Café Ramuntcho

Lo reconozco, soy cafeinómano.
Pero no sólo es una dependencia de la sustancia, sino de la calidad del brebaje del grano de café. Un buen café tiene que tener presencia (que tenga peso), aroma intenso (que no sea un olorcillo vago, no), sabor, personalidad… pero lo más importante es que esté acompañado por una buena cafetería, un buen ambiente, una interesante conversación, una buena lectura, un clima. Una atmosfera, en definitiva. Ahí estoy enganchado. Los cafés no son sólo una pócima excitante y el combustible que mi cuerpo reclama todas las mañanas, sino muchas veces un chute de placer sensorial por esa atmosfera.
Por eso para paciguar y relajar un poco la tensión de todos estos días, me permito recomendaros o rememorar algunos de los cafés que más placer me han causado.
Uno de ellos, el Café Ramuntcho en Baiona.
El Ramuntcho está apuntalado en una calle, la Rue du Pilori, que cae literalmente hacia el Nive (o Errobi), el riachuelo pequeño que riega la capital labortana y trocea en desigual proporción la ciudad: a un lado queda la Grand Bayonne y al otro la Petit Bayonne. La Rue de Pilori se desliza y cae en pendiente hacia el río, como un afluente empedrado, como muchas de las calles de la ciudad que resbalan en fuertes pendientes hasta terminar en la orilla del río. Un río, el Nive-Errobi, que huele ya a salitre a esas alturas, pierde el curso y se amansa, y pega un último retorcijón para revolcarse con el Adour, fundirse, y perder juntos el nombre en beneficio del Océano Atlántico. La Rue de Pilori parece que quiere tirar a los paisanos al río, si uno relajase el cuerpo y se dejase llevar por la corriente que le marcan los adoquines acabaría entre salmonetes y porquerías reflotando en la ría.
El Ramutcho está bien apuntalado, pero tan bien que si su terraza, mesas y sillas se pusiesen fuera de la Rue de Pilori en otra calle, hecha a nivel y sin caída, se representarían como una colección de sillas paticojas y torcidas. No obstante, el café en la mesa también se abalanza hacia el río desde la taza. El Ramuntcho se inauguró allá por el año 1920 y hace honor a la novela del escritor Pierre Loti (seudónimo de Louis Marie Julien Viaud, Rochefort, 1850 – Hendaya, 1923) que con ese mismo título relató las andanzas de Ramuntcho, pelotari y cazador de Ascáin. Loti fue oficial de la marina francesa y un viajero incansable que tras recorrer Asia, la Micronesia, el Pacífico, Índico, Islandia, Turquía y el Oriente deselpolvo la arena de medio mundo de sus botas, se descalzó y se quedó a descansar en la tierra vasca. Pasó de ser militar a quedar consagrado a las letras francesas como académico de la lengua gala.
El café novelesco conserva su aspecto añejo y el caserón estrecho en el que se aloja conserva sus vigas y estructura de madera. Hayas o robles inmortales, tintadas de rojo en la fachada y de brillante barnizado en el interior, que recogen el aroma de los más de 100 cafés y tes que no sólo se pueden disfrutar en el Ramutcho sino también llevar a casa. Para disfrutar a domicilio en tacita y una humeante infusión o café de la esencia de Baiona. ¡Una dosis del Ramutcho, por favor! Así soy, cafeinómano.
P.D.: Estas son la clase de cosas que hago en un fin de semana: Madrid-Soria-Pamplona-Baiona (Francia) y vuelta pa’ abajo.












Café en cuesta, qué curioso. Me gustaría recorrer los txokos de Baiona contigo, porque a mí me queda siempre un cierto empacho de folclorismo (¡la ciudad del lauburu!).
Que bonito Dani! Yo tambien quiero ir a Ramuntcho a tomarme un cafe humeante en cuesta. Yo estuve de pequena dos veces en Baiona, en primero y segundo de la ESO haciendo intercambios de frances con un instituto, pero realmente era tan pequena que no disfrute de la ciudad. Me gustaria volver.
Como te enteras de tantas cosas cuando vas a los sitios? No lo entiendo.
Besos!
Ander, tampoco conozco muchos txokos en Baiona. Seguro que tú le sacas más jugo.
Creo que Baiona es una ciudad MUY. Es MUY vasca, MUY francesa y me atrevería a decir que también española. Es una ciudad que mira a la frontera. Hay sidrerías vascas, asadores vascos, museo vasco, hablan “vasco”, grandes frontones, y llenan todo del vasquismo más decimonónico con letras especiales, colores ikurríñicos y lauburus. En todos los lados y a todas horas. Es cierto que la ciudad es MUY vasca, no sólo porque sus habitantes estén convencidos de ello, sino porque su historia, sus casas y su caracter así lo demuestra. De hecho, hay una normativa especial para que todas las casas se construyan con los mismo colores y con la misma estructura de “típica casa vasca”.
Pero en Baiona es imposible no sentir el deseo de entrar a alguna crepería, a algún bistrot, ver un partido de rugby en alguna taberna, sentir el alma francesa en sus habitantes, porque sí son muy vascos y también muy franceses. Pocos sitios encontrarás que cierren más tarde de las dos para comer, el horario francés se cumple a sangre y fuego. Y para colmo están orgullosos de tener el mejor jamón serrano de Francia, posiblementente el más norteño del mundo, son el estandarte francés de la tauromaquia, y es muy dificil encontrar a baioneses que no hablen un perfecto castellano.
Y lo mejor de todo, durante siglos Baiona no fue ni vasca, ni francesa, ni española, sino… inglesa (
) Yo creo que los de Baiona fueron los habilidosos que patentaron la ‘txapela’ como boina vasca, francesa y española. Baiona es un exceso.
Carol, cuando nos asentemos en algún rincón de la tierra podremos hacer excursiones a Baiona. No te creas, no me entero de mucho. Es estar, hablar, leer antes y después. Tu última crónica de Dublín está genial, no se queda nada detrás de esto. También veo que estás muy bien documentada. Me gusta el ambiente que le das y los 7,5 euros del tabaco. Besos y… nos vemos pronto.
Bai ona, beraz!