17. 05. 2009

Volver

Uno de los grandes placeres del periodismo y que lamentablemente pocas veces se experimenta es el de volver. Regresar, desandar caminos, revisitar, reencontrarse y revivir.

Mi amigo Javi decía que no, que no era posbile y yo que sí. Como por aquel entoncees no tenía otro medio de transporte decidí comprobarlo insitu. Un día en mi aburrida vida madrileña descubrí que era posible ir hasta San Juan de Pie de Puerto (Donibane Garazi, para los de la casa) en tren. Mi amigo Javi no se lo creía, me decía que en las miles de veces que había estado allí jamás había visto una estación de tren. Garazi es una diminuta ciudad del sur de Francia, del País Vasco francés, muy cerca de Pamplona, tan cerca que fue una de las ciudades más importantes del Reino de Navarra, durante algún tiempo fue nuestra capital de ultrapuertos.

Desde la ciudadela de Garazi, que es el punto más alto, se otea todo el valle que queda abierto al sur por el embudo del paso de Lepoeder, la puerta más rápida y natural de un lado a otro de los Pirineos y la mítica ratonera en la que cayó Carlomagno. Es la bisagra que une las dos navarras: la alta y la baja. Desde allí se ve cómo Donibane Garazi durante los años ha eclosionado fuera del cascarón de sus viejas murallas derramando caseríos blancos por todas las laderas del valle. Parece de gran extensión. Pero es el efecto levadura, sólo es apariencia: No pasa de los 1.500 habitantes. La ciudad que queda bajo la protección de los paredones de piedra apenas ha cambiado. Los dinteles de las puertas cantan sus fechas de nacimiento: año 1510, año 1615, 1649, pax 1751. Pero sí, tiene estación y tren.

Era septiembre de 2007. Ese fin de semana hice un maratónico Madrid-Soria-Pamplona-Baiona y desde allí en un viejo, quejoso y oxidado tren de dos vagones viajé hasta Donibane Garazi. 57 kilómetros en hora y media de recorrido. Ese tren que cose todos los pueblos del valle del río Errobi-Nive y embotona ojal por ojal 15 túneles e hilvana el recorrido sobre el río en dos puentes, es el único medio de transporte público que une la capital de la Baja Navarra con Baiona. Allí descubrí que aquel tren que daba la vida a todo el valle, que era el cordón umblical de todos aquellos pueblos, estaba en las últimas. Decían que en octubre de 2007 frenaría para siempre, pero seguía adelante. La SNCF (la renfe francesa) quería quitar esta línea.

Después de años amenazando con suprimir la línea y de enfrentarse a la resistencia de los viajeros, la SNCF halló el método de desahacerse de la línea: dejar que sean las centenarias traviesas de madera de la vía las que se pudran. El ferrocarril no se ha beneficiado de ninguna mejora en los últimos 60 años. El traqueteo de los vagones, ensordecedor, se mezcla con el tintineo de un centenar de tornillos que recitan un concierto de metal bastante preocupante. Todo el vagón se mece a un lado y a otro en las curvas y parece en ocasiones que va al trote por los brincos que pega. No obstante, recorrer esos 57 kilómetros de vía añeja merece la pena. El trazado de la vía es un calco del curso del río Nive-Errobi, que se retuerce y contonea siempre a su lado. Es un tren con complejo de salmón. Persigue y remonta el río desde su nacimiento en las montañas bajonavarras donde es un riachuelo en el que sólo hay ruejos, renacuajos y cubre hasta la rodilla hasta su llegada a la capital labortana, Baiona, donde es navegable y huele a salitre marino.

Así que allí comencé mi reportaje: aquel día conocí a Manuel Irigoyen, un divertidísimo revisor de la línea, a Christele Chirunberro, una de las usuarias del tren indignadas por su estado y empleada de la oficina de turismo en Baiona, a Maialen Oxandaburu, una anciana vigorosa que cuida de todos los peregrinos que cruzan los portones de la ciudad, a Elorri Uhalde, una joven que sin el servicio del tren estaría aislada en su pueblo o a Domenico, un italiano que acaba de caer allí para empezar el Camino de Santiago y ya tenía un pinchazo en la bici.

