Josu, el Kivigtok
En 1875 en Edimburgo la editorial William Blackwood and sons publicó un libro que llevaba por título “Tales and traditions of the eskimo” (Cuentos y tradiciones de los esquimales), el autor era Henry Rink un hombre que había sido durante un par de décadas antes el gobernador de la Groenlandia danesa y había hecho el esfuerzo de intentar comprender ese inmenso desierto frío y blanco. La obra de Rink fue uno de los primeros estudios antropológicos serios y todavía hoy la obra más importante en cuanto descripción de las formas de vida tradicional esquimal y su cultura oral. Rink recorrió el país buscando historias, cuentos, y tradiciones. Antes que Rink escribiera su libro hubo otras intentonas como la del misionero Hans Egede que en 1745 publicó en danés “A Description of Greenland”, un libro con el que obsequió a la reina de Dinamarca para mostrarle cómo eran los habitantes más desconocidos de su reino, Egede rogaba a la reina ayuda y misericordia para los esquimales “que también son parte de la obra de Dios”. Egede pasó 25 años entre esquimales.
No obstante, Rink vivía en un país incompleto, su libro apareció en 1875 pero no fue hasta 1888 cuando descubrieron la existencia de inuits en la costa este groenlandesa (en la zona de Kulusuk donde nosotros viajamos), se conocía el territorio geográficamente pero en más de mil años de presencia europea en Groenlandia jamás se habían cruzado en esa zona esquimales y europeos. Hasta entonces ni siquiera se tenía noticia de ellos.
En el libro de Rink se recoge buena parte del imaginario inuit, en el que la extrema dureza de la geografía se convierte en la llave de todo: no existen diferencias claras entre lo real y lo mágico, el hombre es un elemento más en un paisaje que lo engulle y lo tiene a su merced. Es un realismo mágico extremo: un hombre puede reventar a otro si le aprieta demasiado fuerte la mano, una cagada de gaviota puede devolver la vista a un ciego, un padre asesina a su hija para aligerar el peso de un kayak, balleneros europeos que secuestran esquimales y se los llevan a un burdel, ogros, elfos, monstruos, brujas, espíritus… Una vez uno ha estado allí ve que no es nada difícil de imaginar un mundo así: en una noche velada por un sol enclenque y pálido se crean sombras inquietantes que acechan, se siente la amenaza constante del frío y uno se pregunta hasta qué punto sería capaz de resistir. De hecho, todo el imaginario inuit se articula entorno a una verdad brutal: el mayor demonio es el clima y nada podemos hacer contra él.
En este universo groenlandés hay un elemento común en todas las leyendas y cuentos del país: el interior. Los groenlandeses son unas gentes que viven en una repisa, sólo habitan al borde de su mapa y el interior es un inmenso vacío que los quiere tragar. Allí habitan seres mágicos, devoradores de hombres que hacen que nadie vuelva con vida… Es un desierto extremo que congela tus pasos a 30 grados bajo cero. Decenas de relatos desvelan que el indlandsis (como lo llamaban los daneses) es el lugar más temido, y cualquier prevención es poca. Pero sin embargo en su cultura aparecen unos personajes impresionantes y magníficos como son los Kivigtoks.
Los Kivigtoks fueron en un tiempo hombres y mujeres normales, pero algo los convirtió en extraordinarios para siempre: el interior del país. A veces eran hombres que huían del resto de la humanidad (forajidos), otras gentes que se despistaron y se perdieron por el interior o simplemente hombres que se internaron hacia las entrañas del país. Es tan brutal el poder transformador del interior que incluso geográficamente ha destrozado Groenlandia para siempre: el peso de la capa de dos kilómetros de hielo que cubre el interior es tan pesada que ha escachado la tierra de forma que si se derritiese veríamos a Groenlandia como una enorme concha, aplastada y raspada por el hielo. Sin embargo, los inuits creen que los hombres y mujeres que logran sobrevivir al interior adquieren capacidades sobrenaturales como clarividencia, una rapidez asombrosa o una longevidad extrema. Cuentan de un hombre que huyó al interior y cuando regresó a su pueblo varios días después no reconocía a nadie: habían transcurrido más de cien años en lo que a él le parecían dos días. Es sólo un ejemplo de las capacidades que obsequia el interior groenlandés a quien sobrevive.
Josu Iztueta cruzó a pie el interior de Groenlandia de este a oeste en 1988, con otros cuatro amigos y amigas. De que Josu era un ser extraordinario no nos quedaba ninguna duda, pero desconocíamos el porqué. Hemos descubierto su secreto, él es un Kivigtok. Su padre que era pastor se preguntaba por dónde era más ancho el mundo, y él se propuso descubrirlo, después de cruzar el Sahara o el casquete groenlandés desarrolló habilidades extraordinarias.
Para mí hay tres pruebas contrastables de que Josu es un Kivigtok. El primero queda reflejado en esta frase que escribió a más de 60 grados bajo cero en una tienda de campaña perdido en Alaska: “Viajar por voluntad propia es una suerte que pocos podemos disfrutar. Y aunque este viaje se tuerza mucho, pongamos que hasta morir, sigue siendo una suerte” (la cita está recogida en el libro que Ander escribió sobre Yibuti).
Otro es que después de haber recorrido más de un millón de kilómetros sigue teniendo una curiosidad incombustible, tanto que este año decidió volver 20 años después a Groenlandia e intentar buscar a unos niños que aparecían en una foto para saber cómo eran hoy en día sus vidas (lo cual supuso el mayor gancho para que yo también acabase en aquel país). Y el definitivo que Ander y yo, le seguíamos sofocados allá por donde nos llevaba. Y aparentemente somos más jóvenes.
P.D.: En la imagen, Josu caminando por Kulusuk (Groenlandia). Un clic y se hará un poquito más grande.













¡Bravo, Dani! Aplaudo con las orejas.
Ayer me dijo el kivigtok que como sigamos escribiendo sobre él nos va a cortar los tupilaks, je…
Dicho lo cual, en este texto están los primeros párrafos para una biografía de Josu.
El blog me ha sorprendido, tienes un estilo literario excelente. Destila melancolía.
Dani, estas entradas piden a gritos un buen reportaje de viajes o un pequeño libro de consumo interno con unas buenas fotografías. Quizá sea el momento
Gracias.
Eresfea... ¿de nada? tu sabrás por qué. Pero no me tienes que dar las gracias por nada.
Luisgui, ¡carajo! Un reportaje de viajes, vale. Ahí ando, como diría aquel “estamos trabajando en ello” aunque apenas tengo tiempo. Y para un libro, no sé si hoy por hoy me veo capaz, pero no sabes lo que me alegra la propuesta. Prometo no defraudar con las próximas entradas y fotos, si consigo mantener el nivel veremos a ver qué pasa. Mil gracias por tus halagos. Quizá se pueda negociar un libro de fotografías o unos cuantos textos largos de consumo interno.
visablanda, un placer verte por aquí. Estás invitado a pasarte cuando quieras.
Ander, aprecio mucho mi tupilak así que dejaré el tema por ahora. Y lo de la biografía creo que las mejores frases son de tus perfiles de este “kivigtok”, yo como mucho he descubierto una de las tesis que le pueden hacer extraordinario. Pero se agradece.
Gracias. Da gusto leerte. tienes a los mejores maestros, de vida. Ander y Josu
Hipótesis genético-literaria: si alguien escribe “escachar”, es probable que haya sido alumno de Josean.
Gracias, porque siempre doy gracias por los buenos textos. Y es una lástima que en tantas ocasiones no pueda agradecer al autor en persona. Así que aprovecho la ocasión.