Balas, compresas y galletas caducadas

La cesta de la compra en el supermercado de Kulusuk es muy rara. En una estantería lo mismo están apiladas juntas las dos únicas marcas de compresas y cervezas, enfrente un traje horterísimo de caballero (americana de cuadros de tela apelusada) colgado de un maniquí y los tarros de mermelada y dos pasillos más al fondo emergen las bocas de seis escopetas que están a la venta. En una vitrina junto a la entrada puedes conseguir tallas de hueso de foca, candados, bombillas, pilas y balas de todos los calibres posibles. Y esto es así porque todo lo que puedas conseguir en Kulusuk está en ese comercio.
Cuando a alguien le hacen la típica pregunta de qué te llevarías a una isla de desierta, hay que dejar de imaginarse un paraíso caribeño y comenzar a pensar en Kulusuk; que aunque no está desierto está colgado en el fin del mundo: Un islote de rocas graníticas de 63 kilómetros cuadrados, el que no crece ninguna especia arbórea, sólo el musgo se atreve a brotar, y en esta época del año está desconectado del resto del mundo (el mar no es navegable porque se está comenzando a descongelar ni es lo suficientemente estable como para correr con trineos). Pues bien, el supermercado de Kulusuk no sólo responde a esa hipotética pregunta sino que la lleva a la práctica.
Pilersuisoq es el nombre de la cadena de supermercado que opera en Groenlandia y pueden sacar pecho y decir que es la empresa con la logística de abastecimiento más estricta y eficaz del mundo. Un barco llega a Kulusuk en julio y deja todos los alimentos, provisiones y materiales que necesita la aldea hasta julio del año siguiente. Y fin de la logística y el abastecimiento. Salvo una grave emergencia en la que será posible traer algo de Tasiilaq (el pueblo vecino) o en avión desde Islandia o Dinamarca, el almacén del supermercado no vuelve a recibir nuevas cajas. Afortunadamente no crecen las telarañas en las estanterías de su despensa porque en Kulusuk apenas viven insectos.
La señora que despacha la caja del comercio y el hombre que se encarga de la oficina de correos (comparte edificio con la tienda) son los encargados de controlar cómo, cuándo y de qué manera se van dispensando los alimentos, sacando al público y se van gastando. ¡Menudo trabajo el del reponedor o el del que hace el inventario en ese mercado! Tienen la responsabilidad de abastecer a toda la aldea durante todo el año.
Las ofertas comienzan cuando los productos vencen la fecha de caducidad. Hay que saber que los productos alimenticios o de higiene están de oferta en Pilersuisoq cuando empiezan a estar rancios, sólo entonces se les rebaja el precio. Los productos frescos como fruta o huevos llegan con cuentagotas (y supongo que será lo único que aterriza en avión de vez en cuando) y por supuesto son de lo más caro, una pieza de fruta (que no el kilo) vale un poco más de un euro. Sin embargo, la cerveza Tuborg o Calsberg es bastante barata, unos ochenta céntimos de euro, mientras que los yogures valen siete euros. Así que la mayor parte de la bodega de ese barco que abastece la isla una vez al año será propiamente una bodega debido al saque que tienen los esquimales del este de Groenlandia. Todos los días hay pan, apenas una docena de barras de molde que se descongelan y hornean en el día, cuando se acaban no sacan más. Hay que racionar para el día siguiente.
Y si algo podría ser el emblema de la supervivencia de este islote ártico, además de la caza de focas y la pesca en el fiordo, deberían ser las latas de conservas. El invento de la rueda o la revolución industrial no sé cuánta repercusión habrán tenido en esta aldea, pero el meter alimentos en un trozo de latón al vacío cambió sus vidas. A mí siempre me había fascinado ver que hay conservas que caducan diez años más tarde, pero en esta aldea subártica la fascinación se convierte en salvación. Casi todo lo que se vende en esta tienda necesita de un abrelatas previo a su disfrute.
El supermercado sólo tiene cuatro calles muy pequeñitas, un almacén en la buhardilla y otro más grande en la parte trasera. El suelo es de cemento y al entrar da la sensación de estar en un garaje, el recinto no es mucho más grande que seis plazas de párking de cualquiera de nuestros hipermercados.
Así, una típica cesta de la compra de Kulusuk puede ser un paquete de galletas caducadas, una buena pila de latas de conservas, compresas y dos cajas de balas del calibre 22.

Espejo de la tienda, el traje hortera en primer plano y la mermelada al fondo.

La conserva, un invento que revolucionó Kulusuk.
P.D.: A nosotros unas extrañas latas de pescado (¿atún?) con tomate, pan y galletas nos salvaron nuestra estancia en Kulusuk.












Grande, Dani! Gran texto y grandes fotos! Te falta anyadir que para ser un país sin harina tienen un pan cojonudo.
Seguimos de paseo por Islandia. Echamos de menos tus raids fotográficos y tu peculiar percepción del tiempo. Y nos falta el tercero en los descojonos. Estamos en una biblioteca de Höfn. Ayer visitamos Jokulsarlon (mira en Google Imágenes, mira). Un abrazo y hasta la vuelta.
Gran articulo. Según parece has venido de una pieza de esos inóspitos parajes :S y además con la tonteria habras perdido unos kilos (“operación bikini” xD). Haber si tenemos algún día de estos alguna comida familiar y nos cuentas tus aventuras. A seguir así con tus grandes artículos.Un saludo de tu lehengusu
Estás brillante. Y prolífico. Da gusto leerte.
A los tres, muchas gracias.
Mikel, ¡qué alegría!, ya ves entero y completo he regresado de allí. Un placer tenerte de lector. Si sigues apareciendo por aquí publicaré más crónicas. Y por supuesto, en cuanto ande por casa quedamos y te cuento más cosas.
¡Qué penita me dio volverme de Islandia, y perderme Jokulsarlon! (¡Dios, qué panorama en Google!). Ander, poca chicha tienen mis textos comparados con los tuyos, pero intentaré retratar un poco estos lugares tan extraños. Fue una experiencia excelente viajar con Josu y contigo; y probar un pan delicioso en un país sin harina. Eresfea, ¡menudo halago!