Era finales de agosto de 2008, casi exactamente un año más tarde, cuando regresé al mismo lugar y para hacer el mismo trayecto. Revisitar el tren, su recorrido y sus gentes.

Fue una pena porque no conseguí volver a ver a Manuel Irigoyen, a pesar de que le envié una carta. Pero visité a Christéle, a Maialen y a algunos otros. Se acordaban de mi y charlamos brevemente como si fuésemos viejos conocidos.

Esta vez conocí a Jean Pierre Etchegaray, otro tipo con un entrañable sentido del humor, jefe de estación de Garazi y teniente de alcalde en Arrosa muy concienciado con la situación de la línea de tren. Volver a este sitio y revisitar a las personas que aparecían en este reportaje me produjo una enorme satisfacción. Y mejoró bastante mi reportaje. Volver y revisitar es un gran placer periodístico. Uno tiene la sensación de que no está dejando huérfana a la historia

Ahora, mucho más tiempo más tarde. En 2009. Se ha publicado el reportaje. Podéis enteraros de qué es lo me dijo esta gente y seguir la historia si os interesa en un reportaje en el número 69 de mayo a junio de la revista El Mundo de los Pirineos, de la editorial SUA.

Bueno, dicho lo cual, creo que yo también vuelvo a la actividad bloguera. Que esto también si que está abandonado y en estado de descomposición.

P.D.: Por cierto, algunos de los ejemplos más brillantes del afán por volver que he vivido de cerca es quizás sea la lección que viejo y eternamente joven Josu Iztueta nos dio a Ander y a mí en Groenlandia hace exactamente un año. Se empeñó en volver al país de los esquimales 20 años después de haber cruzado en 1988 el casquete helado groenlandés, llevó en el 2008 una foto de una escuela de niños que había conocido hace dos décadas y se propuso buscarlos para ver qué era de sus vidas. Y los encontró. Esta historia: aquí.

09. 03. 2009

Una carrera para desempolvar el Sáhara

TINDOUF. (Argelia) | El 27 de febrero, en el destartalado y polvoriento puesto aduanero del aeropuerto militar de Tindouf, un policía argelino se reía de la navarra Maitane Chueca al escuchar las explicaciones de por qué llevaba una enorme piedra en la maleta. El agente vacilaba a la navarra: le sonaba a ciencia ficción que esta delgada mujer de pelo revuelto fuese la campeona de un maratón solidario celebrado en las entrañas del Sáhara, entre los campamentos de refugiados saharauis. Y más, que una rosa del desierto –una roca esculpida por los arañazos del viento sahariano—y una medalla fabricada con latas de conserva aplastadas fuese el premio de Maitane.

Lo cierto es que quedó primera en la clasificación femenina del primer maratón que ha corrido en su vida, el Sahara Maratón 2009. Fue la primera mujer en alcanzar la meta tras 42 agónicos kilómetros en mitad del desierto argelino. Uniendo con sus pasos los campamentos de refugiados saharauis de El Aaioún, Ausserd y Smara (que reproducen los nombres de las ciudades del Sáhara Occidental, “el Sáhara de verdad” que dicen ellos, abandonado por España y ocupado por Marruecos en 1976).

Junto a Maitane, cerca de 500 corredores de más de 20 nacionalidades diferentes han sudado en esta carrera solidaria celebrada el pasado 23 de febrero que persigue la meta de recaudar fondos y ayuda humanitaria para los refugiados. Y sobre todo, recordar al mundo el exilio de este pueblo: 200.000 saharauis continúan, después de 34 años, viviendo en una esquina del cuadriculado mapa africano prestada por Argelia en mitad de la hamada, un desierto que lejos de las dunas y los oasis es una descomunal extensión plana, achicharrada, vacía, baldía y pedregosa. El Sahara Maratón discurre por ese paisaje ocre y marciano desde hace nueve años organizado por dos asociaciones, una española y otra italiana, y medio centenar de voluntarios.

