El salvavidas

A Laika lo mismo le daba ver el mundo a través de un ojo de buey cósmico que desde una casetucha para canes. A Yura no. 108 minutos de vuelo extraterreno en la escasa cabina del Vostok colgado en la ingravidez podían ser toda una vida. Sus padres, granjeros, no entendían mucho de esto, pero lo peor era que los altos mandos, ingenieros, científicos y el propio Yura tampoco. Desconocían los efectos de la ingravidez. Los perros cosmonautas nunca se dignaron a contestar, salvo a ladridos, a cerca de qué sintieron allá arriba. A los que volvieron enteros, no les explotó el cráneo, no se les encogieron los pulmones, no se les heló la sangre. Esa era la única garantía.
La cabina esférica apenas tenía más de dos metros, una pequeña bola que se podía convertir en una gran bola de fuego. Yura fue seleccionado por su inteligencia y astucia, su fuerza física y fortaleza psicológica. No obstante, no pudo evitar pensar en los funerales de estado que se ofrecieron a Laika. La perra nunca volvió. Y Yura era el primero de su especie en intentarlo.
Vio empequeñecer muy rápido la URSS, también a Europa y en unos instantes estaba ya en órbita. Entonces entró en un éxtasis contemplativo. Cuando se iba a iniciar la operación de retorno a la Tierra, retorno que nadie le había garantizado, Yura pensó en los yanquis. En sus medidas de seguridad, en sus planes B y C. Sintió traicionar a su patria con el pensamiento. Así que buscó entre el equipaje, las viandas, y el material de abordo su seguro de vida. El plan B y C que había preparado su país si algo salía mal, el material de salvamento.
La cabina comenzó a tambalearse y se preparó para ser engullida por el azul de la atmósfera. Tanteó, mientras miraba de frente a África, una cajita blindada de color negro, la abrió. Encontró allí su salvavidas. La abrazó muy fuerte por el cuello con todos los dedos de la mano y evitó que tintinease más: una botella del mejor vodka ruso. No la llegó abrir.
P.D.: Dedicado a éste héroe, Yuri Gagarin, el primer hombre en el espacio… y vivo. Y también al hilo de que hoy nos han dado la cesta de Navidad en la empresa: hay bastante alcohol y un libro.












Hilando todo, historia y cesta y alcohol y libro en cesta, podría ser:
Muchos años después, frente al botellón que se estaba bebiendo, aquel buen día había de recordar aquella tarde cabrona en que su patria le llevó a conocer el cielo…
O así. Feliz Navidad para ti y todos los que te rodean (en la Tierra).
Bueno, Paco, has dado en el clavo con todo. Se me pasó contestarte. Eres un fenómeno, algo así podría ser “Cien años de soledad (cósmica)”.
Feliz año también a tí.