siguiente. Fin del lapsus festivo.
Ahí os dejo algunas instantáneas que saqué “a pie de fiesta”.


05. 07. 2008

Un buen relato para no leer

Tras recibir algunas críticas “constructivas” de algunos de mis escasos lectores sobre la extensión excesiva de algunos de mis relatos propongo una solución para los que no quieran leer: escuchar. Requiere menos esfuerzo, pero sólo aparentemente.

Ahí os dejo, a un clic de vuestra mano, la narración del viaje a Islandia y Groenlandia que hizo Ander Izagirre hace unas semanas en el programa de Radio Euskadi (Eitb) Levando anclas de Roge Blasco. Espero que lo disfrutéis: Aquí.
(Tenéis que hacer clic en el dibujito del altavoz de la derecha para escucharlo).
Ahí va también el blog de Roge Blasco hablando del mismo tema.

Y para rematar, ésta sólo para los atrevidos a los que pese a las críticas les sigue gustando leer: una entrevista con Josu Iztueta sobre su regreso a Groenlandia 20 años más tarde.

“La expedición de Groenlandia marcó en mis viajes un antes y un después”

¡Qué aproveche!

P.D.:Siento el lapsus productivo del blog, de por medio tengo Sanfermines y cambios laborales.