Le petit train de la Nive
Le petit train de la Nive., originalmente publicada por Caravinagre.
Manuel Irigoyen, de 56 años, en la estación de Baiona., originalmente publicada por Caravinagre.
Resopla el silbato con todas sus ansias. Tantas como con las que se agarra al asidero del vagón. ¡piiiiiiiiiiii! Ningún pasajero se apea. Ningún pasajero se monta. Sólo contestan a la señal de Manuel, a ladridos, un par de perros de los caseríos que salpican el monte de enfrente. Manuel Irigoyen, el único revisor de esta línea, retrocede para introducirse de nuevo en el vagón, tenía más de medio cuerpo fuera. Se recoloca discretamente la gorra de la SNCF y se la cala hasta las orejas. Tras su señal, el tren reinicia el traqueteo dejando atrás el cartelón azul de “Uztarritze”, testigo único de la existencia de esa estación. “Quizá dentro de una semana o un mes no volvamos a pasar por aquí jamás”, sentencia Manuel en un lacónico castellano afrancesado. “No sé qué pasará con este tren, ni conmigo ni con los pasajeros. No lo sé, no lo sé”, añade.
Manuel, el maquinista y 18 pasajeros (19 al pasar por Cambó les Bains) completan hoy el pasaje de este tren que une, en hora y cuarto de recorrido, los 57 kilómetros que separan Baiona de San Juan de Pie de Puerto. Dos vagones de hojalata que no pueden circular a más de 50 kilómetros por hora por el peligro que conlleva cabalgar sobre unas vías de hierro centenarias. Cada viaje en el que este tren remonta el río Nive (o Errobi) desde su desembocadura en Baiona hasta su nacimiento en el Pirineo es un logro. Y un desafío. Cada año, esta línea de ferrocarril (la única que no abandona nunca el País Vasco francés y se adentra hacia los Pirineos) recibe una nueva amenaza de desaparición.
Decían que en octubre de 2007 frenaría para siempre, pero sigue adelante. Es el único medio de transporte público que une Baiona y la localidad bajonavarra de San Juan de Pie de Puerto (Donibane Garazi en euskera) y es la única forma de unir entre sí pueblos como Uztarritze, Cambo les Bains, Bidarrai o Arrosa. Todos estos lugares son las vértebras del recorrido de este viejo tren a través del valle de la Nive.
(Y continuará…)













Como siempre, da gusto leerte. Se ve que los trenes de Atlántica te dejaron con ganas de más.
Un abrazote
arratsalde on!
La verdad, no sé cómo lo he hecho pero buscando información sobre grupos que salgan por Madrid de excursión los fines de semana, me he encontrado tu interesante blog. Me gusta conocer las impresiones de gente del norte por estas tierras y tu lo cuentas de manera muy amena, es muy agrdable de leer.
Seguiré pasandome por aqui, y de paso…no sabrás de algún grupo con el que se pueda salir sin que tenga que ser alta montaña? eskerrik asko ta laster arte! ; )
Ay! se ve que el amor a las Euskal Herrias te puede! Despues de ya 3 meses por Madrid parece que lo unico que te inspira son las excursiones por nuestras tierras.
Espero que te vaya todo mu bien y que sepas que me gusta mucho leerte.
Donde esté el Canfranero que se quite lo demás. aisss aisss para estar en Madrid no se te ha pegao nada los aires cosmopolitas y neoculturales eh??
Un saludo,
Matute
Te propongo otro tren de esos que te gustan. En este caso el funicular cremallera que sube a Larrun, pasada la frontera de hendaia un poco más allá de Urrugne. Si te sale un día claro, azul inmaculado de estos de octubre se ve todo el cantábrico, más allá de Asturias. Por eso los yankis pusieron allí un radar después de trincárselo a los nazis. Gran sitio, buena venta en la cima y un sitio de esos que da paz y tranquilidad para los que viven estresados en los madriles.