Para seguir leyendo… aquí.

Además de en LaVanguardia.es el reportaje se ha publicado (o será publicado en breve) en el Grupo Noticias (Diario de Noticias, Noticias de Gipuzkoa, Diario de Álava y Deia). Para leer la versión del Noticias de Gipuzkoa, aquí.

06. 03. 2009

Resaca sahariana

Hace cinco días ya que regresé del sur de Argelia. De Tindouf, la pequeña esquina del cuadriculado mapa africano que los argelinos prestaron a los saharauis que un día salieron de sus casas con lo que llevaban en los bolsillos, huyendo de la guerra. Hace ya 34 años que fueron desalojados de su país: primero abandonados por España y luego conquistados por Marruecos. Son unos de los campamentos de refugiados más antiguos del mundo. Dudoso mérito.

Viajé invitado por el Sahara Marathon 2009, una carrera solidaria que discurre entre los campamentos saharauis de El Aaiún, Ausserd y Smara y atraviesa la hamada argelina, donde viven refugiados 200.000 saharauis. La hamada es uno de los rincones más inhóspitos del Sáhara, un desierto que lejos de las dunas y los oasis es una descomunal extensión plana, achicharrada, vacía, baldía y pedregosa. La carrera se organiza para recaudar fondos y enviar ayuda humanitaria a estos campos de refugiados y de paso recordar al mundo el exilio de este pueblo. Este año, 500 corredores de más de 20 nacionalidades diferentes sudaron el 23 de febrero durante 42 agónicos kilómetros por ese paisaje ocre y marciano. El maratón se celebra desde hace nueve años organizado por dos asociaciones, una española y otra italiana, y medio centenar de voluntarios.

Escribo poco porque tengo un aún algo de resaca sahariana y arena en las zapatillas.

En los próximos días escribiré más. Ahora ya estoy de vuelta en tierras inglesas. Una vez más.

P.D.: Vale, sé que la tercera foto no es un increíble paisaje africano, pero os aseguro que es tan árido y rudo como el peor. Es mi calcetín embadurnado de arena el pasado domingo, ya en suelo inglés de nuevo. Y cada cierto tiempo aún encuentro arena por todo tipo de cosas, lugares y rincones. Esto debe ser aquello que dicen de que “el Sáhara no se olvida”.

10. 02. 2009

El último viaje de Agustín Egurrola

Nunca llegué a conocer a Agustín Egurrola, pero su historia, su vida y entusiasmo es de las que se contagian muy rápido.

Agustín nació en 1933 en Etxebarría, un localidad de Bizkaia, donde aprendió en un ambiente rural inglés y francés, siendo su lengua materna el euskera. Cuentan que el ansia de ver mundo le llevó con 31 años a vivir en Sheffield (norte de Inglaterra), donde murió muy joven, a los 75 años, el pasado 3 de febrero de 2009.

Lo excepcional fue su humildad en la forma de viajar: cruzó todos los continentes a pie o en bicicleta (alguna vez, haciendo un derroche, en burra) y su extraordinaria energía, la mayoría de los viajes los hizo después de jubilarse.

El día de su 50 cumpleaños emprendió un viaje en bicicleta de punta a punta de Europa, empezó a pedalear en el Cabo Matapán (el punto más al sur de Europa, en el Peloponeso, la Grecia continental) hasta alcanzar Cabo Norte en Noruega. Y según cuenta Ander en su blog, con 66 años, pedaleó por Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina y Uruguay. A los 70 años cruzó Canadá en bici y al año siguiente atravesó Australia a pedales. Con 72 años viajó desde Sudáfrica hasta Egipto, a pie y en transporte público. A los 73 años montó en bici por Turquía, Irán, Pakistán y China. El año pasado, con 74, atravesó el centro de Europa a pie, del Adriático al Báltico.

Podéis leer más cosas sobre Agustín los próximos días en el blog de Ander Izagirre, él le conoció personalmente y publicará algunas cositas suyas en breve.

