19. 12. 2006

Un duelo de verdad



Tienen que hablar.
Pasean muy tranquilos por las calles, cada uno por su lado y a la vista de todos con seis mil euros en el bolsillo. Como si nada: Un millón de cucas. Son dos hombres bien entrados en canas y en sus cabales que se citan en un bar. Entran al garito. De madera y donde se fía a los de casa, “hay patxarán casero” y se apuntan las notas a boli, a veces, sin querer con faltas de ortografía. Se sientan en la mesa del fondo con más hombres canosos y calvos alrededor. También fotógrafos. Se hurgan el bolsillo, y despacito billete sobre billete ponen ‘el kilo’ encima del mantel de cuadros azules. Pactan los detalles, se dan la mano muy fuerte y bañan juntos el gaznate con un vino. Ya está firmado el contrato. ‘La apuesta del siglo’ titula la prensa. Es un desafío. Uno tiene 57 primaveras y el otro 48, navarro y guipuzcoano. No se ruborizan, pero enseguida a ambos les prende un fuego rojizo los mofletes: Es hora de no verse las caras hasta el duelo.

Ocurrió hace apenas un mes, pero sería igual si hubiese ocurrido hace un siglo.

Con naturalidad los dos contrincantes fanfarronean y se pican mutuamente. Regresan a casa con 6.000 euros menos, pero es que hay 18.000 en juego y es, en verdad, la mayor apuesta de la historia. Sólo tendrán que cortar toda la madera antes que el otro. 24 troncos en una hora posiblemente. La última vez que ambos se enfrentaron fue hace 14 años y hay ganas de revancha. Los jóvenes les toman como dos abuelos chiflados. El navarro, Mindegia, con sólo 19 años derrotó en su primera apuesta a la mayor gloria de los aizkolaris del momento, a Polipaso. Además, el navarro ha salido victorioso de todos los desafíos con Olasagasti, el guipuzcoano tozudo que ha aceptado la apuesta tres lustros más tarde.

El pasado domingo fue el día. La plaza de Toros de Tolosa se caía: 3.000 almas habían pagado 35 euros por entrar. Algo antiguo y a la vez emocionante aprensaba el ambiente. El espectáculo quizá no era ver cortar leña, sino la tozudez, el duelo entre dos hombres y la irreverencia con la que renuncian a ser jubilados. Dos hombres que se jugaban los cuartos, y entre los 3.000 espectadores otros tantos que habían apostado más de lo que se podían permitir. El ritmo, un ensordecedor murmullo entre el público, y un frenético percusionismo de la afilada hoja del hacha sobre la madera, que en manos de Mindegia y Olasagasti parece mantequilla. Pese a ir perdiendo, el navarro alcanzó a Olasagasti, lo superó y lo hundió. Después de una hora, le sacó tres minutos y un tronco de ventaja.

Tras descabalgarse del tronco se embolsó los 18.000 euros. Y no tardó en lanzar otro desafío a cualquiera que quiera medir sus fuerzas con él: el 22 de diciembre a las ocho de la tarde en el bar Kantabriko Etxea de Tolosa, en la misma mesa y con el mismo mantel de cuadros. Al día siguiente de ganar, ayer lunes, el campeón Mindegia se despertó a las seis de la mañana. Desayunó casi a oscuras, palpando la taza de café negro. Un sorbo. Y con las primeras luces del alba trajo al mundo a diez cabritillas. Ordeñó las vacas y arregló cuatro cacharros. Cortó leña e hizo fuego. “El domingo antes de ir a Tolosa también me levanté a las seis y hice los animales. El trabajo es sagrau”, sentenció.

P.D.: Prometí poner fotos que hubiese hecho yo. Evidentemente no la he sacado yo, pero es mía. Uno de los chavales es mi bisabuelo, trabajaban la madera. Eran una cuadrilla de cuberos, fabricaban barriles.

7 zartakos »

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  1. Hipolipo dice:
  2. ¿Te das cuenta de que ya conocemos a casi toda tu familia? Yo también voy a empezar a llenar mis páginas del suplemento con fotos de mis abuelos y bisabuelos. ¡Igualdad!

  3. sergio dice:
  4. jejeje lo he leido hoy en el periodico, pero han omitido lo de la apuesta personal. A ver como va el siguiente reto

  5. Itziar dice:
  6. Idatzi duzun post-a irakurtzean kanta bat etorri zait burura: ‘super euskalduna’. Bertan euskaldun batek nolakoa izan behar duen kontatzen da, edo, nolakoa dela uste dugun…

    Después de leer tu post, me ha venido a la cabeza la canción ‘super euskalduna’. En la canción se cuenta cómo ha de ser un euskaldun, o cómo creemos que debe de ser …


    Sukaldari ona behar du izan
    ondo menperatu lapikoak
    apostuzale, tratalari bikain
    asetu guztien sabelak
    300 kiloko harria altxatu
    astopotro xamarra beraz
    hitz bakarra ta hori sekula
    jaten ez duenetakoa

    [...]


    euskaldun batek apostuzalea izan behar al du?

    ¿ un euskaldun, debe de ser apostador?

  7. Evidentemente no creo que ser vasco sea también intrínsecamente ser apostador. Lo que me hace gracia de esta historia, (y todo lo demás me sobra) es que Mindegia al día siguiente de ganar la apuesta (embolsarse 18.000 euros y preparar otro reto) se volvió a levantar a las seis de la mañana para trabajar. Y el día de la apuesta también. Lo primero que hizo fue labrar un poco la tierra y ordeñar las vacas. Ese es el auténtico duelo/reto de verdad. Como todo hijo de vecino.

    Ese mismo día Martínez de Irujo ganó el cuatro y medio y al día siguiente estaba de resaca. O los futbolistas o cualquiera de nosotros cuando celebramos algo. Me gustó que lo ‘sagrau’ para Mindegia fuese el trabajo, y el principal reto es el de levantarse a las seis de la mañana.

    También es cierto, respecto a la canción, que muchas veces nos hacemos una caricatura o un autoretrato deformado de nosotros mismos. ¿no?

  8. Eresfea dice:
  9. Gracias.
    Como ves, aún queda esperanza entre los hombres brutos (a los que me siento ligado).

  10. eresfea dice:
  11. Gracias.
    Como ves, aún queda esperanza entre los hombres brutos (a los que me siento ligado).

  12. De nada. De nada. (duples).
    Hay esperanza para los hombres brutos, pero trabajadores.
    Quiero pensar que también hay esperanza entre los hombres torpes. (con los que comparto afinidad y habilidad). ¿Y para los feos, qué nos queda ‘somosfea’?

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