7.400
A 7.400 metros, rozando el cielo, se quedó para siempre Iñaki Ochoa de Olza.
Nunca me quedará lo suficientemente claro si fue el Annapurna el que se quedó con él para siempre o si fue al revés, si fue Iñaki el que se quedó para siempre en el monte.
Recuerdo que una vez dijo: “¿14 ochomiles? Claro, es uno de los mayores retos del alpinismo, pero… ¿qué pasa, si un monte tuviese 7.900 metros ya no sería interesante? Por supuesto que sí, que tengan ochomil es una excusa, sin duda su gancho es ser las montañas más altas del planeta y las más hermosas. Amo la montaña, sin medidas”.
Lo más grande de Iñaki no fueron sus vertiginosas ascensiones a los lugares más altos de nuestro mundo, sino su inconmensurable presencia, su bondad y su carácter. Esta semana, tuvo en vilo, volcado con él, a todo un pueblo, a toda una ciudad. Y eso fue increíble. El mundo de la montaña preparó en poco tiempo el mayor operativo voluntario de rescate en la historia del himalayismo. ¿Por qué? Porque si uno en la vida recoge lo que siembra, Iñaki sólo cosechó cosas buenas. Y la muestra fue la reacción que tuvo su ciudad, su pueblo y todos los que le conocían o habían coincidido con él alguna vez. Iñaki es un hombre como sus montes, sin medidas.
P.D.: He leído en “cosas de cumbres” que uno de sus proverbios nepalíes preferidos era “es mejor vivir un día como un tigre que cien días como un cordero”. El jueves 29 cumpliría 41 años viviendo como un tigre.
Agur, tigre, agur.












Olé.
Espero que el autobombo no te haya decepcionado…
Abrazos, MAJ