De su viaje panamericano Agustín confesaba que ni su bici ni su cuerpo estaban preparados para los caminos que se encontraron, en algunos sitios le recomendaron que comprase un arma para atravesar algunos tramos de su ruta, “como eres un hombre mayor, confía en que te quiten la bici pero no te hagan nada más” ese era el consuelo que le daban otros. Sufrió varias emboscadas y robos. El peor trago fue cuando le saquearon literalmente: le quitaron su saco de dormir y el pasaporte. Finalmente sus documentos aparecieron tirados en un parque y Agustín se puso tan contento que comenzó a tocar la armónica en la calle. Durante su descenso hacia Usuhaia y su discurrir por América Latina fue entrevistado en varios periódicos y radios locales.

Pasó 197 noches bajo las estrellas hasta alcanzar por fin la punta más sureña de América, la Tierra del Fuego. Lo primero que hizo al llegar a casa fue darse una ducha. “Durante casi siete meses de viaje sólo encontré un par de sitios donde darme una ducha caliente”, comentaba jocoso. “Pero ninguna amiga me ha dicho que huelo mal. Lo único que apestó fue la mochila, especialmente, una vez que me dejé un bocadillo de ternera olvidado dentro “, relataba con guasa Agustín.

En los Andes experimentó la falta de oxígeno al cabalgar sobre su mountain bike a 4.700 metros de altitud o el peligroso descenso de 23 kilómetros de pendiente por la costura costera de Chile. Sufrió dos caídas, pero ninguna grave gracias al casco. “En seis meses de viaje, hasta ahora, no he tenido ningún pinchazo ni otras desgracias mecánicas”, contaba. Esto sólo es un pequeño resumen de algunos de los baches que sorteó con su bicicleta en uno de sus viajes. Pero finalmente y por desgracia, Agustín fue derrotado por el único escollo inesperado: un cáncer.

Mi contacto con Agustín Egurrola se reduce a la tarea que encomendó a Ander y a Josu durante mi primer viaje a Islandia en mayo de 2008: subir a la cima de un volcán con un detalladísimo mapa para localizar un mensaje que había dejado escondido en un tarro de cristal en uno de sus primeros viajes en 1968. El mapa era exquisito. Agustín elaboraba sus propios mapas, libros, y notas de sus viajes y los enviaba a sus amigos.

He leído en la página web del club ciclista de Sheffield, la ciudad donde vivía Agustín, que el día de su funeral el próximo 13 de febrero organizarán una marcha cicloturista hasta el crematorio y darán una vuelta a la ciudad en honor de Agustín. “Le echaremos mucho de menos a él y las historietas de sus aventuras en bici y a pie a lo largo y ancho del mundo”, aseguran en la web en la que le califican como uno de los miembros más activos del club ciclista. “Es especialmente cruel que alguien con tanta vitalidad y tantos planes muera tan pronto”, dice una amiga. También tras el funeral en un centro comunitario de su ciudad habrá un acto de recuerdo de su vida y sus hazañas. Parece que hasta el momento de su muerte, va a contagiar y derrochar vitalidad a su alrededor.

Y estoy seguro de que Agustín tardará un tiempo en llegar al cielo (o a donde quieran que vayan los tipos excepcionales como él) porque seguro que no ha desaprovechado semejante ocasión de hacer este viaje con una buena chamarra, un saco de dormir y calzándose unas botas o pedaleando en una bici Orbea para llegar con tranquilidad y disfrutar de éste último viaje. Creo que el mapa de esta travesía lo tenía guardado y dibujado desde hace tiempo pero nunca le preocuparon demasiado los preparativos.

P.D.: En la foto, Agustín en Xingjian, China.

03. 02. 2009

Vanhæf ríkisstjórn!

