15. 02. 2008

Desarmar la infancia

«Aprendí a saquear ciudades, quemarlas y matar a su gente.»
Niño, 12 años

Dibujo y texto extraídos de: http://www.es.amnesty.org/camps/ns/

500.000 menores han sido reclutados por fuerzas armadas de distintos ámbitos (revolucionarias, gubernamentales, de derechas, de izquierdas, fundamentalistas, liberales, etc…) y a lo largo y ancho del mundo. 300.000 combaten ahora mismo en conflictos armados de 35 países. Lástima que sólo son números. Los números no nos impresionan.

Hace dos días escuché la voz de China Keitetsi. Sí, ex-niña soldado, porque más o menos un tercio de los niños soldado son niñas. (Unas 120.000) Además de llevar un subfusil en la pechera, también se dedican a labores de avituallamiento y domésticas y en última instancia alternan los cartuchos de balas y el Brown-brown (una mezcla de cocaína y pólvora) con la esclavitud sexual. También los niños. China Keitetsi vive en Dinamarca con sus dos hijos y durante 11 años estuvo bajo las órdenes de la resistencia ugandesa.

Pero la aberración de crecer bajo los efectos de la droga descargando un mortero o un AK-47 no está sólo en África. La lista de países es larga y se expande como un tumor por todo el mundo. Aparacen en esa lista infectada lugares como Irlanda del Norte, Uganda, Colombia, Kosovo, Filipinas, Congo, Chechenia, Guatemala, Sierra Leona, El Salvador…

No basta con que cese el reclutamiento de niños. Además los niños soldado deben volver a ser niños. Asociaciones como Save the childrens, Coalición Española Para Acabar con la utilización de niños y niñas soldado, Amnistía Internacional, y por supuesto UNICEF, dedican un enorme esfuerzo y todas sus energías por recuperar la vida de esos niños. Son programas de desarme, desmovilización y reintegración de niños/as soldado. Es la parte más difícil de toda esta historia. No se puede hacer borrón y cuenta nueva. Y es imposible restituirles sus vidas.

Ishmael Beah se pregunta muchas veces por qué.

“Por qué he sobrevivido a toda mi familia”, “por qué he sobrevivido a todo esto”. Afortunadamente lo puede contar y lo ha contado: a El País y en este libro. Ayer me terminé su libro, “Un largo camino. Memorias de un niño soldado”.

Al principio, cuando lo tuve entre las manos en la librería, me pareció que sería una historia irreal, que el autor hablaba desde el punto de vista de un privilegiado, que habría falsedad, pero pronto se esfumaron todos estos prejuicios. Es una historia verdadera, sin florituras, honesta y humilde. Es un testimonio de un largo camino. Sincero, brutalmente sincero.

En ocasiones me recordaba al testimonio de Irme Kertész en su periplo agónico por los campos de concentración nazi en Sin Destino. El asidero común de ambas historias es cómo a un niño le arrancan de raíz de su vida y lo empujan una sima pedregosa de sufrimiento y a la que tiene que convertir en su modo de vida. En su rutina. Y es ese escalofriante relato contando con naturalidad el que impresiona. Y mucho. Uno entre 500.000.

La parte más dura, personal y larga del viaje de Ishmael es su proceso de recuperación como niño tras su salida del ejército.

El pasado 12 de febrero fue la efeméride, el día mundial contra la utilización de niños soldados. Está bien acordarse un día de los enamorados, ¿no?

P.D.: Ander y yo cada día estamos un poquito más concienciados con el tema. Para bien aún nos queda mucho por conocer y aprender.

3 zartakos »

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  1. alvarhillo dice:
  2. A nadie se le debería privar de su infancia. Me parece terrible.

  3. Ander dice:
  4. Caravinagre, te mando una señal de humo desde Jaca. He venido a pasar tres o cuatro días a mi aire, un descansito. Pronto volveremos al ataque.

  5. Nube de humo recibida. Stop. Ander. Stop. Ya seguiremos en marcha, sí. Yo regreso también unos días a relajarme.
    Alvarhillo, sin duda. Mutilar la infancia significa arrancar el resto de tu vida de cuajo.

    Saludos.

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