28. 05. 2008

Un país costroso

La carretera que cae desde Reykiavik hacia el suroeste discurre por un paisaje devastado: un pedregal caótico de tierra reseca, negruzca y polvorienta, sin un solo árbol y sólo disimulada por las alfombras de líquenes, musgo y turba. Al fondo, detrás de campos sembrados de pedruscos, sólo se intuye la silueta de un volcán. Las planchas de piedra levantadas, desquebrajadas y movidas que se acumulan a ambos lados de la carretera parecen ser la evidencia de que la noche anterior un violento terremoto ha agitado esta tierra, la ha lanzado por los aires y la ha dejado caer de nuevo. Pero no es así. Pese al desgastado y baldío paisaje de la península de Reykjanes –la zona con mayor actividad volcánica del país-, Islandia es geológicamente el rincón más “nuevo” del planeta. La explicación de la existencia de un paisaje tan joven y tan manoseado al mismo tiempo es que Islandia es una postilla.

Los continentes, que navegan sin rumbo como balsas de roca sobre la mantecosa superficie del magma y las viscosas entrañas incandescentes del mundo desde hace millones de años, en su eterna y lenta deriva, están rasgando ya las costuras de nuestro planeta. Desde la Antártida hasta prácticamente el Ártico, la Tierra se llaga: Europa tira hacia un lado y América se empeña en tirar hacia el contrario. Así se ha abierto una profunda y kilométrica herida que se llama Dorsal del Atlántico. Para nuestra fortuna se encuentra sumergida a cientos de miles de kilómetros bajo el océano, salvo en un punto del planeta en el que emerge la llaga a la superficie, y las vísceras de la Tierra se ventilan al raso: Islandia. Allí, se presenta como lo que es, una descomunal brecha en la corteza terrestre.

La herida abierta entre América y Europa comenzó a sangrar desmedidamente cuando quedó al descubierto: la lava brotó sin límites vertiginosamente bombeada desde el mismísimo centro de la Tierra y voló hacia el cielo abierto. La Tierra se llagó en torrentes de fuego incandescente, vomitó millones de rocas, segregó charcas de pus azufroso, eructó columnas de humo y ceniza, tembló espasmódicamente y sufrió un calor febril. Sólo el frío del ártico supo templar semejante sangría magmática y enfriar la lava y la ceniza, que formó una costra sólida capaz de taponar momentáneamente la herida. Esa costra es Islandia, una postilla porosa, oscura, abrupta y desconcertante. Y así se ve en el mapa, como un parche de lava seca.

Fue el último pedazo del mapa en aparecer sobre la faz de la Tierra, el más nuevo, pero no hay más que darse un paseo por la península de Reykjanes, al sur de la capital, para hacerse una idea de cómo fue. Allí en Sandvik, muy cerca del pueblo de Hafnir, está lo que queda al descubierto de la herida: un risco emerge desde el mar y se adentra hacia el interior de la isla como un desesperado hachazo.
Dos paredes de basalto y lava seca que se deshacen y se desmigan en cientos de rocas, piedras como quesos de grullé (porosas y ligeras), metales y minerales que caen al pasillo que queda entre ambas. Lo más inquietante: una de las paredes es la placa Euroasiática y la otra la norteamericana, cada una un continente. Y lo que queda entre medio: la nada. Es un risco de 20 metros de ancho y es la separación real entre dos continentes, por suerte entre ellos ya no se abre un abismo infinito sino toneladas de ceniza, virutas de metales y rocas pulidas.

No obstante hasta el s. XIII de nuestra era entre medio de las dos paredes tectónicas se asomaba el infierno: un río de lava ardiendo ininterrumpidamente. Los vikingos que vivieron en Islandia conocieron la herida aún templada hasta que se apagó. Y aunque desde entonces han conocido una época de relativa calma, las erupciones marinas y terrestres o los terremotos no se han interrumpido. Las dos veces más aparatosas nacieron dos nuevas islas bastante grandes como aparecer en un mapa y tener nombre propio, en 1783 apareció Nýey y en 1963 la de Surtsey. Los colonos escandinavos intentaron incluso cultivar el campo en esta zona de la isla, pero fue imposible, la temperatura del suelo era tan elevada que en muchos casos en vez de germinar, las hortalizas aparecían recocidas o chamuscadas.

