Phssssssss Phssssss
Hay una calle en Madrid donde las paredes están casi desnudas. Es la única calle que conozco en la que las paredes sesean. Por mucho que la atravieses a paso ligero, de las sombras de las paredes siempre emerge un seseo, un silbido… Siempre asoma un “psssssssss, phsssssss” desde algún muro, un alarido onomatopéyico, breve y leve para reclamar la atención de cualquiera. Sujetándo el asfalto, las vigas, los portales y ladrillos las paredes buscan compañía. Si los muros de esa calle hablasen nuestro idioma contarían historias trasnochadas, de camastros revueltos, personas torcidas, tabaco y licores baratos. Es la calle Montera.
La calle hace un tajo perpendicular al corazón de la ciudad, Gran Vía. Y del chorro errático, explosivo, incesante y multitudinario de gentes que bombea ese corazón de la ciudad hacia todas las direcciones posibles; Montera se queda esperando a que caíga en su brecha un poquito de ese torrente que se desparrama por todas las arterias. Y cae a cuenta gotas y a diario, el chorro suficiente para irrigar ese derrame urbano, diminuto y capilar llamado calle Montera. La mayoría de los que se dejan caer en el pozo de Montera son los que caminan por el borde. El seseo de las paredes desnudas los hipnotiza, alivia y narcotiza. Pero es suficiente para mantener viva la calle.
Montera es la costa atlántica y africana decimonónica de Madrid. Allí dónde hay aún hoy tratantes de esclavos. Es el mercado dónde los hombres y mujeres se venden al peso y a granel. Es la única calle donde no hace falta que hablen las paredes.












Muy bueno. Parece la primera parte de algo más.
Apoyo a Ander. Tienes que hablar con las paredes, con esas paredes de la carnicería. Y contarnos qué.
¡Madre mía, qué peligro tenéis los dos! De momento es primera y única parte. Y la verdad, no tenía intención de que continuase. Sólo es un compendio de sensaciones que produce ese tajo en carne viva de la ciudad.
En todas las casas hay esquinas y rincones, en algunos de ellos es dónde se arremolinan aquellas cosas que no alcanzamos, que perdemos, que desconocemos, incluso que no limpiamos. Es duro, pero así son las esquinas y rincones. También en nuestra casa. Cuánto más grande es una ciudad más aristas, esquinas, recodos, rincones y recovecos tiene. Hay historias de luces y sombras en esas esquinas. La verdad me gustaría descubrir esas historias, pero nosotros tampoco las alcanzamos de todo.
Y… también cobran por hablar, Paco. ;-)
Si me dices qué quieres que te cuente y es interesante, me animo. Ambos sabéis que tampoco hace falta darme mucha cuerda.