16. 04. 2008

Son mapas

Resuelvo el misterio de las piezas de madera que os propuse el otro día para ejercitaseis vuestra imaginación e intentaseis adivinar qué diantre eran y para qué servían. Pues bien, son MAPAS.

Sí, es un mapa inuit grabado en madera, los originales se encuentran en el Museo Nacional de Groenlandia, en la capital de esta descomunal isla ártica, Nuuk. Es un mapa táctil, sin duda una de las piezas más versátiles que ha inventado el ser humano.

Si os fijáis (lo siento pero es la única foto que encontré en Internet) las muescas realmente representan la silueta de la línea de costa groenlandesa, es el perfil de las montañas, los islotes, las playas y demás. Es un mapa icónico, es más un símbolo que un mapa fiel y representativo del relieve del horizonte costero. Pero muy útil.
Así, los esquimales llevaban estos mapas dentro de sus manoplas e iban palpando los bultos de su plano costero y viendo si coincidían con el perfil de la costa, son mapas bastante precisos a su manera y de lugares muy concretos. Su versatilidad es impresionante ya que este mapa se puede consultar a oscuras, es muy resistente y si se te cae al agua… flota.

Eso sí, hay que trabajarse mucho la actualización (hala, ahí a tallar como locos) si desaparecen de la costa uno o dos icebergs.

Prometo que no lo he leído en ninguna Wikipedia, sino en un libro de semiología (que según la RAE es el estudio de los signos en la vida social) para publicistas, de mi compañero de piso. En la introducción de este libro exponen algunos objetos como estos y nos demuestran como el hombre (y la mujer) han sido capaces de desarrollar artilugios como éste y darle un sentido y utilidad que en otras culturas nos parecerían inimaginables. Es un buen ejercicio de imaginación y comprensión de otras realidades.

Esas extrañas piezas de madera, son el testigo del afán del ser humano por adaptarse a unas durísimas condiciones climáticas y de vida (no poder sacarte las manos por peligro a congelarte o poder orientarte con una terrible ventisca sin mirar un mapa) y de inventar y utilizar su ingenio para salir adelante. Un buen mapa.

¿Sorprendidos/as?

14. 04. 2008

Ejercicio de imaginación: ¿Qué es?

Propongo un juego de imaginación. Intentar adivinar qué son estas piezas de aquí arriba.
Mi primera pista es que son de madera.

¿Alguien sabe qué son, para qué, de qué se trata o si tienen alguna utilidad conocida?

Ánimo.

09. 04. 2008

Hablar de mí mismo

Tengo que hablar de mí mismo; en unas memorias es inevitable. Además de mi apatía e indolencia, exageradas un tanto por mis convecinos los luzarenses para presentarme como un tipo estrambótico, soy un sentimental y un contemplativo.

Me gusta mirar, tengo la avidez en los ojos; me quedaría contemplando horas y horas el pasar una nube o el correr una fuente. Quizá viviendo en tierra se hubiera desarrollado en mí el sentido musical, como en muchos de mis paisanos; en el mar se ha ampliado, se ha alargado mi sentido óptico.

Muchas veces me he figurado ser únicamente dos pupilas, algo como un espejo o una cámara oscura para reflejar la naturaleza.

Soy, además, al decir de mi familia, un tanto novelero, un tanto curioso y amigo de novedades. Pero ¿qué es la curiosidad—digo yo, para defenderme—sino el deseo de saber, de comprender lo que se ignora?

A mí me gusta ver; y si hay una molestia o un peligro para satisfacer mi curiosidad, no tengo inconveniente en afrontarlo.

Soy también patriota a mi modo. No conozco la historia de España, y realmente no me preocupa gran cosa. Si me preguntaran quién fue Wamba o Atanagildo, me vería en un gran aprieto; pero, a pesar de no conocer nada o casi nada la historia de mi país, cuando después de un largo viaje he visto desde lejos la costa de España, he sentido siempre una gran impresión.

El recuerdo de la patria, y sobre todo de Lúzaro, de este rincón de la costa vasca donde he nacido y donde vivo ha estado siempre presente en mi espíritu. No lo considero como un mérito; no tengo esa tendencia exclusivista de las gentes de mi pueblo. La tierra para el labrador, el mar para el marino. Discutir si esto es mejor que aquello me parece una tontería.

Lúzaro me gusta; pero el haber nacido en él, y el que mi familia haya vivido aquí muchos años, no creo constituya ninguna superioridad.

Pienso lo mismo que un masón a quien conocí en Liverpool. Este masón había llegado al grado treinta y tres, o cuarenta y tres, no sé a cuál; pero al más alto de todos. Los días de fiesta, el hombre se ponía el frac, un mandil y una porción de placas y triángulos, se marchaba a la logia y volvía perfectamente borracho.

En la casa todo el mundo le admiraba, y el buen señor, que era muy ingenuo, me decía:

-Mi padre me hizo ingresar en la logia a los catorce años; tengo sesenta y cinco y he llegado al último grado. La gente le encuentra a esto mucho mérito, pero yo, la verdad, no le encuentro ninguno.

Era un hombre sencillo el honrado masón.

Lo mismo que aquel albañil de la albañilería celeste, me sucede a mí con el mérito de mi familia de haber vivido mucho tiempo en Lúzaro. Esto no es obstáculo para que me encuentre en mi pueblo como en ningún otro.

Muchas veces, en mi camarote, navegando por el Atlántico o por el mar de las Indias, al pensar en Lúzaro sentía el recuerdo intenso de un monte, de una peña, de un hayal. Veía con la imaginación levantarse Lúzaro sobre el mar, con el río que penetra por su flanco, y veía los montes a un lado y a otro llenos de maizales y de robles.

Entonces me gustaba cantar en voz baja, zortzicos y sones de tamboril y, al oírmelos a mí mismo, creía andar por las callejuelas de mi pueblo, oler el olor del heno, contemplar las rocas del Izarra azotadas por el mar, y el cielo azul pálido surcado por nubes blancas.

Se comprende mi entusiasmo por Lúzaro; soy de aquí, y de aquí es toda mi familia. Además, mi vida se puede clasificar en dos períodos: uno el pasado en Lúzaro, en el cual me han ocurrido los hechos más trascendentales y más agradables de mi existencia; otro, el del mar, en el que no me ha sucedido nada, por lo menos nada bueno, y en el que he vivido con el corazón frío y la retina impresionada.

Fragmento de Las inquietudes de Shanti Andía de Pío Baroja.

Sobre uno mismo, las inquietudes, la patria y las emociones. La patria son unas luces centelleantes en un puerto cantábrico o una calle adoquinada en el Pirineo, nada más. Ni banderas ni himnos ni obstáculos y barreras. Y la vida, unas retinas impresionadas.