Ha sido esta grieta la que ha condicionado la vida de la isla, ya que es el origen de toda su actividad geológica, donde palpita el planeta: más de cuarenta volcanes en activo, cientos de géisers (palabra del idioma islandés exportada a todo el mundo), terremotos, fumarolas gaseosas, minerales por doquier… Pero a costa de la inseguridad geográfica los islandeses han sabido sacar partido de la energía geotérmica, tanta como para iluminar la isla, de las lagunas subterráneas que proporcionan agua caliente y calefacción gratis a los islandeses o de los minerales para una boyante industria metalúrgica. La fisura continental también a afectado a lo político y lo social obligando a Islandia a bascular siempre entre Europa y Norteamérica, teniendo una extraña identidad vikinga influenciada por EE.UU.

Pero ahora incluso la sima, como maravilla geológica, genera turismo. Recientemente se ha colocado un pequeño puente para peatones que une, como una ridícula grapa, la placa europea y la americana; se llama “El puente entre dos continentes”. Con él es posible cruzar del viejo al nuevo mundo en unos pasos y, como en una frontera de chiste que es, un cartel con la bandera de barras y estrellas saluda al recién llegado al otro lado con un: “Welcome to North America”.

En el lado americano de Islandia, un cartel informativo advierte: “el suelo sobre el que usted se encuentra se está alejando en estos momentos a una velocidad de un centímetro al año hacia el noroeste”. Apartamos la vista del cartel, asomamos la cabeza y echamos un vistazo a nuestro coche de alquiler, alojado en el otro lado, en el europeo, que supuestamente se está alejando de nosotros. Todo parece igual de tranquilo que hace unos segundos.
Pero la sorna y el ácido humor islandés destapa una verdad muy incómoda: la herida no ha cicatrizado y los continentes se siguen alejando dos centímetros cada año, así que la postilla se acabará quebrándose de nuevo. El país más joven del mundo tiene fecha de caducidad.

P.D.: En la imagen, a la izquierda la pared desnuda del continente europeo y a la derecha el americano.

Nota: Tras un aviso de Ander y producto de un apasionamiento excesivo y un despiste nocturno y alevoso (me acabo de dar cuenta de que me hice de la picha un lío con metros y kilómetros) corrijo un error del texto:

El centro de la Tierra se encuentra exactamente a unos 6.371 kilómetros desde la superficie de la Tierra (es un término medio de la NASA porque como sabéis nuestro planeta no es un esfera perfecta sino achatada lo que provoca diferentes distancias desde el pellejo al corazón terrestre bien sea desde los polos o desde el Ecuador). Por lo tanto, para nuestra tranquilidad la Tierra no late magma pastoso a “cientos de miles de kilómetros” como escribí, sino a unos 6.300 kilómetros, que tampoco está mal.
Y la Dorsal Atlántica, se encuentra sólo sumergida a unos 4 o 3 kilómetros de profundad, vamos que podríamos rebañar en el océano al Aneto (el pico más alto de los Pirineos con unos 3.404 m) y apenas asomaría la puntita o nada. Aunque en algunos puntos el Atlántico se zambulle muchos más metros en el fondo (hasta 8.000 y pico cerca de Puerto Rico). A raíz de esto he descubierto cosas curiosas del futuro de Islandia, así que mañana os las cuento.

