Estación Esperanza
Metro / Subway / mètro [01], originalmente publicada por Caravinagre.
La verdad que siempre me ha hecho gracia. O por lo menos he creído que era evocador. Más que el sitio en sí, el anuncio.
El traqueteo velocísimo del metro amaina y el timbre electrónico suena: “tringlontín, tringlontín”. Es la línea 4 del metro de Madrid.
Dos jubiladas madrileñas llevan una niña en silleta, la nieta de una de ellas: una enana con rasgos chinos. Sentadas en frente, dos mujeres latinoamericanas. Una de ellas dormida, con la sien derecha acostada en la barra amarilla de asidero del vagón. La otra lee un periódico gratuito. Un trajeado, con corbata hortera estrangulándole, está de pie al lado de las dos muchachas. Es un maduro hombre de ‘business’ que requiere traje y maletín, se acaricia la barbilla y ojea como una grulla, en altura por encima del hombro de la muchacha, el diario gratuito. Dos hombres de castellano trabado, farragoso, monosilábico y acento extraño hablan frente al mapa esquemático de las líneas del metro. Uno es cuarentón y otro es bastante más joven. “No. Ésta no bien a ti. La siguiente sí”, le dice el cuarentón con una chaqueta de un chándal de cuando su país aun era parte de la URSS. El otro, el joven, le replica. El viejo le vuelve a explicar qué parada de metro le conviene más.
Son las 8.45 de la mañana. Pasado Arturo Soria y aun con la oscuridad más absoluta del túnel asomando por la ventana del vagón, se oye: “Próxima estación… Esperanza”. Los dos tipos se dan la vuelta, apartan la vista del mapa de estaciones de metro y repiten a coro (y en sincronización perfecta con la megafonía) el anuncio de la estación esperanza. A su manera: “Essperanssa”. Y se retuercen de la risa con su gracieta. Supongo que demasiados días pasando por la misma estación y sin bajarse en ese andén. El cuarentón de pelo revuelto y sin afeitar suelta una sonora carcajada. Le faltan tres dientes.
Todo esto no dejaría de ser una anécdota, pero ese mismo día me enteré que Manu Chao había introducido ese anuncio del metro en su disco homónimo “Próxima estación: Esperanza” y le han hecho pedir disculpas y pagar los derechos de autor a las voces que anuncian andenes en metromadrid.













Sí, parece ser que son dos voces, y una es de RNE, si no me equivoco. Con lo bonita que es esa frase…
muy bonito, como todo lo que escribes, aunque casi tambien hay que pagarte a ti derechos de autor para leer algo…
enhorabuena por tus aprobados, espero que cuando tengas tiempo, y ahora que tienes dinero, vengas a visitarnos a Londres,
besicos!
Esperanza, una palabra mágica para un superviviente en una gran ciudad. ¿No?
Hay muchas palabras mágicas, amigo trepamuros (y colinas pirenaicas), cada uno tiene las suyas. Esperanza es un amuleto muy bueno. De todas formas, hace unos pocos días, estuve muy lejos de esta gran ciudad, en mitad de la nada como quien dice, y me vino un fogonazo a la cabeza que dije en voz alta: “Tan lejos de madrid, tan cerca del paraíso”. Pero sin duda, la gran ciudad intenta llenar de ilusión a propios y sobre todo a extraños llegados de todas las partes del mundo. No lo hace tan mal.
Carol, iré gustoso a vuestro ‘Baño’ (mira que vivir en una ciudad inglesa que se llama Bath…) en cuano tenga tiempo; porque ni tenía dinero antes ni tengo ahora. Al revés, tengo todavía menos que antes. Mucha suerte por allí y dsfrutad. Espero veros pronto.
Un abrazo muy fuerte a los tres. Y muchas gracias. Espero que vosotros también tengáis presente esa próxima estación.
¿Qué hora son en Inglaterra…? Esa canción es nuestra, porque cada uno estamos en un lado. Como siempre, y como dice Carol, da gusto leerte. Que tengas mucha mucha esperanza. Un beso muy grande. A ver cuándo hablamos, ¿vale?
Bueno, bueno Dani… Me alegro de que ya le vayas cogiendo el gusto a Madrid. Yo al final he vuelto a Pamplona, y ay! ahora echo de menos-un poco- MadriZ… lo que son las cosas. Eso sí, el apestoso y sudoroso Metro no lo echaré de menos en mi vida.
Y..qué mal me parece que no vinieses ningún día a cenar al piso ejem, ejem.
La cabecera mola un quesazo.
Ya veo que te vas aclimatando al clima subterraneo de madrid.
Sanfermin txiki te echo de menos jaja
Grande Manu Chao, todos buscamos esa próxima estación llamada Esperanza.