24. 09. 2006

Pellejos

Ayer me contó un amigo un poco tragón que lo único que no podía pasar por el gaznate era un plato de callos. Que si los comía al comenzar la mañana los vomitaba. Los callos son estómagos de vaca, que se suelen cocer en sus propias viscosidades junto con legumbres y otras vísceras de animales, embutidos, manitas de cerdo o similares. Así de visceral, yo tampoco me lo trago. Y me dan ganas también de vomitar últimamente, pero no por los callos. Si no por otros pellejos. Aunque están íntimamente relacionados.

Hace días que estoy acusando un cabreo importante ante la visceralidad de los que pasan de todos y de todo, y padecen la mala afición de no ponerse jamás en el pellejo del otro. Esos son los que me hacen regurgitar. No soporto más esa falta de consideración diaria. No soporto que nadie, ni los que casi están obligados a ello, no se molesten por un momento en pensar en el pellejudo o fondón que tienen al lado, y si es su amigo con más razón. No sé si empezar a despellejarlos ya, padecer yo la misma pandemia de pasotismo que tiene todo el mundo o arrancarme la piel para regalar mis pellejos, haber si así aprenden qué es ponerse en la piel del otro. Busco una solución y que no sea gastronómica.

Caravinagre

22. 09. 2006

Iratiko zuhaitzak ttikin zirelatik

Ahí van algunas fotillos más de la Sierra de Abodi. Al lado de Abodi, está la Selva de irati, el bosque de hayas más grande de Europa. Es la última salida montañera que hice, la misma que cuando visité Arrizabala. Y espero que no sea la última del año, aunque creo que será difícil enfrentarse al calendario.

Cuando estuve en Abodi y ví la Selva del Irati, recordé que antaño las historias, cuentos y leyendas populares vasconavarras, cuando empezaban narrando algo que había ocurrido hace muchos años en vez de utilizar la fórmula “Érase una vez…” o “Hace mucho tiempo…”, decían: “Anitz urte, anitz eta anitz, Iratiko zuhaitzak ere ttikin zirelatik…” , que quiere decir “Hace muchos años, muchos, muchos, cuando los árboles de Irati aún eran pequeños…”. Es otra forma peculiar de medir el tiempo.






 
 

 

(hacer click en las fotos para ampliarlas)

16. 09. 2006

La vuelta al cole

Hace tan solo un par de días, muchas pizarras de colegios e institutos se han vuelto copar y emborronar de nuevos problemas y también de soluciones, por supuesto. Los más enanos han vuelto al cole.

Un par de semanas antes de ese trágico regreso a las aulas bajé a la calle a hacer unos recados y de regreso a casa, vi a un hombre husmeando en los contenedores de basura. De lejos, había visto cómo había salido de un portal cercano a los contenedores con una mochila en la mano. Era una mochila infantil. Cuando me acerqué le vi fisgoneando entre los contenedores. Como los contenedores estaban hasta las trancas, dejó la mochila que iba a tirar a la basura a un lado, apoyada en el contenedor. Pero, sorprendentemente se encontró allí otra mochila. El hombre que tendría unos cuarenta años y era cliché de un padre de familia: media calva, canas, jersey de verano, ropa vaquera y arrugas de gesticular mucho por las alegrías y muchos disgustos que dan los hijos, estaba revisando las dos mochilas. La que había dejado él, y la que encontró. Le observé a él y a las mochilas. Alzó los dos macutos, los miró por arriba, por abajo, por dentro… parecía buscar algo que no encontró. Yo las miré de lejos, pero tampoco encontré nada.

Me imagino que ambos buscábamos lo mismo: un roto o un descosido. Aunque él con más ahínco. Buscaba el motivo por el que tenía que tirar aquella “cartera” –como solían decir antes-. Al final el hombre, después de darles mil vueltas, se rindió. Las abandonó allí, y dio media vuelta encarándose hacia el portal. Se encogió de hombros y farfulló algo. Ayer volvía en el autobús y se montaron varios escolares, acababan de salir del colegio. Me fijé en las mochilas: Uno llevaba una con serigrafías de la última película de animación Cars, una niña llevaba la de Piratas del Caribe, y otro chavalín la nueva de Osasuna. Recuerdo que mi padre también refunfuñaba cuando tenía que comprarme una mochila nueva. No recuerdo cuántas tuve.

Ahora me da pena que se me rompa mi vieja mochila Altus (ya llevamos juntos siete años), le tengo cariño y le pido a mi madre que le eche un remiendo cuando se raja. Supongo que será la edad. O que ya no tengo que volver al cole, a fardar.

P.D.: Disculpad pero no he conseguido capturar a un “mochilero” para la foto.

Caravinagre

11. 09. 2006

Arrizabala

Cuando Arrizabala estaba en pie, ya fuese invierno, otoño o verano, es normal que pastores y viajeros se detuviesen ante ella. Para sentir un escalofrío, o para honrar a los que la levantaron allí. Desde hace años, Arrizabala se jubiló, se retiro de la faena y decidió rendirse a la gravedad. Hoy descansa sobre la loma de una de las cimas de Abodi. Después de besar el cielo durante miles de años, ahora duerme recostada en el suelo. Arrizabala (Harrizabala o la piedra ancha) es un menhir de 5 metros de altura. Uno de los más grandes del Pirineo y de la familia de los ‘pesos pesados’ de Europa, pero que desgraciadamente hoy se encuentra tumbado. Se desplomó sobre sí mismo posiblemente por el peso, y por eso debajo suya está la que otrora fue su base, sus pies que ahora están tronzados de cuajo.

El pasado sábado hice una escapada al monte y visité casi fortuitamente a Arrizabala. Fue un paseo montañero que se las prometía de “breve”, ya que yo por ejemplo debía estar pronto en Pamplona para ir a trabajar por la tarde, al final acabó con muchos contratiempos, y quemándonos al menos yo por dentro y por fuera. Ahora luzco un bonito moreno con la marca blanca del reloj, los calcetines y la camiseta.

El menhir es una de las maravillas que pude ver antes de llegar a la segunda cima de Abodi, en el paso de las Alforjas. Me desvié del camino de ascenso y de mis compañeros para acercarme hasta esta enorme piedra. Al principio me pareció un dólmen al estar tumbada y ligeramente alzada, pero era imposible que fuese tan largo. Me resultaba familiar, la había visto antes en libros y guías, creí que era ella, pero me pareció tan impresionantemente gigantesca que creí que era imposible que el hombre neolítico hubiese podido alzar este pedrusco. Así que pensé que era un piedra cualquiera, en absoluto relacionada con el alma humana y sus creencias.

Sin embargo, al día siguiente revisé libros y guías… y ahí estaba, tal y como yo la había fotografíado, era Arrizabala. Es impresionante imaginar que esta piedra pudo estar eregida como una torre desafiando la gravedad, y cómo aquellos hombres hace miles de años la levantaron por desconocidos motivos. Y durante los años que estuvo en pie es fácil entender los escalofríos que debió causar a todos aquellos que atravesaban la sierra de Abodi, y a los pastores supersticiosos que echában pequeñas cuentas o guijarros sobre estos monumentos megalíticos para honrar a los que los levantaron, a los gentiles (seres gigantes) o los espíritus. Arrizabala se ganó ser una piedra con nombre propio con mucho mérito. Y aquellos hombres y mujeres que las levantaron espero que no sea lo único que nos dejaron. Espero que nos hayan dejado también como legado su empeño, su valor, su sacrificio en el trabajo y su compañerismo para levantar semejante monumento.

02. 09. 2006

Iruñe-ko-loreak

Está bien que nos saquen los colores.