5 zartakos »

La dirección URI a este artículo es: http://kilikis.blogsome.com/2008/05/28/un-pais-costroso/trackback/

  1. Miguel dice:
  2. Hola Dani:
    Maravillao me has dejao con la lectura del último post sobre Islandia! Muchas veces no es lo que se diga, sino cómo se diga y tú lo haces bien, muy bien.
    Nos alegramos (Estrellita creo que más que nadie) de haberte conocido y de haber compartido esos momentos contigo y tus compañeros de viaje por la isla.
    Un saludo desde 66ºN y si vuelves y la brecha no nos ha absorvido, aquí estaremos para lo que quieras.
    Gero Arte Kiliki!!

  3. iñigo dice:
  4. Góðan daginn Dani! jaja
    Me alegro de leer parte de tu avetura aquí. Hechizante..
    La próxima vez que nos veamos (que no nos separará una ventana ni un metro de altura) , seguimos hablando y me cuentas.

    Las fotos son preciosas.Todas.

    Un abrazo fuerte de tu primo.

  5. Miguel, ¡menuda manera de alegrarme la mañana que tienes, canalla! ¡Qué alegrón! No sólo por saber de tí, sino que además te guste el texto porque tú deberías ser mi lector más crítico, más que nadie. Así que ensáñate cuando haga falta. Que te puedo asegurar que vas a ser el que más sabe de la vida en el paralelo 66º N de todos los que se paseen por aquí.

    Para mi fue toda una experiencia, y no sabes nunca lo agradecidos que estaremos, yo personalmente, de que nos abriéseis la puerta de vuestra casa, vuestras historias y vuestros corazones. Ah, y zorionak a la cumpleañera Estrellita. Un gran abrazo.

    Iñigo, gracias por pasarte. Ya te contaré bien y eso, a ver sino es un vistazo furtivo. Un abrazo enorme

  6. Ander dice:
  7. Tranquilo, Dani, que todos metemos el cuezo. Yo, por ejemplo, bastante a menudo. Cuando estábamos en Islandia nos llamaron de la radio (Euskadi Irratia) para hablar un poco del viaje. Nos pusimos a hablar de ballenas y yo dije que en Islandia había 100.000. Josu se echó las manos a la cabeza: no hay 100.000 sino 10.000. Multiplicar ballenas por diez, toma milagro de los panes y los cetáceos.

    Y con un poco de mala leche siempre habrá motivos para enredar. Por ejemplo, no sé muy bien qué hay en el núcleo de la tierra creo que nocilla, ya lo confirmarás en la wikipedia pero el magma suele llegar mucho más arriba, más cerca de la corteza terrestre. Las cortezas continentales tienen 40-60 kilómetros de grosor, y supongo que ya debajo estará el magma, incluso mucho más cerca de la superficie cuando se cuela por las grietas. En Yibuti había cámaras de magma a sólo tres kilómetros. En Islandia también tiene que haber magma a unos pocos miles de metros bajo los pies. Por eso tienen agua tan caliente…

    Del libro gordo de Petete. Ya nos apuntaremos a un cursillo de geología.

  8. Mrs Jones dice:
  9. Jo, en el mundo virtual es casi más fácil encontrarse que en el real! ¡Qué sorpresa tu blog! (y qué envidia más insana sí, insana! das…)

RSS feed for comments on this post.

Pega un zartako

Los zartakos, zaborrazos, o coscorrones son el tipo de golpes que pegan los kilikis. Son rápidos, certeros y contundentes. Pican y escuecen. A veces son insistentes.

Puedes dejar aquí tus impresiones, piropos, lamentos, críticas, requiebros, recuerdos, corazonadas y maldiciones de forma rápida y diligente convertidos en zartako.


Para evitar que lleguen mensajes enviados por una máquina o cosas peores. Por favor, no seas vago/a y re-escribe el texto o números en la cajita de al lado.

Por favor, intenta ser respetuoso/a con los demás. Los comentarios que incluyan publicidad, spam, graves faltas de respeto, insultos o que hieran gravemente la dignidad y el decoro de cualquier persona no serán publicados. Gracias.