Me decía Elvira Méndez que al reportaje que estoy escribiendo sobre cómo los islandeses han aprendido a levantar la voz y salir a la calle hasta tumbar a su gobierno a sartenazos le faltaba el ruido de los tambores y las cacerolas. Y el jaleo de la gente al grito de “Vanhæf ríkisstjórn!” (¡Gobierno incompetente! ¡Abajo el Gobierno!). Pues bien, hoy día como todos sabéis esto ya está superado por la técnica y desde que entramos en la facultad algunos maestros ya nos eseñaron que podíamos hacer una cosa llamada “reportajes multimedia”. Este ingenio de la humanidad aplicado al periodismo supone que le puedo añadir a mi reportaje esa música y soniquete de la “revolución de la sartén” islandesa. Así que ahí os dejo un vídeo de las manifestaciones del pasado sábado 24 de enero.

Elvira es una madrileña encantadora doctorada en derecho y que obtuvo una plaza como profesora de Derecho Internacional en la Universidad de Islandia. A ella y a Miguel, Jesús, Xabi, Lore y otras gentes que apesar de que sus apellidos no terminan en Sson ni en dottir viven en Islandia, les debo toda la ayuda que me han prestado estos días pasados y cómo me han ayudado a comprender cómo funciona aquel país. Me han llevado de la mano y me han recibido con un caluroso abrazo y una sonrisa. Muchas gracias a todos, de corazón. “Takk”, en islandés.



Protestas en Reikiavik – 24th of Jan 2009 from Caravinagre on Vimeo.

NOTA: Atención en este vídeo al energúmeno que aparece en el minuto 1’ 36” con una chaqueta verde entre medio del jaleo.

Aquí otro vídeo de los disturbios de la madrugada del día 22 de enero.

El 20 de enero 2.000 personas se encaran a la policía frente al parlamento, al que lanzan pintura, huevos y rompen ventanales. La imagen es insólita: la policía nerviosa no sabe cómo gestionar la situación, en 60 años no habían tenido ninguna carga policial. Veinte personas son arrestadas y otras veinte heridas leves.

Durante la madrugada del día 22, unos jóvenes prenden hogueras la plaza de Austurvöllur y la policía lanza gas lacrimógeno para disuadirlos. En Reikiavik no se recordaba nada así desde 1949, en las manifestaciones anti-OTAN. Para una nación sin ejército y con tantos habitantes como La Rioja (unos 320.000) es un shock. Al día siguiente, los manifestantes regalan flores a la policía en señal de paz. Los agentes terminan los turnos rodeados de ramos.



Disturbios en Reikiavik – NO COMMENT (Euronews) from Caravinagre on Vimeo.

01. 02. 2009

Islandia coge la sartén por el mango

Protestas en Reikiavik el 24 de enero de 2009

Los pacíficos islandeses han recuperado su embroncado carácter vikingo y han echado a sartenazos al gobierno que llevó su país a la bancarrota. Dieciséis intensas semanas de protestas han sacudido Reikiavik. Por primera vez la izquierda llega al poder de la arruinada isla y el Presidente de la República y los ciudadanos piden una nueva constitución, quieren refundar el país.

REIKIAVIK (Islandia). | Daniel Burgui Iguzkiza

“¡Viva la revolución!” decía con una gran sonrisa y en un atragantado español Grétar Eiríksson de 39 años mientras aporreaba una cacerola frente al parlamento islandés el pasado lunes. “He venido aquí a celebrar que por fin el gobierno ha caído” aseguraba. No importaba que estuviera lloviznando. En la plaza tiraban cohetes, petardos y fuegos artificiales. El Gobierno de Islandia se convertía así en el primero en ser tumbado por la crisis. Y las masivas protestas han sido su estocada mortal. Para los patrones políticos del que en 2008 era el país más desarrollado y pacífico del planeta las últimas semanas han sido, de hecho, una revolución: las manifestaciones masivas, los primeros disturbios y cargas policiales desde 1949, un gobierno conservador que dimite en pleno, los anarquistas prenden hogueras y coronan el parlamento con la bandera de una cadena de supermercados, una Primer Ministra abiertamente gay toma las riendas de la nación y por primera vez en la historia de la república la izquierda-verde llega al poder. Los islandeses han descubierto la presión social que pueden ejercer y han decidido coger la sartén por el mango.

Grétar Eiríksson, que ha visto reducida su jornada laboral a tan sólo cuatro horas y vive solo con sus dos hijas de 11 y 15 años, lleva 16 semanas acudiendo con rigurosa devoción a las manifestaciones que se han organizado en el centro de Reikiavik desde que en octubre el país sufriese el peor terremoto de su historia, no geológico sino económico. “Ahora tengo mucho tiempo libre”, comentaba Eiríksson con ironía. “No lo estoy pasando bien, no tenía grandes deudas pero tengo dos niñas que alimentar”. Le acompañaba su madre, una rechoncha jubilada islandesa afectada también por el azote bancario en las pensiones.

Hörður Torfasson recuerda que a las primeras manifestaciones frente al Parlamento apenas acudían 15 personas. Éste artista y escritor islandés es el cabecilla del movimiento ciudadano que organiza las manifestaciones. En aquellos primeros días de octubre la gente se paraba y les preguntaba qué estaban haciendo, cuál era el motivo de las protestas. “Es increíble pero hemos tenido que enseñar a los islandeses a manifestarse. No estaban acostumbrados” relata Hörður que es conocido por su activismo y militancia en el movimiento gay y que ha vivido gran parte de su vida en Dinamarca e Inglaterra. “Crear las primeras asociaciones gay en Islandia me costó más de cuatro años, organizar manifestaciones de verdad con la crisis ha costado un par de meses, no está mal para Islandia”, comenta jocoso.

Conforme pasaban las semanas y llegaban las facturas a las protestas comenzaba a acudir más gente. A los empleados de las sucursales cercanas, al lado del parlamento tiene sus oficinas Landsbankinn –uno de los tres bancos en quiebra-, les repartieron tapones para los oídos para que aguantasen el tipo. Los islandeses llamaron a sus protestas “la revolución de la sartén”. “Me recuerda a las caceroladas que hubo en Buenos Aires” comenta María Eugenia, una argentina que desde el año 2000 un poco antes del colapso de la economía en su país llegó a Islandia a estudiar, conoció a un islandés y se quedó. Estas Navidades ha sido su madre la que se ha acercado hasta Islandia. “Y gracias a sus billetes de avión hemos podido cambiar algunas coronas a dólares, si no muestras un billete de avión no te permiten cambiar la divisa. Es casi como lo que vivimos en Argentina cuando me casé y no pudimos sacar el dinerito que mi familia nos quería regalar”, relata.

El 10 de noviembre marcó el cambio del curso de las manifestaciones en Reikiavik cuando un joven anarquista trepó hasta el tejado del Alþingi (el parlamento islandés) quitó la bandera del país del mástil y la sustituyó por la enseña de la cadena de supermercados Bonus, los más económicos: una bandera amarilla con cerdo-hucha rosado sonriente presidía la fachada del parlamento más antiguo del mundo. La imagen noqueó a los islandeses. “Los políticos nos decían que no ocurría nada, que no era hora de buscar responsables, que era el momento de estar unidos y salir adelante. Al principio la gente les creyó, pero no podían lavarse las manos eternamente. Son los responsables de esto. Me dijeron personalmente que por mucho ruido que hiciésemos, eso no iba a mejorar nada”, cuenta indignado Hörður Torfasson.

Y de momento… hasta aquí puedo leer.

Es un trocito de parte del material que he elaborado y estoy elaborando sobre la crisis islandesa. La foto es de las masivas manifestaciones del sábado 24 de enero de 2009. Aterricé el 23 de enero viernes y me econtré con este panorama. Sin duda, una semana que forma parte ya de la historia de la joven república de Islandia y de la anquitísima colonia vikinga.

28. 01. 2009

Cuatro imágenes para la historia islandesa

Reykjavik en 1912

Foto 1: Bahía de Reykjavik 1912. Un alfombra de lomos de bacalao preparados para ser salados cuando antes. Islandia es una escasa colonia danesa de miserables pescadores y ganaderos.

Foto 2: Islandia se independiza en 1944 de Dinamarca y en 50 años pasa de ser la nación más pobre de Europa a la más rica, pujante y desarrollada. La población de Reykjavik y de todo el país se dispara y comienzan a levantar más y más edificios y a alimentar el negocio del ladrillo.

Foto 3: La corona islandesa se convierte en una de las monedas más fuertes y seguras del planeta. El dinero corre a raudales y los islandeses compran los mejores coches del mundo, se van de compras a Paris, cenan una noche en Viena, pasean por Nueva York cualquier fin de semana y se compran casas en la costa española cuando les viene en gana. El dinero brota de la nada como los géisers, los volcanes, las aguas termales y la energía térmica islandesa. El país se convierte en el emblema de la gloria del capitalismo, todo se liberaliza y desregula. Todo el mundo es feliz. Pero nadie se pregunta de dónde sale el dinero: Islandia ni vende energía, ni se hace rica a costa del bacalao como antaño. Los bancos fabrican literalmente el dinero.

Foto 4: En 2008 la economía de Islandia cae como un castillo de naipes. Tal como vino el dinero, desaparece. Se lo traga la tierra. Deja de existir. El gobierno hace un llamamiento a la traquilidad, el país se va al garete pero se llama a la unidad nacional, dicen que no es hora de buscar responsables. Sin embargo, conforme pasan los días y la situación empeora más y más, la gente comienza tomar conciencia de la magnitud de la situación. El país vuelve a aprender cómo levantar la voz, después de 60 años sin organizar prácticamente ninguna manifestación. A las primeras manifestaciones asisten 15 personas, a la última más de 6.000 y consiguen tumbar el gobierno.

En menos de una semana se pasa de las declaraciones perseverantes y bravuconas del Primer Ministro diciendo que aguantará en el poder hasta 2011 a la completa y total dimisión del Gobierno. El presidente de la nación acepta la dimisión del gobierno y de su Primer Ministro. Charla con todos los partidos previendo un posible gobierno de unidad nacional. El Presidente da un golpe de efecto y asegura que uno de los compromisos que desea para el país es una reforma de la Constitución. Se habla de refundar el país. Ésta era una de las propuestas de los manifestantes y los grupos de oposición. Una semana para la historia de Islandia, que todavía continúa en incógnita.

Este es un simple aperitivo fotográfico. Acabo de llegar a Inglaterra con mucho material y exhausto. Muy cansado. Han sido días duros. Todas las fotos están sacadas o en mayo de 2008 o esta semana. La última foto es de la multitudinaria manifestación del pasado sábado.

22. 01. 2009

Retorno a Reykjavik

Este blog tiene una etiqueta que dice “Islandia y Groenlandia 2008”. Muy correcta. No tenía ni la más mínima sospecha ni intención de volver a rozar la imaginaria línea que en los 66 grados norte traza el círculo polar ártico en mucho tiempo. Pues bien, nada más y nada menos que siete meses después y contradiciéndome a mi mismo, regreso a Reykjavik. Estaré allí el viernes mismo, en pleno enero y plena oscuridad. ¿Por qué?

La economía islandesa respira a trompicones, como un enfermo terminal. En octubre la remota isla ártica sufrió el terremoto más desastroso de su historia y no fue geológico. Los tres bancos principales fueron nacionalizados y se declararon en bancarrota, la bolsa de Reykjavik suspendió su actividad cuando sus valores dibujaron el diagrama de un seísmo y se hundió más de un 70%, la corona islandesa perdió más de la mitad de su valor y se convirtió para el resto de naciones en una caricatura de divisa, que dejaron incluso de cambiarla durante casi 20 días porque casi sólo podía hacer paridad con la del Monopoli.

Ahora Islandia es un pozo sin fondo, su deuda es nueve veces su Producto Interior Bruto y ha quedado a merced del Fondo Monetario Internacional. Su economía se ensambla mejor al lado de algunas de estados atravesados por la línea del Ecuador o el Trópico más que por el círculo polar ártico. La periodista islandesa Iris Erlingsdottir bautizó la semana pasada a su país como el “Zimbabwe nórdico”.

Se puede decir que Islandia murió de éxito: pasó de ser una isla habitada por pescadores testarudos que hicieron literalmente del bacalao su bandera (desde el s. XVII hasta 1904 fue la enseña nacional) y que cuando plantaban nabos estos aparecían ya cocidos debido a las calenturas de la negra y tostada tierra volcánica, a ser en 2008 el lugar donde Mercedes-Benz se jactaba de haber vendido más coches de lujo, donde el índice de desarrollo humano era casi extraterrestre y los recién licenciados no querían hacer prácticas en Europa porque en su país ganaban 6.000 euros al mes frente al mileurismo continental. La agresiva liberalización del mercado, inversiones de alto riesgo, la privatización masiva, una inflación que crecía cada año a un ritmo trepidante (un 14% en 2008) fueron algunos de los ingredientes que lanzaron a esta nación pedregosa, geológicamente violenta y vikinga, al éxito y que luego la han hundido.

Y humillado: el pequeño y arruinado país fue incluido por el gobierno británico en la lista de países terroristas para poder de este modo, aplicando la ley antiterrorista, congelar los movimientos de los bancos islandeses e intentar recuperar el billón de libras esterlinas que los británicos y más de 100 entidades inglesas guardaron allí. El dinero simplemente se lo ha tragado la tierra.

Pero a Estrella Björt Rodríguez todo esto le da igual. Ella tiene un año y medio, un puñado de flamantes y nuevos dientes de leche, unos padres que la quieren una barbaridad y amigos con los que jugar. Porque aunque le pese a la periodista islandesa, y por fortuna, Islandia no es Zimbabwe. Estrella Björt no lo sabe pero ella es el emblema del éxito de una nueva generación de islandeses. Unos islandeses del sur de los Pirineos. Forjada y nacida en Reykjavik, Estrella Björt (que en islandés significa “luminosa”) no lleva genes vikingos sino vizcaínos y castellanos.


Sus padres, Miguel y Lorena emigraron hace unos años hasta Islandia buscando un futuro más brillante que en España y allí tuvieron a Estrella. Ahora están en un aprieto. Sus ahorros mermados y sus deudas multiplicadas. La vida nunca ha sido fácil en la isla ártica, ya que sólo las condiciones climáticas hacen que no sea el lugar más amable para vivir. Lorena decía en mayo que si tenían otro niño/a quería que naciese en Islandia, las ayudas a la maternidad y excedencias eran asombrosas. Ahora todas estas ayudas se tambalean. Miguel, Lorena y Estrella comparten suerte con una completa saga hispano-islandesa: el hermano de Miguel, casado con una chica islandesa; Xavi, un abogado catalán; Elvira, una profesora en la Universidad de Reykjavik; Atxón, un curtido biólogo al servicio del gobierno y cazador de ballenas y otros que con sus historias, sus manos y brazos están contribuyendo a la historia de un país forjado en la testarudez por salir adelante.

¿Cómo lo llevarán? ¿Qué está ocurriendo dentro de la isla? ¿A qué mayores dificultades se encaran estas familias que además no son islandesas? ¿Cuál es la suerte de los inmigrantes españoles en este país que antes no conocía el paro y ahora se piensa si entrar en el euro o emigrar al directamente continente?

La mejor forma de contestar a todas estas preguntas parece que es ir a Reykjavik y comprobarlo yo mismo con mis ojos. También es lo que Miguel y Lorena, con su paciencia y generosidad infinita, me recomendaron y a los que me alegrará terriblemente saludar de nuevo. A ellos y a toda la gente que vive allí, que ya vaya el barco viento en popa o haya naufragado, siempre acogen con extrema bondad y generosidad a un polizón como yo. Así que si todo va bien el viernes 23 de enero volveré a pisar la capital más norteña del planeta.

Me voy a hacer un poco más pobre aún yo también y voy a pasar bastante frío. Me dicen que en enero, cuando casi todo el día es ocuridad, es cuando Islandia muestra su carácter más auténtico. No hay apenas turistas, sólo el frío y los islandeses resistiendo. Espero repescar buenas historias en mi regreso a Reykjavik.

P.D.: Algunas fotos del anterior viaje, aquí.